BEMALI, FRONTERA CON NALENJEM.
Dennis nos custodia al alba, acompañando a las lobas a la frontera para que puedan volver a casa. Dershan no viene con nosotros, él voló directo a Loguna para hablar con el lord del clan de las serpientes e indagar un poco en lo que se vive en las granjas al norte de Bemali.
Mi pecho vuelve a sentir su ausencia, la pérdida, ese vacío desesperado y autentico que solo siento por Amaya. Ni siquiera se ha ido y ya comienzo a extrañarla.
No podía ser de otra manera, ella debía volver. Comprendía lo que Amaya quería realizar en su nación y cómo, pero no podía evitar partirme de miedo al no comprender la visión de su gente, al no entender su forma de vida ni lo que han tenido que soportar bajo el gobierno de Chantal de Luko.
No podía creer que su madre hubiese ordenado algo tan atroz como mandarla azotar, no podía entender la naturaleza de un padre con ese sentido de justicia, mucho menos podía entender el porqué de su reacción tan descabellada. Trataba de digerirlo, pero no iba a ser fácil, no sin sentir ese índice de terror azorando mi mente y mis recuerdos de una Amaya diciendo que el cariño por mí ha surgido en su corazón y que necesita de mi ayuda para derrocar a su madre.
Sin embargo, no mentía cuando aseguré que tendría mi apoyo. Siempre tuvo mi apoyo.
Siempre lo tendría.
Busco tomar la mano de Amaya, caminando con lentitud en las penumbras. Ella va cubierta con esa capa que poco delata su identidad. Suponía que debía escabullirse entre las sombras al volver allá. En el instante en que nuestras manos se entrecruzan, yo siento paz, me siento correspondido, me siento conectado a ella, a nuestro centro, a nuestras mentes.
Ella me sonríe, aún en el crepúsculo que trae el alba consigo. Su rostro perfecto está intacto. Hay un ligero tinte de rosa coloreando sus mejillas, los indicios de lo que fue nuestra noche juntos. Sus labios van hinchados, estampas que mis besos han dejado. Esperaba que recordarnos juntos fuese incentivo suficiente para hacerle volver a mí en el futuro.
«Te amo», quiero decirle, pero no puedo, no me atrevo, mucho menos ahora que se despide de mí y que no sabía con exactitud cuándo le vería de nuevo.
Tal vez mi garganta no propine los sonidos correspondientes a mis pensamientos, pero sí que lo hacen mis manos, brillando tanto que iluminan los caminos que seguimos a pie. La muñeca de la loba se enciende de igual manera, solo que en ese tono plata tan clásico en ella.
Encontré a mi compañera y temía perderla, me horrorizaba pensarle alejada ante mis arrebatadas palabras, como si estas fuesen malintencionadas. No iba a abrir la boca.
Al llegar a la frontera nos detenemos, viéndonos de frente, sin soltar nuestras manos, que se acarician al centro de nuestros cuerpos.
—Iré a verte pronto —le digo, tratando de sonar sereno y poco afectado por su partida.
Ella niega con la cabeza y me acerca un poco más, de tal manera que ahora siento el calor que su cuerpo irradia.
—Vendré yo, es más seguro. Si nos descubren en Nalenjem, tú serás comida de lobos y yo... —se detiene al ver mi expresión de consternación, de horror—. Por favor, confía en mí. Yo vendré a verte —besa mi mejilla, poniéndose de puntillas para lograr alcanzarme—. Gracias por mostrarme tus maravillas, gracias por recibirme en tus tierras y gracias por tu apoyo, lord halcón.
—Citaré a los clanes, expondrás el caso y yo te apoyaré —le regreso el beso, pero yo se lo doy en los labios, uno casto, sin querer profundizar debido a mi falta de control estando a su lado.
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Sol del Amanecer ©/YA A LA VENTA EN AMAZON
RomanceDos clanes rivales en guerra. Dos enemigos mortales sintiendo una extraña atracción. Dos enemigos dispuestos a dar su vida el uno por el otro.
