Capitulo Dos

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Appartenente.
Asecho.

Margot.

El desayuno a las ocho, a las doce la comida, y la cena a las siete. Aslan suele tomar sus estudios a las cuatro de la tarde hasta las ocho de la noche, después de eso, tiene todo el tiempo del mundo para jugar.

A veces era aburrido.

Cuando Aslan estaba en casa aprendiendo bajo el cuidado de Alexander, yo me quedaba afuera practicando puntería y haciendo ejercicio.

Por qué claro estaba, si Damien perdía, yo iba a morir y Aslan seguía conmigo, o incluso antes.
Por eso necesitaba entrenar, estar fuerte y saber defenderme para poder defender a mi hijo, mi pequeño Aslan. Inhale profundo, apreté el arma en mis manos por la parte del gatillo mientras Damien me observa a lo lejos, piensa que no lo veo pero está ahí, siempre está.

Suspiro pesado y después una ráfaga de disparos salen y me hacen perder la estabilidad y tambaleó. Me detengo y suspiro pesado, si que esto me estaba superando. Quitó mi cabello del rostro, sentí como mis mejillas se tiñeron de rojo cuando lo escuché reírse.

Sus pasos fueron detenidos, avanza y llega hasta mi con los brazos cruzados a la altura de su pecho y como siempre, una sonrisa ladina se pinta en su rostro antes de decir:

—Eso te queda muy grande —me dice jugando con el arma en sus manos.

Claramente lo estaba, un arma tan grande como lo es la arma 47 abarcaba la mitad de mi cuerpo, era pesada y difícil de controlar, claramente iba a vacilar con ella.

—Quisiera saber el por qué no me pides ayuda —añade al ver qué solo lo miro con desdén.

—Eres un egocéntrico cuando lo hago —le dije desviando la mirada y tomando el arma en su posición—. Siempre me lo cobras de alguna forma.

La botella de vidrio se camufla en el sol poniente.

—No hay alguna forma en la que pueda cobrarte cariño simplemente es que yo debo de ayudarte a saber defenderte de los riesgos que podrían venir a nosotros, sabiendo que mayormente las personas que atacan, atacan con calibres de este modo —me dice mientras se posiciona detrás de mi.

Me gira y es ahí cuando mi cuerpo queda hacia las botellas, las manos de Damien hacen que sus dedos hagan un recorrido en mis brazos, sus dedos hacen un pequeño cosquilleo recorriendo mis brazos, desde los tríceps hasta llegar a mis manos, dónde entrelaza sus dedos con los míos, suelta una de mis manos y levanta el arma acto seguido, se acerca a mi oído y susurra:

—El arma aquí —dijo al mismo tiempo que subía el arma a mi pecho, en un susurro cosquilloso que me hizo erizar la piel.

Pase saliva ante el cosquilleo que me recorría el estómago.

—Sujeta fuerte.

El sonido de esta pega en mi pecho, después, siento a Damien más íntimo cuando su pecho queda en mi espalda, después sus caderas rosan por completo con mis glúteos, pareciera ser que quería fundirse en mi.

Después, el arma deja a la vista la botella. Miró a Damien quien no me devuelve la mirada, la mantiene en la mira.

—Ojos en el objetivo.

Miró la botella. La mano izquierda de Damien sujeta la derecha mía, mete los dedos en el gatillo y acto seguido, una ráfaga de disparos salen y me hacen tambalear, a diferencia que ahora, Damien no me ha permitido caer.

Esta vez, tuve mi soporte.

Las aves volaron aterradas, el sonido del arma es adormecedor tanto que podría decir que un dolor quedó impregnado en mis tímpanos.
Damien parece tener ya oídos listos para cualquier disparo, ya que ni siquiera parpadeo o se tambaleó, su cuerpo pareció de roca cuando las balas salieron disparadas..

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