Capítulo 27: "La boda" (Parte 3)

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Esther, aún con el corazón acelerado por el sobre que había hurtado de Manuel, se desplazó con cautela hacia un costado del jardín, donde los invitados se reunían formalmente para la boda. Sus ojos escudriñaban la multitud, buscando desesperadamente a Fina. Cuando finalmente la encontró, sintió una oleada de alivio. Fina estaba junto a Marta, posicionadas al lado del arco nupcial, con Begoña y Andrés a su lado, esperando la llegada de María. Esther soltó un suspiro de alivio, sonriendo al pensar que la ceremonia estaba a punto de comenzar y que después tendrían tiempo para descifrar lo que realmente había sucedido.

El cuarteto de cuerdas comenzó a tocar una melodía suave, la señal para la entrada de la novia. Todos los invitados se pusieron de pie en un acto casi sincronizado, girando sus cuerpos y su atención hacia la entrada principal. La novia apareció radiante, su velo largo y translúcido con delicados bordados se deslizaba suavemente sobre su vestido blanco, añadiendo un aire etéreo a su caminar. Andrés, esperando con una postura erguida y las manos juntas frente a él, la observaba con una sonrisa que irradiaba pura felicidad. A su lado, las tres damas de honor, Begoña, Marta y Fina, mantenían una expresión serena, pero sus ojos brillaban con emoción al contemplar la escena.

Mientras María avanzaba hacia el altar, un silencio reverente envolvió a los invitados, creando un ambiente íntimo y solemne. La ceremonia comenzó poco después, impregnada de palabras cálidas y recuerdos conmovedores. Los votos matrimoniales, llenos de promesas de un futuro lleno de esperanza y nuevas etapas de vida, resonaban en el aire, creando un vínculo palpable entre los presentes. Marta y Fina, de pie junto a la pareja, intercambiaban miradas ocasionales, compartiendo sonrisas tímidas y tiernas que reflejaban un entendimiento profundo y un afecto mutuo.

El momento culminante llegó cuando María y Andrés, con miradas llenas de devoción, se inclinaron para sellar su amor con un beso. Fue un beso cálido, cargado de emoción y alegría, que provocó un estallido de aplausos entre los invitados. Las bocas de los recién casados se curvaron en sonrisas mientras se abrazaban efusivamente, radiantes de felicidad. Los comentarios llenos de entusiasmo y elogios sobre la hermosa ceremonia comenzaron a resonar entre la multitud, completando un momento que parecía salido de un cuento de hadas.

Esther, con el sobre en su bolso y una creciente sensación de inquietud, se abrió paso entre los invitados en dirección a Fina y Marta, quienes estaban ubicadas cerca del arco nupcial junto a Begoña y Andrés. El ambiente estaba impregnado de alegría tras la ceremonia, pero Esther no podía ignorar la importancia de lo que tenía en su poder. Finalmente, alcanzó a ambas mujeres justo cuando estaban a punto de dirigirse a sus respectivas mesas.

—Hermosa ceremonia. No había tenido la oportunidad de saludarlas —comentó Esther con una sonrisa, besando las mejillas de Marta primero, y luego de Fina, quien asintió amablemente—. Fue complejo todo, hay muchísima gente; no os encontraba.

—Costó, pero todo resultó genial —respondió Fina, lanzando una mirada fugaz a Marta, quien asintió mientras observaba a su alrededor con satisfacción.

—Si no queda perfecto me agobio, pero debo admitir que nada ha salido mal —dijo Marta, buscando la aprobación de Fina.

Fina asintió, pero no pasó por alto el evidente nerviosismo de Esther, quien seguía mirando a todos lados como si estuviera en alerta.

—¿Todo bien? —preguntó Fina, acercándose un poco más a Esther con una mezcla de curiosidad y preocupación—. Te veo actuando extraño.

Esther se inclinó hacia Fina, acercando sus labios a su oído y susurró casi en un murmullo, mirando alrededor con desconfianza.

—Fina, Manuel está aquí —dijo Esther, con una tensión palpable en su voz—. Le vi el rostro y todo, hablé con él.

El impacto de esas palabras fue inmediato. Fina sintió cómo su boca se secaba y un dolor punzante le recorrió las manos. Su mirada se volvió rápidamente hacia Marta, cargada de preocupación, antes de regresar a Esther.

Toledo, 1958.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora