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Los días se sucedían sin que Minho mostrara señales de despertar. Hyunwoo, angustiado y lleno de culpa, se negaba a abandonar su lado. La academia había pasado a segundo plano; nada importaba más que estar ahí para Minho, esperando ansiosamente cualquier señal de mejoría.

Cada día, Hyunwoo se acomodaba en la incómoda silla al lado de la cama, sosteniendo la mano de Minho como si su propia vida dependiera de ello. Las horas se mezclaban con los minutos, y las noches eran largas y solitarias, pero él no se permitía flaquear. El silencio de la habitación era roto solo por el sonido de la respiración pausada de Minho y los susurros de Hyunwoo, rogando en su mente que despertara.

Finalmente, una noche, cuando el cansancio había vencido a Hyunwoo y este se había quedado dormido, sintió un leve movimiento en la mano que sostenía. Los ojos de Minho se abrieron lentamente, parpadeando mientras se adaptaban a la luz suave de la habitación. Lo primero que vio fue a Hyunwoo, su rostro marcado por la preocupación, pero también por el alivio, incluso mientras dormía.

Minho sonrió débilmente, sin soltar la mano de Hyunwoo, y susurró con voz rasposa como si necesitara confirmarlo para sí mismo.

—Hyunwoo... estás aquí.

El movimiento, aunque pequeño, despertó a Hyunwoo. Abrió los ojos de golpe, confundido por un momento antes de darse cuenta de que Minho lo estaba mirando. La mezcla de emociones que invadió a Hyunwoo fue abrumadora. Sin decir una palabra, sus ojos se llenaron de lágrimas, pero esta vez de alivio.

—Minho... —murmuró con la voz entrecortada—. ¡Has despertado!

Sin poder contenerse, Hyunwoo se inclinó sobre la cama y lo abrazó, sintiendo el calor y la realidad del momento. El largo sufrimiento parecía disolverse en ese instante, y aunque sabía que había mucho por sanar, el hecho de que Minho estuviera despierto y consciente lo llenó de una esperanza que no había sentido en días.

Lo primero que hizo Minho después de despertar completamente fue dirigir su mirada a la puerta de la habitación. Con voz suave pero firme, le pidió a Hyunwoo:

—Cierra la puerta con seguro.

Hyunwoo, aunque un poco desconcertado, obedeció sin cuestionar. Caminó hacia la puerta, la cerró con cuidado y echó el seguro. Luego, regresó al lado de Minho, quien había logrado incorporarse un poco en la cama, apoyando su espalda contra el respaldar de la camilla. Sus ojos brillaban con una mezcla de deseo y ternura mientras le hacía un gesto a Hyunwoo para que se acercara más.

—Ven aquí, sube a la camilla —le pidió Minho, su voz cargada de una necesidad que no podía ocultar.

Hyunwoo, aún algo inseguro, hizo lo que le pedía, subiendo con cuidado a la camilla y acomodándose a su lado. Minho no perdió tiempo y, con una mano firme pero gentil, lo agarró de la cintura, atrayéndolo hacia él.

—Te he extrañado tanto... —susurró Minho, mientras acercaba sus labios a los de Hyunwoo, buscando el consuelo y el calor que solo él podía ofrecerle.

Hyunwoo sintió cómo la fuerza de Minho lo sostenía con una delicadeza que contrastaba con la intensidad del beso que le dio, un beso que llevaba días esperando, cargado de emociones reprimidas y anhelos compartidos. La habitación se llenó de la calidez de ese momento, mientras ambos se entregaban a un sentimiento que, a pesar de las adversidades, seguía ardiendo con fuerza.

Después del intenso beso, Hyunwoo sintió que el ambiente en la habitación se volvía aún más cargado. Minho mantenía sus manos firmemente en su cintura, pero algo en la expresión de su rostro había cambiado.

Hyunwoo, todavía recuperándose de la emoción del beso, notó una presión en su pierna. Bajó la mirada con cierta curiosidad y se dio cuenta de que Minho tenía una erección que se notaba claramente bajo la sábana.

entre sombras y deseos Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora