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El aire en el departamento de Minho era espeso, lleno de emociones no resueltas y palabras que quedaron suspendidas en el aire. Hyunwoo se quedó quieto por un momento, respirando profundamente mientras trataba de contener las lágrimas que amenazaban con caer. Miró a Minho una última vez, y en ese instante, una mezcla de dolor y furia lo invadió.

Sin previo aviso, levantó la mano y le propinó una fuerte bofetada a Minho. El sonido seco resonó en la habitación, dejando a Minho atónito, con la mano llevada instintivamente a su mejilla. Hyunwoo, con los ojos llenos de lágrimas, no dijo nada más. Sabía que cualquier palabra adicional sería innecesaria; el golpe había dicho todo lo que necesitaba expresar.

—Esto es por hacerme sentir que no valgo nada —dijo Hyunwoo, con la voz quebrada.

Minho se quedó en silencio, aceptando el golpe sin protestar. Sabía que lo merecía, que había causado un daño profundo en Hyunwoo, y que este era su justo reclamo.

Sin esperar una respuesta, Hyunwoo giró sobre sus talones y salió corriendo del departamento, su corazón latiendo con fuerza mientras las lágrimas finalmente comenzaron a caer libremente por su rostro. Apenas podía ver por dónde corría, pero no le importaba; solo quería alejarse de Minho, de todo lo que había sucedido, de lo que sentía.

Al salir del edificio, notó que el cielo comenzaba a aclararse, los primeros rayos del amanecer tiñendo el horizonte de tonos anaranjados y rosados. Hyunwoo se secó las lágrimas con el dorso de la mano, sabiendo que no tenía mucho tiempo. Necesitaba regresar a casa antes de que alguien se diera cuenta de su ausencia.

Corrió por las calles desiertas, su respiración agitada y su mente nublada por la confusión y el dolor. El frío de la madrugada mordía su piel, pero apenas lo sentía. Todo lo que podía pensar era en lo que acababa de suceder, en cómo las cosas habían llegado a este punto.

Cada paso que daba lo acercaba más a su hogar, pero no podía evitar sentir que también lo alejaba de algo más, de una parte de sí mismo que había dejado atrás en ese departamento. Las emociones que había intentado reprimir durante tanto tiempo finalmente habían estallado, y ahora no sabía cómo lidiar con ellas.

Cuando por fin llegó a la puerta de su casa, se detuvo para recuperar el aliento. El amanecer ya estaba en pleno apogeo, iluminando la calle con una luz suave y dorada. Hyunwoo tomó una última respiración profunda antes de abrir la puerta y entrar.

Sabía que tendría que enfrentarse a su familia, a sus preguntas, a su propia conciencia. Pero por ahora, lo único que deseaba era cerrar la puerta, meterse en su cama, y dejarse llevar por el sueño, aunque fuera solo por un momento, aunque fuera solo para olvidar.

entre sombras y deseos Donde viven las historias. Descúbrelo ahora