BEMALI, TIERRA DE LOS HALCONES
Espero en la oscuridad, silencioso, el movimiento de mi cuerpo es escaso. Las copas de los árboles nos mantienen lejos de los ojos de cualquier ser que se acerque. La luna está a punto de ponerse, el crepúsculo es palpable, visible para cada uno de nosotros —soldados enfundados en las armaduras oscuras, armados hasta los dientes, esperando con paciencia la llegada de los lobos, quienes planean el mayor ataque visto en cien años.
La armadura pesa, no siento ligereza, en realidad se trata de una vestimenta de lo más incómoda.
Cierro los ojos, sintiendo el insistente sonido de esa voz lejana, esa que no comprendo y que solo me llega como la voz de un presagio y, aunque todo mi cuerpo se mantiene firme, recto, ahora mismo solo pensaba en tratar de interpretarla, porque cabía la posibilidad de que se tratase de Amaya.
—Dios sol, protégenos —Escucho a mi hermano mayor decir, musitando, orando al altísimo por tener una oportunidad contra los lobos. Dershan no se ha movido ni un segundo, busca librar la batalla a mi lado. Dennis debía resguardar la ciudad y liderar a las tropas para que los lobos no pudiesen pasar en caso de que nosotros no lográsemos contenerles desde el bosque.
—Creo que nunca te había escuchado orar —musito, dirigiendo mi vista a los arbustos. El viento mueve las hojas cada tanto, no ha habido cambios.
—He visto muchas cosas en mi vida, Demian, he presenciado muchas muertes, masacres, cientos y cientos de desaparecidos llevados a la fuerza a Nalenjem para un destino atroz, pero lo que vi hoy, la forma en que trataron a esa chica, solo por tratar de ayudar a tu mujer, ese es el acto de una bestia. La torturaron y no dijo ni una palabra, la loba afrontó las consecuencias y se echó encima a su gente, por tu chica.
—No entiendo adónde quieres llegar, Der. —No le veo directamente, ya que mi atención sigue en un posible cambio en los sonidos, incluso en el viento, en los arbustos.
—Lo que trato de decir es que, Amaya debe valer más de lo que creo y me sorprende saber lo que esa chica estuvo dispuesta a hacer para proteger a su amiga, al igual que tú estarías dispuesto a sacrificarte por ella, lo sé, comprendo la fuerza de la luz. Tal vez no deseo tal efecto en mi vida, pero lo he vivido al lado de Dennis, y ahora lo vivo contigo—suspira, simplemente lo hace, algo raro en él, un gesto que poco le he visto hacer. Dershan nunca muestra sus emociones ante nadie y ahora lo hace abiertamente. Es un cambio evidente—. Creo que yo también la daría, por una chica como ella...
—¿Vas a decirme lo que te ocurre?, o ¿esperarás a verme con la garganta abierta en el fango para confesar lo que te está carcomiendo las entrañas, hermano? —le pregunto, sabiendo que algo le está inquietando.
Dershan duda, posa su mirada en la tierra y luego se pierde en las inmediaciones del suelo. Sé que no hablará, no se siente listo para hacerlo y percibo que, incluso, no sabe con exactitud lo que le está pasando, porque hay una densa vacilación en su semblante.
»Cuando estés listo, Bruto —golpeo ligeramente su hombro con el puño, los metales que cubren mis dedos resuenan ligeramente con la estructura de su armadura oscura.
—Creo que no nos hace bien hablar de esto, siento que me vomitaré encima —se queja, tocando su estómago—. Suficiente tengo con la imagen de esa pobre chica. La golpiza fue brutal y no quiero ni imaginar lo que le harían a Amaya de reaccionar como todos creemos que lo hará —susurra.
Noto movimientos en los árboles, el capitán alza la mano de forma silenciosa, desde las ramas altas del árbol frente a nosotros, indicándonos a todos que debíamos prepararnos.
—Es tiempo —digo en el momento mismo en que tomo mi arco y una flecha de plata del carcaj, tenso la cuerda, pegando el culatín de plata a mi boca, apreciando el frío del material en los labios. La flecha permanece firme, direccionada al manantial, el único lugar por donde los lobos podrían atravesar hacia Bemali.
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Sol del Amanecer ©/YA A LA VENTA EN AMAZON
RomanceDos clanes rivales en guerra. Dos enemigos mortales sintiendo una extraña atracción. Dos enemigos dispuestos a dar su vida el uno por el otro.
