Margot:
Apenas era por la mañana.
El sol se asomaba por el horizonte, desprendía dorados sobre los gigantes pinos que rodean la mansión, aquel frío que comenzaba a llenar mi cuerpo en escalofríos me hace abrazarme a mí misma, ya que el día de hoy dejaba todo aquello que por cinco años, Demian había protegido: su familia.
Apenas estoy de pie frente a la camioneta, aprieto el hombro de mi hijo, quien me mira y baja el rostro hacia sus manos con las cuales juega.
Damien no dice nada, solamente sus intensos iris lo miran con cuidado y dolor, su hijo, su querido Aslan quien apenas había comenzado la vida estaba viendo cuales eran las circunstancias de ella. Sabía que a Damien le dolía, y mira que a quien no, por qué si sabemos algo todos aquí, incluido aquel infiltrado del que tanto hablamos, es que nuestro hijo Aslan, es la perdición mía y de Damien.
Inhalo profundo y carraspeo mi garganta.
—¿Vas a despedirte de papá? —le pregunto a mi hijo inclinandome un poco a su altura.
Aslan me mira, sus ojitos aún lagrimosos me observan con cariño, pero a la vez siguen sin ese brillo especial que caracteriza a los niños de su edad.
Aquel brillo que otorga la felicidad.
Él baja la mirada y asiente, camina hacia su padre y apenas está a un paso de distancia, la diferencia de altura es muchísima, más por qué Damien mide casi dos metros, con aquellas prendas gruesas y llenas de capas, lo cual lo hace ver más grueso e imponente, por lo tanto mi hijo, viste solamente una gabardina negra, pantalón negro de tela gruesa y unas botas.
Sabía lo mucho que pasaba por la cabeza de Damien, las múltiples veces en las que intentó protegerlo, cuando incluso nos enteramos que venía en camino, cuando nació que cuidaba de él de día y de noche ya que yo había pasado bastantes noches de insomnio por su culpa, ahora él necesitaba estar cerca, que su hijo supiera que su padre estaba ahí, en ciertas ocasiones, pero no para jugar pelota con él los domingos.
Es como un soldado, sé que aquel rostro firme, con el ceño fruncido y sus ojos hundidos en sus largas pestañas me gritan el dolor que no puede expresar. Le conozco, tanto para decir que justo ahora quiere llorar como un niño al ver que el suyo se va. Inhala profundo y apenas se digna se hinca ante su hijo y lo abraza con fuerza, mi querido Aslan me dirige sus ojos azules, tan profundos como los de su padre hacia mí, yo sonrío a labios cerrados.
Mi hijo se voltea y abraza a su padre de regreso, yo por otro lado no puedo evitar sentir un nudo en la garganta cuando escucho a Damien llorar, cuando una lágrima corre por su mejilla y me hace impaciente, quiero irme ahora antes de que me arrepienta.
Sus berridos inundan los oídos de mi hijo, él cual no hace ninguna emoción a flote, solamente se mantiene serio sin decir más. El dolor era indescriptible, un padre que no mirará más a su hijo en lo que tenga de existencia, parecerá que morirá para él, después de esto, Damien jamás volverá a ver a Aslan.
Miro mi reloj, justamente las seis con siete de la mañana. Paso saliva y bajo las manos a mi vientre bajo donde las sujeto de mis muñecas, inhalo profundo, tanto que siento mis clavículas marcarse en mi pecho, el dolor se acumula en mi pecho, pero no debo de doblegar, esto es por el bien de Aslan.
Apenas Damien se separa, sus mejillas están rojas y llenas de lágrimas, su sonrisa se ve dolosa, torcida y sin gracia de felicidad, solamente la muestra cuando ve a su hijo, por última vez.
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Appartenente.
RomansaMargot sale una tarde de su casa a celebrar su aniversario de tres años con su novio. Después de una acalorada discusión, Margot regresa a casa donde unos ruidos extraños la obligan a salir, es ahí cuando se da cuenta que su novio está tirado en el...
