_UN AÑO SIN TI_
Alexandra se encontraba frente al gran mapa del mundo en su despacho, marcando con alfileres los destinos que visitaría en el próximo año. Desde Asia hasta partes de América, su responsabilidad como representante de Industrias Montoya la llevaría a recorrer múltiples países, estableciendo contratos y fortaleciendo alianzas estratégicas.
Andrea observaba desde la puerta, con una mezcla de orgullo y preocupación. Sabía que este era un paso crucial para el futuro de Alexandra y para el legado de ambas familias, pero no podía evitar sentir un nudo en el estómago al pensar en el tiempo que estarían separadas.
—¿Estás lista para esto? —preguntó Andrea finalmente, acercándose a Alexandra y posando una mano en su hombro.
Alexandra suspiró, mirando hacia el mapa con determinación.
—Sí, tengo que estarlo. Es mucho lo que está en juego. Pero prometo que volveré lo más pronto posible.
Andrea asintió, tratando de mantener una sonrisa en su rostro.
—Lo sé. Estaré aquí, esperando por ti. Cuida de ti misma allá afuera, ¿de acuerdo?
Alexandra se giró hacia Andrea, tomando sus manos entre las suyas con ternura.
—Siempre. Y te prometo que esto nos fortalecerá. Cuando regrese, seremos más fuertes juntas.
Con un beso suave en los labios de Andrea, Alexandra se despidió, dejando un vacío que solo el tiempo y la distancia podrían llenar.
El primer mes lejos de Andrea fue una montaña rusa emocional para Alexandra. Los días comenzaban temprano con reuniones interminables, firmas de contratos y presentaciones en idiomas que no dominaba completamente. Cada noche, cuando regresaba a su hotel, el silencio se volvía ensordecedor. Se sorprendía revisando su teléfono, anhelando un mensaje de Andrea, pero sabía que la intensidad de su agenda no le daba espacio ni siquiera para una llamada.
A medida que los meses pasaban, Alexandra desarrolló un peculiar hábito: cada vez que algo le recordaba a Andrea, lo compraba. Un collar de jade en China porque Andrea siempre había querido visitar la Muralla; una pulsera de plata en México que tenía grabada la frase "Para siempre"; un cuadro con un paisaje que describía perfectamente la vista que compartieron en su primera cita. Pronto, una maleta completa comenzó a llenarse con estos recuerdos, cada objeto acompañado de una nota donde Alexandra escribía lo que había pensado en el momento.
En París, Alexandra se detuvo frente a una joyería de renombre. Recordó cómo Andrea se emocionaba con las historias románticas y, sin dudarlo, adquirió un anillo de oro blanco. No era una propuesta aún, pero quería tenerlo listo para cuando llegara el momento perfecto.
El peso de las responsabilidades a menudo la distraía de la soledad, pero había noches en las que el recuerdo de Andrea la abrumaba. En un viaje a Japón, encontró un pequeño parque lleno de cerezos en flor. Sentada bajo un árbol, escribió una carta para Andrea, relatándole todo lo que había vivido, lo que había aprendido y lo mucho que la extrañaba. Sabía que no podría enviarla, pero guardarla le daba consuelo.
En Estambul, mientras Alexandra paseaba por el Gran Bazar, encontró un par de pendientes con pequeños detalles en azul turquesa que le recordaron los ojos de Andrea. "Ella los amará", pensó, sonriendo para sí misma. Cada compra no solo era un objeto físico, sino una forma de mantener vivo el vínculo con Andrea, incluso a kilómetros de distancia.
Uno de los momentos más difíciles llegó durante su estancia en Río de Janeiro. Después de un largo día de reuniones, Alexandra se permitió una pausa para caminar por la playa de Copacabana. La vista del atardecer le recordó una de las tantas veces que había compartido con Andrea momentos simples pero llenos de significado. Sentada en la arena, sintió un nudo en el pecho al darse cuenta de cuánto la extrañaba. Allí, escribió otra carta, más emotiva que las anteriores, donde le prometía a Andrea que cada sacrificio valdría la pena cuando estuvieran juntas de nuevo.
Conforme avanzaban los meses, Alexandra comenzó a notar cómo su perspectiva cambiaba. Las reuniones y negociaciones, que al principio se sentían como una carga pesada, ahora las veía como pasos hacia un futuro que quería construir con Andrea. Cada éxito que lograba lo veía como un regalo para ambas, un paso más hacia la estabilidad que soñaba ofrecerle.
Un año después, al terminar su última reunión en Nueva York, Alexandra miró el calendario.
—Pronto volveré a verte Andy —pensó, su corazón latiendo con fuerza al imaginar el reencuentro.
La maleta llena de recuerdos estaba lista, y con ella, todas las emociones que había acumulado durante esos largos meses lejos de Andrea. En su interior, además de los objetos, llevaba consigo las cartas, los anillos y una promesa renovada: nunca más dejar que la distancia se interpusiera entre ellas.
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La Parada de Autobús Incorrecta | Un Encuentro Inesperado
Teen FictionA veces, conocer a alguien en el lugar menos esperado puede cambiar tu vida de manera inesperada. Ese día, en la parada de bus equivocada, conocí a la chica más linda y tierna que jamás podría imaginar. Lo que empezó como un simple encuentro se conv...
