Habían pasado tres años desde que Cellbit y yo decidimos apostar por nuestra relación. Tres años llenos de momentos difíciles, de risas, de discusiones, de reconciliaciones apasionadas y de una familia que habíamos construido con amor y esfuerzo. Hoy, por fin, íbamos a sellar nuestro amor de la manera más hermosa: uniéndonos en matrimonio.
Bobby y Richas, nuestros pequeños, ya eran oficialmente hermanos, compartiendo nuestro hermoso apellido familiar: Alt Lange. Cada vez que los veía jugar juntos, sentía que mi corazón se llenaba de una felicidad indescriptible. Ellos eran la prueba viviente de que el amor no solo une a las personas, sino que también crea algo mucho más grande y poderoso.
Hoy, yo dejaría atrás mi apellido para convertirme en Roier Alt de Lange, y no podía estar más orgulloso. Hace exactamente un año, Cellbit me había propuesto matrimonio en un momento tan inesperado como perfecto. Fue justo después de uno de los casos más desafiantes que habíamos enfrentado juntos, un caso que no solo probó nuestra habilidad profesional, sino también la fortaleza de nuestra conexión como pareja.
Hace un año...
—Lo declaro culpable. —La voz del juez resonó en la sala con una autoridad que hacía eco en las paredes, sellando el destino del acusado.
El martillo golpeó tres veces, como un cierre definitivo. El hombre, que hasta ese momento había intentado mantener una fachada altiva, explotó en gritos.
—¡Esto no es posible! ¡Son todos unos tontos! ¡Yo soy inocente! ¡Déjenme ir! ¡No puede ser que le crean a esos malditos maricones!
Su voz rasposa llenó la sala mientras trataba de zafarse de los guardias. Yo estaba abrazando a mi clienta, una mujer que lloraba con el alivio de quien finalmente recibe justicia. Mientras tanto, Cellbit, con su postura siempre impecable y su mirada fría como el acero, se levantó lentamente de su asiento.
—No le permitiré que hable así de mi pareja —dijo con una calma que era más intimidante que cualquier grito—. Guarde sus palabras homofóbicas, porque si sigue por ese camino, le aseguro que haré que se pudra en la peor cárcel que pueda imaginar.
El acusado lo miró con una mezcla de ira y miedo. Pero, en un último acto de desafío, escupió hacia Cellbit.
El aire pareció congelarse en ese momento. Cellbit no reaccionó de inmediato, simplemente se limpió con un pañuelo mientras sus ojos se clavaban en el hombre como cuchillas.
—Mala idea —murmuré para mí mismo, sabiendo lo que estaba por venir.
Cellbit dio un paso hacia adelante, su voz resonando con una autoridad inquebrantable.
—Acaba de cometer desacato y agresión. Créame, voy a asegurarme de que su condena sea aún más larga. Y le aseguro que, donde irá, todos sabrán exactamente quién es y lo que hizo. Y créame, se lo harán pagar. ¡Llévenselo!
Los guardias lo arrastraron fuera de la sala mientras él seguía gritando e insultando. Yo observaba, una mezcla de admiración y asombro llenándome por completo. Cellbit, con su control absoluto de cada situación, siempre sabía qué hacer. Era imposible no admirarlo, aunque a veces su confianza me sacaba de quicio.
Cuando volvió a mi lado, mi clienta se lanzó a sus brazos, agradeciéndole con lágrimas en los ojos. Ambos le ofrecimos llevarla a su casa, pero ella nos aseguró que su familia ya la esperaba. Antes de irse, nos dedicó una mirada llena de gratitud.
—Después de todo, no somos tan mal equipo —comentó Cellbit mientras se acercaba a mí, con esa sonrisa que siempre lograba desarmarme.
—Claro que no. Aunque no eres el único que sabe cómo sacar información.
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Lawyers - Guapoduo
RomantikRoier un recién graduado de las mejores universidades de derecho decidido en emprender un viaje a una isla con el fin de iniciar una nueva vida. Cellbit uno de los mejores abogados en el buffet llamado "La Federación" se va a vivir a la Isla que le...
