~ ¿Quién iba a decir que las serpientes conquistan tan bien? ~ Grace ღ
A la vida de una chica siempre llegan tres amores: su mejor amigo, su primer amor y el amor de su vida, pero hay uno que siempre se queda en su corazón. Grace esta a punto de des...
- Las visitas a Hogsmeade son un privilegio - nos recordó Mcgonagall -. Si su comportamiento es malo en la escuela ese privilegio no se les volverá a otorgar.
Me acerqué junto con Hermione y entregamos el permiso al señor Filch que los recogía uno a uno. Harry me miró angustiado al ver su papel en blanco. El día que yo había pedido que me firmaran el permiso él estaba haciendo las compras con tío Vernon y yo logré que tía Petunia distraídamente lo firmara, como una orden de quedarme en Hogwarts para navidad. Mi mejor triunfo hasta ahora.
- Tal vez Mcgonagall...
Harry no me dejó terminar y corrió hacía la profesora.
- Si el permiso no está firmado, no podrás acompañarnos. Son las reglas, Potter.
- Los que tengan permiso síganme - dijo Filch -. Los que no, apártense.
Me acerqué a mi hermano que seguía insistiendo a la profesora.
- Pero, profesora. Si usted lo firma yo podré ir.
- Creo que no, solo el padre o tutor puede hacerlo. Yo no puedo porque sería inapropiado.
Siguió su camino pero se detuvo.
- Perdona, Potter - le dio unos golpecitos en el hombro -. No puedes venir.
- Olvídenlo, hasta luego - murmuró Harry.
- James - lo llamé.
Mi hermano se dio la vuelta y lo abracé con fuerza.
- Lo siento mucho - murmuré.
- No te preocupes - sonrió débilmente -. Disfruta y tráeme dulces.
- Está bien - sonreí.
Me fui con Ron y Hermione.
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En primer lugar fuimos a una Honeydukes donde llenamos nuestros bolsillos hasta que los dulces empezaron a caerse.
- Les va a dar diabetes - murmuró Hermione al ver como Ron y yo agarramos otra bolsa para llenarla de dulces.
- Que aburrida, mamá - masculló Ron.
Empecé a reírme y me fui a agarrar unas varitas de regaliz acarameladas.
- ¿Y San Potter?
Me di la vuelta, Draco estaba de pie frente a mi con un gorrito para el frio que aplacaba su cabello rubio.
- Hola, oxigenado.
- ¿Oxigenado? - frunció el ceño -. Mi rubio es natural.
- Si, claro - puse los ojos en blanco y salí de la tienda después de dejar el dinero sobre la caja.