Capítulo 8: "Renovaciones, amor propio y espacio"

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Marta miraba el techo de su habitación, pensando en lo bonito que sería verlo en un tono más blanco, quizás beige, en lugar de ese amarillo claro que parecía sucio. Observó a su alrededor y pensó en reemplazar el antiguo escritorio negro de su esposo por uno nuevo y luminoso. No tenía sentido mantenerlo, ya que él nunca lo usaba cuando estaba en casa. También miró las cortinas altas y rectas de color rojo, que tanto le molestaban. Juraba que ese color, al ser muy oscuro, le quitaba energía a todo el lugar. Eran las siete de la mañana de un domingo. Sin trabajo, Marta se sentía totalmente aburrida. Nunca encontraba algo bueno que hacer, pero hoy sería diferente. Hoy tocaría reformar su habitación. Jaime siempre quería muebles y accesorios oscuros para que la habitación matrimonial fuera "más neutra" con respecto al género. Qué estupidez, pensó. Tener cortinas blancas y adornos celestes no haría que la habitación fuera menos varonil. También decidió que el sofá largo de cuero oscuro tenía que salir. Qué horrendo era su cuarto, tan oscuro y con una energía tan pesada. Miró la alfombra verde musgo y volvió a preguntarse cómo podía soportar un día más sin sentirse representada en el lugar donde descansaba a diario. Era una falta de respeto hacia sí misma. Todo se iba: la mesita de noche anticuada, las desagradables sábanas de color gris oscuro, que debían ser blancas, las horrendas lamparas que adornaban el ambiente y un sin fin de cosas. Quizás le copiaría a Fina su gusto por las plantas.

Marta se incorporó en su cama, se estiró y bostezó. Pensó en contarle a Fina sobre su idea, pero dudó. ¿Sería correcto después de lo que pasó la semana anterior? Desde que Fina huyó prácticamente de la oficina de Marta, no había dejado de pensar en lo que podría haber sido. Fina tampoco se había dirigido a ella más allá de lo estrictamente laboral. No había desayunos juntas, ni idas y venidas compartidas al trabajo. Incluso, Fina se había cambiado de piso. Marta le organizó una comida de despedida justo antes de que todo se volviera incómodo. Todo fluyó con naturalidad y, aunque no podía quejarse porque Fina parecía feliz y agradecida, el abrazo corto y los besos en las mejillas parecían absurdos después de haber avanzado tanto. Marta quería más, se merecía más, pero no sabía qué exactamente.

En realidad, Marta ya sabía lo que quería con Fina, pero no se atrevía a admitirlo. Cada vez que reunía el valor necesario para enfrentar el deseo de besarla, huía de su propio pensamiento, prefiriendo leer los pésimos informes de algunos trabajadores de la empresa y hablar con Carmen de trabajo. Sabía lo que quería, pero afrontar lo que significaba era un paso más grande del que estaba lista para dar. Quizás hubiera deseado que Fina fuera más abierta para hablar sobre lo que pasó. Ilusamente, pensaba que Fina tampoco sabía lo que sentía, que ambas compartían el mismo miedo. Y sí, Fina estaba aterrorizada, pero no por la misma razón.

Marta salió de la cama y se dirigió a darse un baño, lista para comenzar su día y decorar su nuevo proyecto. Ya era momento de dejar atrás esa idea de matrimonio y ser feliz descubriendo su propio gusto con libertad.

***

Fina se levantó de su cama con una sonrisa, disfrutando de la segunda noche en su nuevo hogar, un espacio que ya comenzaba a transformarse en su refugio personal. Aunque su presupuesto no le permitió comprar todo de inmediato, la habitación brillaba con una luz propia gracias a sus mil plantas y  paredes blancas y detalles en colores pasteles, como rosado, celeste y verde agua. Las persianas blancas, que cubrían las ventanas de suelo a techo, filtraban la luz de la mañana con suavidad. Un delicado sitial rosado claro descansaba sobre una alfombra gris, larga y elegante, añadiendo un toque de sofisticación. El gran espejo, estratégicamente colocado, amplificaba la sensación de amplitud del espacio. Con cada pequeño detalle, Fina imaginaba cómo los cuadros y más plantas agregarían vida y calidez a su entorno. Su otra habitación, convertida en oficina, estaba lista para inspirar creatividad y productividad. Con un escritorio de vidrio con base blanca y detalles verdes, una alfombra verde con patrones blancos, una pequeña biblioteca con libros de matemáticas y ficción, y una archivadora, este espacio era el epítome de la funcionalidad y el buen gusto. Fina se sentía orgullosa de lo que había logrado y ansiosa por seguir construyendo su hogar perfecto.

Toledo, 1958.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora