Capítulo 40: "El amor sí vende" (Parte 3)

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El amor sí vende

Pensemos primero en Disney. El amor vende. Ahí están La Sirenita, Blancanieves, La Bella Durmiente y todas las princesas cuyas historias giran en torno al amor. El clásico príncipe que rescata a su princesa. Machista, sí, pero ese es un tema para otro momento.

El amor vende, y lo hace desde tiempos remotos. Hoy sigue siendo un motor en nuestras vidas y en las industrias culturales. Tanto así que hemos comenzado a valorar y visibilizar formas de amor más allá del romance tradicional: el amor de familia, el de las amistades, las múltiples formas de amar en nuestra diversidad, incluyendo el amor romántico entre personas del mismo género o con identidades fluidas. Pero, entre todas esas formas, quizá la más importante que ha ganado relevancia es el amor propio.

Las personas que leemos libros o vemos series en plataformas de streaming lo hemos notado: cada vez hay más historias que celebran el amor propio y el amor con temática LGBTQ+. Y estas historias nos inspiran. Pero, ¿por qué? ¿Qué es, en esencia, el amor?

Queridas lectoras —perdónenme si asumo su género—, el amor es un sentimiento poderoso, quizá el más profundo que experimentamos. La gente hace cosas extraordinarias en nombre del amor, movida por la fe en él. Y aunque muchas veces lo relacionamos con la felicidad, el amor no siempre camina de la mano con ella. Se puede amar en medio de la tristeza y la penumbra. De hecho, el amor puede ser el impulso necesario para salir de ellas: como ese padre que trabaja incansablemente para costear el tratamiento médico de su hijo. Pero también se cometen errores y actos reprochables en su nombre, como los ataques de celos o decisiones destructivas.

Aun así, el amor sigue siendo un motor esencial. Es algo que nos gusta sentir, tanto hacia nosotros mismos como hacia los demás. Somos seres que buscan el amor, aunque ya hemos planteado que este no garantiza la felicidad. Sin embargo, amar nos hace humanos. Por eso nos fascinan las historias de amor, sean reales o ficticias. Amamos ver cómo Marta y Fina se descubren y se aman. Amamos los relatos de amor en épocas antiguas, o las historias futuristas que reinventan sus formas. Nos conmueven las narrativas de familias unidas por el amor, de movimientos sociales nacidos de la empatía y la solidaridad, de actos de amor inesperados.

Creamos, buscamos y celebramos el amor constantemente. Por eso, el amor vende. Y no parece que vaya a dejar de hacerlo. Porque en todo contexto de vida, el amor siempre ha vendido.

Porque el amor sí vende.

***

Punto de vista de Fina

Sentí el característico aroma del café llenando la cocina mientras retiraba la prensa italiana del fuego. El exquisito olor combinaba a la perfección con la música de fondo, un bolero que sonaba con ese tempo inconfundible. De repente, sentí unas manos rodeando mi cintura. Sonreí instintivamente, posando ambas manos sobre ellas.

—Qué rico aroma tiene ese café —susurró Marta contra mi cuello, con una voz baja que me erizó la piel.

Me giré lentamente hacia ella y, dejando la prensa sobre la encimera, posé mis manos sobre su cuello, rodeándolo con suavidad. En ese gesto, sentí un leve temblor en sus manos, que contrastaba con la sonrisa vibrante que apareció en sus labios.

—¿Me has besado alguna vez con ese sabor a café? —pregunté curiosamente.

—No he tenido el placer —respondió ella con un tono suave—. Pero Digna hace unos dulces de café espectaculares.

Tenerla así de cerca era tan agradable como tortuoso. La calidez de la situación era casi palpable, y verla con ese brillo en sus ojos me desarmaba por completo. Sin embargo, con algo de pesar, me zafé de su abrazo y tomé el mango de la prensa.

Toledo, 1958.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora