Capítulo Cinco: Confiar.

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Margot:

Regresar a Italia.

Regresar a los recuerdos.

Regresar a donde comenzó todo.

Italia, la causa de mis pesares y mis insomnios, la causa de que este aquí, todo ese pasado que ahora me está llevando al vacío.

Inhalo profundo y miro la botella, apunto y directamente disparo para verla hacerse trizas apenas la bala la toca, se destroza en pedazos y su existencia queda perdida en la nada.

Nada será igual, no tengo un lugar a donde regresar, no tengo familia a la cual regresar, no tengo nada ahora, solo a Aslan, si me iba, me llevaba a Aslan.

Pero no podía irme, aún no.

Suelto un suspiro y elevo el rostro al cielo, el cual estaba teñido de los dorados amaneceres, entre los árboles y las aves que recién volaban de allá a acá por el amanecer. Este dia había comenzado, despues de recordar todo lo que paso anoche, después de todo esto que no debió de pasar, no frente a Aslan.

¿Como lo vería a la cara?

Sentí mis ojos arder, quería llorar hasta que mis ojos quedasen secos, todo estaba mal, el infiltrado, Aslan, incluso yo y Damien.

Todo estaba mal.

—¿Margot?

Cuando me giro, veo a Alexander llegar entre los pastos, frunzo las cejas y retrocedo un paso, Alexander sonríe y me extiende una botella de agua, la cual tomo y abro para dar un gran trago.

—¿Sedienta?

Suelto un suspiro y bajo la botella a mis manos, estaba cansada de este tipo.

—¿Qué no llegabas mañana?

Alexander levanta los hombros.

—Llegué anoche por que terminé mis pendientes antes.

Alexander a veces me daba cierto miedo, bueno, la casa si es algo grande, ¿Pero cuántos entro y ni siquiera Damien se dio cuenta?

—Tengo noticias sobre tus padres biológicos —me dice con una sonrisa.

Un cosquilleo me recorre el cuerpo, tanto que siento mis manos temblar, la respuesta a todas las cosas puede estar con ellos, necesito ir ahora mismo, ¿Que estarán haciendo? ¿Como lucen? ¿Qué ha sido de ellos?

—¿Qué descubriste?

Alexander rebusca en su pantalón y de ella saca una fotografía donde se ven dos personas, entre ellas, una señora rubia, y al lado, otro señor regordete que sonríe a la cámara. Inhalo profundo y volteo la fotografía, una dirección, en Inglaterra.

Inglaterra.

Miro a Alexander, aturdida.

—Ellos viven ahí, hablé con ellos este fin de semana y han accedido a que los visites, ¿Te parece este fin de mes?

Siento mi estomago hormiguear en nervios, ¿tan pronto? ¿Qué pasaría con Aslan? ¿Qué pasaría con Damien?

Suelto un suspiro y bajo la mirada, irme sería dejarlos solos, o solo dejar a Damien lo cual no es preocupación para mí.

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