Capitulo Cuatro.

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Appartenente.

Margot.

El rostro de mi hijo tiene una expresión indescifrable, puedo saber que sus ojos muestran confusión, pero a la vez miedo, una mirada que ahora sé que refleja el asco que está sintiendo en este momento por su madre.

Sostiene en sus manos su peluche de felpa, la inocencia rota está marcada en su rostro y el miedo ilumina su mirada, sus ojos marcan una pupila dilatada y a la vez me hace querer arrancarme el corazón.

Me siento del asco.

Me levanto de Damien y acomodo mi ropa apenas estoy de pie, paso saliva y acomodo la bata que tengo sobre mis hombros, quiero decir algo y en serio lo intento pero simplemente nada sale de mi boca, me quedo en silencio mientras mi hijo me observa desde la puerta sin poder decir algo.

Y lo peor de todo, yo le había dicho que si tenía pesadillas me buscase, ¿Qué sintió cuando encontró a su madre en una posición tan asquerosa?

Me doy asco.

Sus ojos me miran en busca de una respuesta, su agarre se afianza al oso y hace un puchero con sus labios, sus ojos que antes brillaban ahora derraman lágrimas y corren por sus mejillas hasta caer a su pijama de seda.

Trato de decir algo pero mi boca solo se queda abierta.

Para mí suerte, Damien se ha levantado de su silla, lo miro y camina hacia él, con cautela y con el entrecejo fruncido. Se hinca ante él y lo abraza, tomando su cabello y pegando su cuerpo al suyo tratando de brindar tranquilidad, lo cual es imposible cuando los ojos de mi hijo se encuentran con los míos.

No puedo verlo.

—Siento lo que acabas de ver, lo siento tanto disculpame.

La voz de Damien suena sincera, parece ser que está vez en serio está preocupado por su hijo, pero una vez sabemos que un niño pequeño mira estás cosas, está condenado a un trauma.

Mis manos tiemblan y mi alma parece haber entrado en desconcierto, tenía tanto que decir pero las palabras se quedan cortas en mi alma y me obligan a observar de lejos, no podía darle apoyo emocional a mi hijo, ni siquiera tengo el derecho de hacerlo.

Camino poco a poco hasta mi hijo, quien me sigue con la mirada a cada paso, me acerco a ambos y tomo a Aslan en un abrazo, el cual hacia ambos padres no es recibido de vuelta. Aprieto su cuerpo con el mío y siento al fin las lágrimas correr por mis mejillas.

—¿Tuviste una pesadilla? —susurre.

Aslan levanta la mirada hacia mi y niega.

—Tuve miedo de dormir solo —susurra.

Asiento.

—Vamos a dormir a mi habitación, ¿bien?

Aslan asiente.

—¿Qué hacías con papá? —pregunta.

Miro a Damien quién solo suelta un suspiro pesado, toma a Aslan en sus brazos y se levanta del suelo con él.

—Nada importante, ¿Vamos a dormir? —cuestiona Damien.

Aslan asiente y se abraza de su padre, quien me echa una mirada para que vaya a vestirme de una forma más apropiada. Asiento y acaricio el cabello de Aslan, quien ahora va cerrando los ojos poco a poco hasta poder quedarse dormido sobre el pecho de Damien.

La vergüenza me recorre el cuerpo apenas se van, siento como la sangre corre de nuevo.

La luz de la luna se coloca en las ventanas y deslumbra en el suelo, ni siquiera es necesario tener la luz encendida, la luna me llena de eternidad el alma.

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