39. Demian

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CORTE DE BEMALI.

SEIS HORAS ANTES DEL ATAQUE.

Había sentido inquietud desde la mañana anterior, como si algo en el centro de mi cuerpo me dijese que las cosas no iba bien. Era una intranquilidad apremiante, la sentía arder dentro de mi pecho con una fuerza tal que, oprimía mis entrañas.

No había podido dormir, ni siquiera comer correctamente. Era extraño y mis instintos insistían en que mi atención debía estar puesta en esto que siento, pero tampoco podía darle la espalda a mi juicio por seguir presentimientos sin fundamentos.

Escuchaba pacientemente a mis embajadores, entre ellos, mis hermanos, puliendo lo que sería nuestra estrategia militar para contrarrestar a los lobos. Si bien no pensaba invadir nuevamente Nalenjem —no hasta no tener trazada la ruta con Amaya y hacernos de alianzas—, sí iba a atacarlos con toda mi fuerza, con todo el peso de mis ejércitos.

Había preparado a mis tropas durante lunas enteras para este acontecimiento. Esperaría el ataque y los superaría en número, siguiendo un plan que se remontaba en la antigüedad.

Yo no permitiría la casería, eso se lo adjudicaba al reinado de mi padre; en cambio, en el mío, encontrarían terrenos hostiles. No daría vía libre a nuestros enemigos.

Basta de permitirles hacer lo que deseen.

—No han atacado en dos meses, debe ser que ahora mismo se discute una alianza gracias a la interacción de nuestro lord —proclama Arlo, uno de mis generales, agachando la cabeza al mencionarme.

—No creo que eso sea algo posible y hasta donde sabemos, los ataques no se han suscitado desde el hurto a su princesa. Puede ser que solo se están preparando para unir sus fuerzas e implementar otro tipo de táctica —dice Dennis, convencido de que el silencio de Chantal no es más que una señal de tiempos peores. En lo personal, tenía exactamente la misma teoría, aunque no podía corroborarla.

—Si ellos optan por ejercer nuevos ataques, es justo que nosotros les esperemos de forma distinta. Nuestra disciplina se ha engrandecido, estamos preparados para contener lo que sea —revela Dershan, observando desde su posición el mapa que define Bemali con precisión. Hay una línea roja delimitando las tierras que colindan con Nalenjem; la zona más cercana a la guerra.

—Si arremeten con toda su fuerza, no podremos contenerles —le digo a mi hermano, calmado, asumiendo mi papel de lord—. No en esta semana. Su potencia es superior a la nuestra, su agilidad y sus rasgos bestiales los enaltecen. Debemos superarlos en número y atacar desde el aire —ordeno, pendiente de sus reacciones.

—Pero de algo debe servir la intervención de nuestro señor —revira Logan, el capitán al mando del ejército, reafirmando lo que el general ha dicho y repeliendo la idea de un ataque en masa por parte de Nalenjem.

—No puedo asegurar que Amaya de Luko tenga el poder para intervenir en nuestro nombre, no sin poner su vida en riesgo —objeto, viéndoles directamente a todos, aclarando que Amaya aún no posee el dominio para ponerle un alto a la guerra, mucho menos para hacerle frente a su madre—. Que quede claro aquí mismo, que no pienso arriesgarla. No voy a poner su vida en peligro para servir a nuestros propósitos, si es eso lo que se está sugiriendo —me dirijo a mi general, quien no parece complacido con mi respuesta—. Bajo cualquier esquema estratégico, nosotros siempre protegemos a nuestros aliados, no los ponemos en dificultades innecesarias para satisfacer nuestra propia carne.

—Las alianzas deben ser forjadas, milord, ese era el objetivo de permitirle la entrada a un contrario en primer lugar —expresa, siendo cuidadoso, pero al mismo tiempo desafiante, algo que no podía permitir que se diese entre los hombres que deberían cuidarme las espaldas.

Sol del Amanecer ©/YA A LA VENTA EN AMAZONHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora