17. Demian

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CASTILLO LANCASTER.

AL ESTE DE BEMALI.


El vuelo ha sido complicado, el aire no era muy favorable para una parvada completa de halcones que cargan con un botín peligroso. Salir lo antes posible de Nalenjem era imperioso, volar hasta las inmediaciones de nuestra reserva en Bemali, para resguardar a la hija primera en el castillo Lancaster, perteneciente a mi familia, donde podíamos descansar, amparar a nuestros hombres y, sobre todo, asesinar a la loba para llevarle su cabeza a mi padre.

El sitio nos daría la protección necesaria para llevar a cabo las órdenes.

No era un acto despiadado, al menos eso quería creer. El hecho de haberles atacado implicaba algo nuevo, un nuevo reto. Tuvimos que planearlo detenidamente, estudiarlo, adentrarnos en su territorio y colocar la trampa en el momento mismo en que ellos no se percataran, en que estuviesen lo suficientemente distraídos con sus celebraciones para no notar nuestra presencia, disfrazando nuestros aromas de tónicos esenciales, hechos especialmente por los monjes en la montaña. Fue una tarea complicada, entrar a sus bosques a merodear fue atroz, pero el objetivo estaba cumplido, teníamos en nuestro poder a la hija primera de Chantal de Luko, a la futura alfa de Nalenjem. Este era el fin de una de las ramas de su legado, un golpe para su especie y, muy probablemente, el fin de la guerra futura al tomar el poder la hija segunda.

Habíamos ganado.

Al llegar a las inmediaciones del castillo, pido a mis hombres que metan el enorme costal en una de la celdas, una jaula reforzada de grandes barrotes de plata, incrustados a la piedra, suficientemente fuerte para contener a la bestia que dormía en el interior de una simple mujer. Esa había sido una gran sorpresa, considerando que no teníamos el conocimiento de que un lobo pudiese tomar su piel fuera de la semana lunar, pero ahora que conocíamos cuán peligrosa podía llegar a ser, no íbamos a bajar la guardia.

Dejo que nuestros hombres arrastren con el bulto, sin tacto, sin empatía. Nuestra presa no pone resistencia, no grita, no se remueve, como sería lo normal, por el contrario, se mantiene quieta, apacible y eso me agobia más.

El silencio no es buena señal.

—Esa loba me dejará cicatrices que no podré ocultar —expresa Dershan, tanteando la textura de lo que es una marca de garra que va de su mentón hasta la armadura que cubre su pecho, cubierta por rasguños profundos. Doy gracias porque la tenía puesta, de lo contrario la loba lo habría abierto por completo, exponiendo sus entrañas a la noche.

—¿Cómo se te ocurre enfrentar a un lobo a golpes? ¡Eres idiota! —le reprocha Dennis, al borde de las lágrimas y es que en verdad se asustó al ver a nuestro hermano con la loba encima.

—¿Qué otra cosa podía hacer? Además, no sabía que se podía convertir, no debería poseer esa habilidad —se excusa, tratando de quitarle el peso necesario.

—Ninguno lo sabía —indico, tocando la cuerda de mi látigo, mi arma predilecta, el método perfecto para atacar desde tierra cuando no se tiene un arco a la mano.

—Tienes alas, ¿de qué te sirven si no las usas a tu favor? —sigue reprochándole nuestro hermano menor. Casi puedo imaginarlo golpeando a Dershan, apelando su atención como cuando éramos niños.

—¡Ya lo sé! No volverá a ocurrir —promete nuestro hermano mayor, abrazando a Dennis, quien parece haber entrado en shock, uno tardío.

—Eres un estúpido, ¡te odio! —le arroja Dennis, al tiempo que lo empuja, liberando su torso del abrazo.

—Estoy bien —le hace ver, dando un giro sobre su cuerpo, uno que se ve manchado por un ligero tropiezo, producto de una lesión en su rodilla.

—¡¿No te pasó por la cabeza lo que sucedería cuando la loba se acercase lo suficiente a tu rostro?! ¡¿En qué carajos pensabas, Dershan?! —le sigue reclamando, no puede parar, hay terror en sus requerimientos, hay impotencia.

Sol del Amanecer ©/YA A LA VENTA EN AMAZONHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora