El hecho de saber que el príncipe y Axe aceptaron guardar el secreto me mantenía mucho más relajado, me aliviaba saber que ya no tendría que vestir como Dafne cuando estuviese con ellos, además podíamos hablar con mayor libertad sobre nuestra relación.
Me estaba divirtiendo, mi bebé la mayor parte del tiempo estaba soltando adorables balbuceos por las muecas que hacía el príncipe, tratándolo en todo momento con ternura.
Era evidente que el hecho de tenerlos aquí me gustaba, principalmente porque podíamos tener una agradable cena que acompañamos con vino, aprovechando que Aleph estaba tranquilo y entretenido en los brazos de su padre.
Como queríamos que el príncipe comiera con comodidad, mi esposo le pidió de regreso a nuestro hijo para que el resto pudiese comer con calma, mientras él acomodaba a nuestro pequeño en su brazo izquierdo.
Me gusta como se ve con nuestro pequeño, su mirada despreocupada mientras hablaba y reía se combinaba con aquellos tiernos ojos de Aleph quien lo miraba casi tanto como yo.
Aleph se llevó las manos a la boca, soltando balbuceos y cuando su padre lo miraba, sonreía de un modo precioso, contagiando esa pequeña sonrisa en los labios de mi esposo.
Sé que no todos cuidan tanto a sus hijos, al menos los cercanos a la realeza tienden a ser más toscos con sus hijos, muchos de ellos ni siquiera desean tener un hijo, sin embargo, a diferencia de todos ellos, espero que nuestro Aleph reciba mucho amor.
Como no tuve padres a los que imitar, mis tratos hacia nuestro bebé van dirigidos con amor, tratando de darle todo lo que no tuve bajo un contexto sentimental.
Los cubiertos rozando el plato parecían llamar la atención de Aleph, este miraba con curiosidad nuestros platos y hasta estiraba sus manos para alcanzar la cena de su padre, aunque debido a sus cortos brazos no alcanzaba la mesa.
Eso no significa que no se haya esforzado, de hecho, parecía que toda su atención estaba puesta en aquella pequeña misión que se planteó.
—La comida está deliciosa— aseguraba el príncipe, cortando con facilidad la carne que había preparado.
—Y eso que no has probado el postre— le decía Conrad con una sonrisa— Charlie siempre prepara cosas deliciosas.
—¿Me puedo llevar a Charlie al castillo? Podría trabajar como mi cocinero personal.
—Claro que no— respondió de inmediato Conrad, mientras yo sonreía a la vez que levantaba los platos— espera, mi amor— me dijo cuándo iba a tomar el suyo.
Su plato no tenía nada, sólo le quedaba un poco de la salsa que preparé para la carne. Él deslizó su dedo por el plato, tomando un poco de salsa antes de acercarlo a nuestro hijo.
Este se aferró al dedo de su padre, lamiendo lo que tanto deseaba, aunque puso cara de asco mientras alejaba la mano de su padre.
Por supuesto que todos carcajeamos al ver como no le había gustado, además con sus manos trataba de limpiar su lengua.
—Estaba muy delicioso, gracias— me dijo Axe, tomando su plato para entregármelo.
—Veo que a todos le ha gustado, menos a nuestro hijo— solté riendo, tomando las cosas para ponerlas sobre un carrito de vajilla con la que normalmente bajo para llevar todo de un viaje a la cocina.
Como tenía el postre en el carrito escondido entre el mantel que lo decoraba, no tardé en darle a todos su porción, viendo como el príncipe miraba con asombro el postre, esperando con impaciencia para probarlo.
Era un mousse de chocolate con crema batida encima, esto era una pequeña bolita donde encima puse una cereza. Se veía bien, aunque los sonidos de placer al comerlo era lo que me confirmaba lo bien que había quedado.
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De Alquiler
FantasyMi nombre es Charlie, pero también soy Samantha, ambos son el mismo ser a pesar de que existan muchas diferencias entre nosotros, principalmente durante las noches cuando Samantha se ve forzada a intercambiar sus sonrisas por dinero. Debido a la épo...
