6. Amaya

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NALENJEM, A POCOS KILÓMETROS CON LA FRONTERA DE BEMALI.

Reviso su ala un poco antes de la caída del sol, quería que descansara y la manera correcta de hacerlo era con el ala pegada al cuerpo, así que en mis intentos por ayudarlo, estiro la extensión del plumaje para tantear la cresta, vuelvo a doblar y estiro. Hago lo mismo varias veces hasta notar perfectamente que no hay dolor y que la herida ha cicatrizado correctamente.

Va a quedarle una buena marca de lucha, pero siendo un guerrero, supongo que sabrá darle un buen uso, tal vez pareciendo más fiero ante sus contrincantes.

—Está mucho mejor —indico antes de acercar un plato de sopa a su regazo, un platillo que Ghira se había esmerado esa tarde en preparar. La base era liebre y algunos vegetales que pudo hallar en los campos cercanos.

No hay respuesta por parte del macho de naturaleza bella.

Los últimos dos días Demian había estado en un estado ensimismado; casi no conversaba conmigo, casi no expresa nada, solo estaban esas miradas, esas que me dejaban helada, plantada en mi lugar. Sus ojos naranja tenían un poder extraño sobre mis reflejos.

—¿Te matarán si me descubren aquí? —suelta de pronto, viendo su plato fijamente, no parece tener apetito porque remueve la cuchara una y otra vez.

—No te preocupes por eso —trato de quitarle peso al asunto, aunque lo que en verdad deseo es que no se involucre en aquello, no deseo pensar en lo que puede pasar si mi clan llegase a descubrir mi falta.

—Pero el hecho es que sí me preocupa —levanta la mirada del plato para escrutarme. La aflicción enmarca su rostro y yo caigo en cuenta de que ha escuchado mi conversación con Ghira, esa que tuvo acción hace dos días. Es por eso que había estado ausente, poco comunicativo, seguramente escuchó la discución que mantuvimos y llegó a sus propias conclusiones—. Mi gente no me asesinaría por ayudar a alguien que lo necesita, no importa de qué clan provenga.

—Somos especies diferentes, Demian. Mi alfa debe mantener el respeto empleando otros métodos. ¿Acaso no existe la pena de muerte dentro de tus leyes?

—Claro que la hay —me indica—, pero jamás me castigarían por hacer lo correcto.

Suspiro, sabiendo que él tiene razón, que mi clan estaba forjado por acciones brutales, crueles. Una de las tantas enemistades con el clan de los halcones, una de las tantas burlas, era considerarles personajes de índole débil, por así decirlo. Ellos creían en el honor, nosotros no, una muestra que verificaba su procedencia divina y nos dejaba por debajo. Aunque mi clan no lo aceptase, los halcones tenían principios y bases distinguidas.

Ambos clanes se habían asesinado mutuamente por más de sesenta años, eso era demasiado tiempo. Ellos nunca habían atacado o invadido nuestras tierras, nosotros lo hacíamos constantemente.

Entristezco solo de pensar en verme enfrentada a Demian en el futuro, solo porque la ley lo marca como mi enemigo, cuando en el fondo no lo somos.

—Tú y yo somos diferentes, esa es la realidad. Eres un ser alado, un ser de los aires y yo soy un ser de tierra, que anda a cuatro patas cuando la luna le da su favor. Estamos en guerra, somos enemigos, no hay mucho más que decir —trato de sonar enfadada, pero se ha sentido muy distinto a lo que he pretendido, es más como un llamado de auxilio.

Trato de incorporarme de mi asiento, pero él me detiene, aferrándose a mi muñeca con una fuerza considerable, más de la que creía que fuese capaz de emplear.

—Recuerda que te debo mi vida, nunca haré nada para lastimarte —me recuerda, sabiendo el hilo que llevan mis conjeturas. En pocas palabras, acababa de decirme que de vernos enfrentados en el campo de batalla, él jamás procederá contra mí.

Sol del Amanecer ©/YA A LA VENTA EN AMAZONHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora