Capítulo 10: "Que empiece la investigación"

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Marta cerró la puerta detrás de ella al dejar la bandeja con dos limonadas encima de la mesita de noche. Fina estaba mirando la habitación de Marta con detenimiento y pensó en lo hermosa que quedó. Tocó las paredes pintadas recientemente con una pulcritud inigualable y acarició la seda de las hermosas cortinas que adornaban los altos ventanales.

—Bastante bonito —dijo Fina, girándose para ver a Marta, quien sonrió con timidez.

—Debe serlo, costó una fortuna —respondió Marta, observando a Fina mientras ésta daba vueltas por el dormitorio.

—¿Fortuna por qué? —preguntó Fina, deteniéndose frente a una de las ventanas.

—Además de los costosos muebles y reformas, pedí que todo fuera inmediato —Marta se acercó a una pared y acarició la pintura con cuidado.

—Bueno, doña Marta tiene los medios —Fina sonrió de forma burlesca.

—A Doña Marta le dolió desembolsar tanto dinero por capricho —Marta hizo una mueca de dolor, sus manos aún en la pared.

—Doña Marta tiene los medios para desembolsar por caprichos —Fina soltó una pequeña carcajada y se acercó a la bandeja, mirando las limonadas.

—Son de menta ambas —Marta se adelantó antes de que Fina preguntara—. Espero que te guste la miel.

—Me encanta —Fina tomó un vaso y besó el líquido antes de dar un trago—. Definitivamente me encantó.

Marta observaba con simpatía lo sencilla que era Fina. Agradecía que ella no fuera como sus amigas de la universidad que se acomplejaban por todo. Casi las tildaba de insoportables, menos mal ya no tenía casi contacto con ellas. Con Fina todo era despacio y agradable; adoraba lo versátil que era en muchas facetas.

—¿Te gustaría comer algo? —preguntó Marta, tomando el vaso restante de la bandeja.

—No, la limonada está bien.

—No te he contado varias cosas —Marta se sentó en el borde de la cama y Fina imitó el gesto—. Me ha llamado Jaime hace dos días.

Fina, al escuchar la noticia, sintió una incomodidad en su estómago y . Porque Marta lo informaba como algo malo, y eso no debía serlo, pero le daba esa connotación. Fina trató de disimular su actitud y se cruzó de piernas.

—¿Y qué te ha dicho tu marido? —preguntó mirando a Marta con interés.

—No mucho, tiene una sorpresa para mí —respondió con una leve emoción—. Deben ser joyas, como siempre me regala.

—Quizás es algo más importante —Fina miró un punto de la habitación, pensando en un posible presente de Jaime para Marta—. ¿Sabes lo que se me imagina?

—¿El qué? —Marta dirigió ambas rodillas en dirección a Fina con curiosidad.

—Quizás venga para la boda de Andrés —sugirió Fina.

El silencio se instaló brevemente en la habitación. Marta frunció el ceño, pensativa. La idea de que Jaime asistiera a la boda de Andrés no se le había ocurrido, pero empezaba a hacer sentido.

—¿Tú crees? No creo porque Andrés nos comentó recién hoy —aseguró Marta, volviendo su mirada a Fina.

—Quizás a ustedes les informó ahora, pero a tu padre les avisó antes—dijo Fina, encogiéndose de hombros—. De todas formas sería una gran sorpresa, ¿no?

Marta asintió lentamente, procesando la posibilidad. La emoción y el nerviosismo se entremezclaban en su rostro, mientras Fina tomaba otro sorbo de limonada, observándola con una mezcla de curiosidad e incomodidad.

Toledo, 1958.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora