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El sol ya se estaba ocultando mientras Lee Hyunwoo y Jung Minho caminaban de regreso al departamento de Minho. Las calles de Seúl comenzaban a llenarse de la actividad nocturna, con luces de neón encendiendo los letreros y la gente apresurándose a sus destinos. Hyunwoo, vestido con su uniforme de policía, mantenía el paso al lado de Minho, quien caminaba con las manos en los bolsillos, una postura relajada que contrastaba con la tensión que Hyunwoo aún no podía quitarse del todo.

El día había sido largo, lleno de los mismos recorridos que habían repetido durante semanas. Aunque ya se conocían lo suficiente como para que el silencio entre ellos no fuera incómodo, esa noche algo pesaba en el ambiente. Hyunwoo, sintiendo la presión de la pregunta que le había rondado la cabeza durante días, decidió finalmente hablar.

—Minho… —comenzó, vacilando por un momento mientras sus ojos se desviaban hacia el suelo—. ¿Dónde está tu familia?

Minho alzó una ceja, sin detener su andar, pero mirando de reojo a Hyunwoo.

—¿A qué te refieres? —preguntó con una calma que ocultaba un toque de curiosidad.

Hyunwoo tragó saliva, sintiendo que su pregunta podría haber sido un error.

—Bueno… tu esposa, tus hijas… Nunca he visto que hables de ellas, ni que haya fotos en tu departamento —dijo, las palabras saliendo apresuradas, como si temiera que Minho se enojara por tocar un tema sensible.

Minho se detuvo en seco, lo que obligó a Hyunwoo a detenerse también. Durante un segundo, Hyunwoo pensó que había cometido un error garrafal. Sin embargo, cuando Minho giró para mirarlo, tenía una pequeña sonrisa en sus labios, una que parecía contener más de lo que mostraba.

—¿Esposa? ¿Hijas? —repitió, como si le resultara un pensamiento extraño—. No tengo ninguna de las dos.

Hyunwoo lo miró, desconcertado. Se quedó en silencio, esperando que Minho continuara, aunque su corazón comenzó a latir más rápido, como si presintiera que la conversación estaba a punto de tomar un giro inesperado.

Minho soltó un pequeño suspiro, y luego, para sorpresa de Hyunwoo, sonrió más ampliamente, como si la situación le resultara divertida.

—No tengo esposa ni hijas porque… la verdad no me interesa, Hyunwoo —dijo con una naturalidad que dejó a Hyunwoo momentáneamente sin palabras.

El rostro de Hyunwoo se puso rojo de inmediato, sintiendo el calor subir desde su cuello hasta sus mejillas. No había esperado esa respuesta, y mucho menos con esa franqueza. Tartamudeó un poco antes de poder responder.

—Oh… yo… lo siento, no quería ser irrespetuoso —dijo, agachando la cabeza como si eso pudiera ocultar su vergüenza.

Pero Minho solo se rió suavemente, una risa que no tenía rastro de burla, sino más bien de alivio, como si estuviera contento de haberse quitado un peso de encima.

—No te preocupes —respondió, acercándose a Hyunwoo. Y antes de que este pudiera reaccionar, Minho levantó una mano y le acarició el cabello rubio. El toque fue suave, casi juguetón—. Tu curiosidad es normal. Aunque… —añadió, mientras observaba con detenimiento las raíces más oscuras del cabello de Hyunwoo—, me parece que este color no es el tuyo natural, ¿verdad?

Hyunwoo se quedó congelado por un momento, sintiendo el pulso acelerado por el inesperado contacto. Estaba tan cerca que podía percibir el aroma de Minho, una mezcla de colonia y algo más que no podía identificar, pero que resultaba extrañamente reconfortante.

—Ah… no, es… es tintura —respondió, aún aturdido por la cercanía de Minho.

Minho retiró la mano, pero no se alejó mucho. Mantuvo la sonrisa y le dio una pequeña palmada en el hombro, como si intentara relajarlo.

entre sombras y deseos Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora