_¡ALEX, NO ME DEJES!_
Antes de que la ambulancia llegará a la casa, Andrea, en su desesperación, alcanzó a llamar a los padres de su prometida, Martin y Carolina Montoya.
No sabía cómo les iba a contar, pero no podía mantenerlos fuera de toda esa situación. En cuanto colgó, ellos habían llegado al hospital con rapidez y fueron conducidos a la sala de espera.
La ambulancia llegó minutos después y mientras los paramédicos atendían a Alexandra, Andrea se aferraba a su mano, rogando en su mente que no la perdiera.
—No te voy a dejar... No te voy a dejar, Alex. —las palabras de Andrea se entremezclaban con el dolor de ver a su amor desangrarse frente a ella.
Andrea no podía apartar su mirada de la herida de Alexandra. El dolor en su pecho era insoportable, como si su propio corazón estuviera herido.
Alexandra estaba pálida, su rostro demacrado por la pérdida de sangre. Su respiración era errática, y sus ojos, aunque abiertos, no mostraban la misma chispa de vida que Andrea conocía tan bien.
La angustia que recorría su cuerpo era tan profunda que sentía como si el mundo estuviera a punto de desmoronarse bajo sus pies. Cada segundo que pasaba sin ver una mejora, cada latido de su corazón, le recordaba la fragilidad de la vida, y el miedo de perderla comenzaba a apoderarse de ella.
—No... no puedes irte... No ahora, Alex... —murmuró Andrea entre sollozos, mirando a la paramédica con una desesperación visible. Sus manos temblaban al intentar sostener la herida de Alexandra, como si intentara darle vida a través del simple toque.
El sonido de la sirena de la ambulancia se hacía más y más lejano en la mente de Andrea, y aunque los paramédicos trabajaban rápidamente, sentía que cada segundo sin respuesta de Alexandra era una eternidad. Había visto a su amada luchar tantas veces antes, pero esta vez... esta vez parecía diferente.
—Por favor, Alex... no me dejes... —susurró, su voz quebrada por el dolor. Sus ojos brillaban con lágrimas que caían sin cesar, pero no podía dejarla ir. No podía perderla.
Alexandra, aún inconsciente, parecía estar luchando en su interior. Andrea se inclinó sobre ella, besando su frente con ternura, deseando que su amor fuera suficiente para salvarla.
—Te necesito. Te amo. No quiero vivir sin ti... —las palabras eran un susurro, un grito ahogado en el abismo de la desesperación. Su mente se llenó de recuerdos de su vida juntas: las risas, los abrazos, las promesas que se hicieron. Y ahora, todo eso estaba en peligro.
Pero a pesar de la aparente fragilidad de Alexandra, algo en su interior seguía luchando. Un leve movimiento en su mano, una leve presión que Andrea sintió como una respuesta a su desesperación. Alexandra estaba luchando, pero ¿sería suficiente?
Finalmente, el vehículo frenó abruptamente y los paramédicos comenzaron a sacar a Alexandra de la ambulancia, con Andrea a su lado, incapaz de separarse de ella. Estaba aterrada, pero no podía permitir que su miedo la detuviera. Había prometido que nunca la dejaría sola, y no lo haría ahora.
—Te amo, Alex. No me dejes, por favor —Andrea repetía la misma súplica una y otra vez.
—Disculpe señorita, pero aquí no puede entrar, no está permitido el ingreso al quirófano —dijo una de las enfermeras separando a Andrea de Alexandra que enseguida fue llevada al quirófano —Puede estar en la sala de espera —dicho esto la enfermera ingreso al quirófano.
Andrea, con la mente enloquecida por el miedo y el dolor, apenas podía permanecer en un lugar. Se encontraba sentada en la sala de espera junto a los padres de Alexandra, quienes estaban igual de devastados. Martin, con el rostro pálido y su respiración pesada, trataba de consolar a Carolina, quien no dejaba de temblar.
—Todo va a estar bien... —Andrea dijo con una voz débil, aunque sus palabras no reflejaban la realidad que sentía. Pero era todo lo que podía decir mientras los tres esperaban, como si en algún momento la ansiedad desapareciera y los médicos salieran con buenas noticias.
Pasaron interminables horas antes de que finalmente los médicos salieran. La sensación de angustia era palpable en la sala. Los ojos de Andrea no se apartaban ni un segundo del rostro del doctor, buscando una señal de esperanza.
—Está estable. Logramos detener la hemorragia... —dijo el doctor con voz calmada, pero seria —Sin embargo, sigue siendo una situación crítica. Necesitará tiempo para recuperarse.
Andrea exhaló lentamente, sintiendo un pequeño atisbo de alivio. Pero sabía que aún quedaba mucho camino por recorrer. Finalmente, después de lo que pareció una eternidad, Andrea pudo entrar a la habitación donde Alexandra descansaba.
Alexandra, aunque pálida y débil, abrió los ojos y vio a Andrea a su lado. El alivio fue inmediato, aunque la preocupación seguía latente en su pecho.
—Alex... —Andrea soltó un suspiro de alivio al ver esos ojos que tanto amaba.
—¿Me dijiste que... me amarías siempre? —la voz de Alexandra estaba rasposa, pero había una leve broma en sus palabras, como si intentara aliviar la tensión.
Andrea, con lágrimas en los ojos, se inclinó sobre ella, acariciando su rostro con ternura. No importaba cuánto hubiera sufrido, no importaba el miedo que había sentido: su amor por Alexandra nunca cambiaría.
—Siempre, Alex. Siempre te amaré. —Andrea besó sus labios suavemente, sin dejar de mirarla. El miedo había desaparecido momentáneamente, reemplazado por la certeza de que Alexandra estaba viva. Que había sobrevivido.
El resto del mundo podía esperar, pero ese momento era suyo. Y aunque la amenaza de Teresa seguía presente en el horizonte, Andrea sabía que mientras estuvieran juntas, nada las separaría.
Alexandra aún tenía una batalla por delante, pero ya no estaba sola. Y eso, para Andrea, era lo único que importaba.
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La Parada de Autobús Incorrecta | Un Encuentro Inesperado
Teen FictionA veces, conocer a alguien en el lugar menos esperado puede cambiar tu vida de manera inesperada. Ese día, en la parada de bus equivocada, conocí a la chica más linda y tierna que jamás podría imaginar. Lo que empezó como un simple encuentro se conv...
