El juicio

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La sala del tribunal estaba llena, y en el aire se podía sentir una tensión casi palpable, cargada de ira, rencor y odio. Sin embargo, también se percibía la tristeza de aquellos dos enamorados que, entre la multitud, buscaban encontrarse con la mirada. Cellbit disimulaba sus emociones con ese semblante frío y duro con el que se había hecho conocido.

El bullicio era constante, y del lado de Cellbit estaban todos los trabajadores del bufete, dándole ánimos y consejos. "Tienes todo a tu favor, Cellbit," decía uno. "Lo harás genial," añadía otro. "No le has fallado a ninguno de tus clientes," le recordaban, tratando de fortalecer su confianza. Pero su mente y su corazón seguían buscando y anhelando a Roier, cuya mirada desesperada se perdía entre la multitud en el tribunal.

Por el otro lado, Roier repasaba el plan con Mariana una y otra vez. Ambos estaban ansiosos y nerviosos, especialmente Mariana, pero el intentaba transmitirle paz y tranquilidad a su cliente. Roier no podía dejar de mirar a Cellbit, tan recto, con ese porte duro y sombrío que le causaba escalofríos. Recordaba cómo Cellbit solía mostrar ese lado sensible y tierno con él. Intentaba concentrarse lo más posible en la voz de Mariana, pero la risa de Cellbit resonó por el lugar y todo se disoció.

— Roier... —dijo Mariana, tratando de llamar su atención.

— Uhmm, sí, perdón — respondió él, sacudiéndose el ensimismamiento.

— Roier, no necesitas hacer esto conmigo. Realmente te conozco y si piensas en él...

— No lo digas. No necesito esto ahorita, Mariana. Quiero ser capaz de mantenerme en un papel de abogado duro, aunque sea mientras esto termine...

Mariana asintió y acarició la mano de su amigo.

— Gracias, Roier. Estoy aquí contigo, pase lo que pase. Tú siempre serás mi mejor amigo.

— Y yo te prometí ganar, Mariana. Todo estará bien. Voy al baño, regreso en un momento.

Roier se levantó y se dirigió hacia la salida, sintiendo el peso de la mirada de Cellbit sobre él. Mientras caminaba, intentaba recobrar la compostura, sabiendo que la batalla más difícil no estaba en el tribunal, sino en su propio corazón.

—Disculpen, tengo que ir al baño, vuelvo en unos minutos —dijo Cellbit, cainando con una determinación que apenas podía contener. Había perdido de vista a Roier, pero esta era su oportunidad. ¿Oportunidad de qué? No estaba seguro. Durante tanto tiempo había evitado hablar con Roier, pero ahora, si lograba encontrarlo antes de que el juicio comenzara, dejaría que sus sentimientos lo guiaran. Necesitaba escuchar a su guapito, necesitaba esa fuerza para seguir adelante.

Cellbit salió del tribunal, su corazón latiendo con fuerza. Caminó rápidamente por los pasillos, buscando desesperadamente alguna señal de Roier cuando lo vio entrando al baño, se dirigio a este y cerró la puerta con seguro, su respiración agitada por la mezcla de nervios y determinación. Al girar, ahí estaba Roier, apoyado en el lavamanos, con la cabeza baja.

— Roier — dijo Cellbit, su voz temblando ligeramente.

Roier levantó la cabeza y sus ojos se encontraron. Por un momento, el tiempo pareció detenerse. Ninguno de los dos sabía qué decir, pero las emociones en sus miradas lo decían todo. Cellbit dio un paso adelante, cerrando la distancia entre ellos.

— Cellbit...

— No digas nada, Roier. Solo... escúchame. No sé qué va a pasar hoy, pero necesitaba verte. Necesitaba saber que estás aquí. Tú eres mi fuerza realmente, siento que no puedo hacer esto, mi pecho se oprime. ¿Has comido bien? Guapito, por favor, mírame. Tienes ojeras, no has podido dormir bien tampoco.

Lawyers - Guapoduo Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora