Capítulo Seis: Dolor.

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Margot:

Aquella mañana, Alexander cayó al suelo mientras tomaba su herida, la sangre salía y escurría entre sus dedos como grandes caudales, por otro lado, yo apretaba los labios de tal forma que sentía que me controlaba a no molerlo a golpes, mis respaciones eran agitadas, respiraba de tal forma que mis inhalaciones eran escuchadas, sentía temblar mi cuerpo, sentía como poco a poco perdía la noción de lo que hacía y de como lo estaba sobrellevando, ¿esta bien lo que estoy haciendo?

Sin pensar en la moral, cargo el arma.

Su sonido hace a Alexander arrastrarse por el piso con los talones, el calor inunda mi cuerpo apenas estamos afuera de ese frío cuarto, apunto con el arma y le disparo de nuevo en el abdomen, este jadea, cargo el arma de nuevo.

Aslan confiaba en él.

Aslan le quería.

¿Qué carajos hizo? ¿Qué le hizo a mi niño? ¿Por qué mi querido hijo tenía que pasar esto? ¿Por qué tiene que pasar y arrastrar el mismo dolor de su madre?

Disparo de nuevo.

Damien me abraza por la espalda, siento su aroma en mi cuerpo, su calor se transmitía a mi alma, dolía, dolía tanto que quería matarlo, matar con él el trauma de mi hijo, matar con él todo lo que ha hecho mal, lo que yo he hecho mal.

—Aslan está asustado, tranquilízate.

Damien besa mi mejilla y esa acción me trae a la realidad. Detrás de nosotros mi hijo berreaba desconsolado, asustado, había manchado mi pantalón blanco con la sangre de este enfermo, duele, duele tanto ver a mi hijo sufrir que lo único que quiero hacer es matar ese dolor..

Quiero matarlo.

—Margot..

Su susurro, su fuerte abrazo me debilitan, paso saliva y suelto un sollozo, sin que Damien me pueda decir algo me aparto de los brazos de Damien para ir por mi hijo, a quien tome en brazos y lo llevé afuera de la habitación sin mirar al hombre que se desangra en el piso, no miro a Damien, a nadie le presto atención, solo a él, era lo único que importaba en este momento, protegerlo, abrazarlo, transmitirle mi paz y amor.

Ya que ese es el trabajo de una madre.

Apenas estoy en la habitación de mi hijo, lo recuesto en la cama, mientras él sigue llorando, me recuesto en su pecho y sin darme cuenta, mis manos han manchado su camiseta café de sangre, de mis lágrimas y dolores. Externo mi dolor por primera vez después de que mamá me abandonó, lloro como una niña, lloro en el pecho de mi hijo, lloro por lo que vivió, a final de cuentas, pasó por lo mismo que su madre, lo mismo que pasó para traerlo al mundo, todo lo malo que pasó gracias a Damien.

Todo lo que le pertenece parece que muere a su tacto.

Yo he muerto, muchas veces y puedo seguir en pie por mi hijo, por Aslan, mi amado pequeño que llora entre mis brazos, no, de hecho, yo lloro entre los de él por que sé lo que se siente, sé lo que pasa, pero para mi suerte yo sabía que eso pasaba entre las parejas cuando se quieren, pero nunca me había pasado por la cabeza que también pasa cuando no se quieren..

Obligarte.

Mi querido hijo tenía cuatro años.

Mi amado Aslan tenía solo cuatro años.

No tenía idea de la vida, de lo malo que sucede, de todo lo que pasa entre el humano, el por qué el hombre y la mujer son creados, con que propósito..

Mi hijo no tenía ni idea.

Las lagrimas y los berridos de ambos es lo único que se escucha en la habitación, una llena de juguetes e inocencia pura, una habitación en la que ambos hablábamos sobre temas de niños, sobre su pago que usa para bañarse, sobre su hermoso baño marítimo, sobre todo lo que le gusta, sobre sus dibujos, sobre toda la inocencia que un niño puede tener.

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