CABAÑA DE LO ROSALES.
NALENJEM
No puedo conciliar el sueño, por mucho que el cansancio trate de hacerme flaquear, mi concentración está hundida en ver a la mujer de dorados cabellos echa un ovillo a mi lado, como si se tratase de una gatita que busca un espacio en los pies de la cama y, aunque es de forma inconsciente, sé que en el fondo ha desarrollado esta extraña necesidad de mí, de la misma manera en que ha nacido en mis adentros el deseo de conocerle, de descubrir todo de ella, de pasar mis días y mis horas escuchándole.
Después de nuestra acalorada conversación, Amaya optó por salir de la habitación, huyendo de sus deseos, huyendo de mi presencia. Puedo intuirlo, puedo apreciar cómo se debate su verdadero ser por sentir, por experimentar y por hurgar en las sensaciones que ambos tenemos al entrar en proximidad.
Yo no mentía cuando afirmé abiertamente que jamás había sentido algo como esto por alguien. No negaré que he tenido amantes y que he disfrutado de los placeres de la cama en muchas ocasiones, pero jamás, jamás, había sentido tanta necesidad por estar junto a otra persona, jamás quise meterme tanto en la mente de alguien como para conocer sus verdaderos pensamientos, jamás me interesé tanto por otra persona que no fuese perteneciente a mi familia.
Con Amaya, todas las experiencias eran nuevas; territorio inexplorado dentro de la pendiente que supone el que ella sea quien es.
Era una loba, un miembro del clan de Nalenjem, alguien a quien debería aborrecer, alguien por quien debería sentir un desprecio sin par, mas no es lo que en mi interior mora. Por el contrario a toda conjetura que pudiese anteponer cualquier halcón a esta condición, sentía que había hallando un diamante en medio de una montaña entera de roca angulosa. Podías verle desde el exterior como algo dañino, algo que a simple vista puede parecer peligroso, que va a lastimarte, pero si te era permitido escarbar solo un poco, te dabas cuenta del gran valor que se escondía bajo la superficie.
No requería de mucho esfuerzo para concluir que Amaya ha vivido una existencia entera bajo leyes que no van con su concesión. No es necesario que ella me diga a la cara que cree que lo que hace su pueblo es incorrecto, no necesito que me explique que hay una condición noble en el interior de lo que, a simple vista, luce como una guerrera.
Cuando le pedí que viniese conmigo, lo hice de corazón. Tal vez lo hice por rescatarle, ya que en el fondo temo que aquello que ella celosamente guarda, como lo es su verdadero ser, se extinga entre toda la malicia que los lobos propician. Tal vez lo he hecho porque soy muy egoísta, porque quiero más que otra cosa en el mundo seguir experimentado las sensaciones que ella provoca en mí, porque quiero seguirle respirando, porque quiero llegar a un punto de no retorno a su lado.
«Estoy loco», lo he pensado mucho y siempre llego a esa conclusión. No puedo explicarme ni a mí mismo lo que estoy sintiendo por alguien que ni siquiera es de la misma especie, que pertenece a tierras ajenas y que, además, se ha dedicado a cazar a los míos.
¿Estaba loco por no querer separarme de quien debería ser mi enemiga?
«La enemiga que te ha mostrado su piedad, la que ha puesto su vida en riesgo para que tú tengas una posibilidad», me dice la voz interna de mi conciencia, recordándome lo que ha implicado esto para ella.
Justo cuando creía que la noche era equivalente a lo que ahora sentía mi corazón —un vacío al no tener la certeza de que Amaya vendría conmigo a Bemali— la loba apareció en la puerta de la habitación, midiendo sus pasos sigilosos, caminando de forma ligera, a fin de no despertarme. Era tan discreta que por un momento creí imaginar todo.
Fingí no escucharle, fingí que me encontraba en el más profundo de los sueños para no asustarla, para que no se viese descubierta, como en ocasiones similares a esta, donde le veía tomando atribuciones que poco tenían que ver con sus dogmas, pero sí con sus verdaderos deseos, esos que internamente te grita el corazón que debes ejercer. De esa manera, solo me dediqué a abrir el sentido del tacto y el del oído al máximo, para así dejarme guiar por los movimientos que el mullido colchón urdió al soportar el peso de la loba de complexión pequeña.
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Sol del Amanecer ©/YA A LA VENTA EN AMAZON
RomanceDos clanes rivales en guerra. Dos enemigos mortales sintiendo una extraña atracción. Dos enemigos dispuestos a dar su vida el uno por el otro.
