CAPÍTULO 40: ¿QUIÉN ES ESE?

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_¿QUIÉN ES ESE?_

El sol brillaba cálidamente aquella tarde mientras Alexandra acomodaba unas cajas en la sala. Apenas habían pasado unos días desde su regreso, y aún se estaba adaptando a estar de nuevo en casa con Andrea. Sin embargo, la paz de ese momento se rompió cuando miró por la ventana y vio algo que hizo que su corazón se acelerara: Andrea estaba en el jardín, conversando animadamente con un chico que Alexandra no reconocía.

Frunciendo el ceño, Alexandra dejó lo que estaba haciendo y salió al jardín. Desde lejos, pudo escuchar las risas de Andrea mientras el chico se inclinaba ligeramente hacia ella, claramente demasiado cómodo para su gusto.

—¿Andrea? —llamó Alexandra, con una voz que intentó mantener neutral, aunque su tono traicionaba su incomodidad.

Andrea se giró hacia Alexandra, sorprendida pero sonriente.

—¡Alex! Ven, quiero presentarte a alguien. Este es Daniel, un amigo de la infancia. Hace años que no lo veía.

Daniel extendió la mano hacia Alexandra, pero esta solo cruzó los brazos, mirándolo de arriba abajo con una mirada evaluadora.

—Hola —respondió Alexandra secamente, sin moverse un centímetro.

Daniel bajó la mano, un poco incómodo, pero pronto recuperó su confianza.

—He escuchado mucho sobre ti. Andrea no dejaba de hablar de lo feliz que estaba contigo cuando éramos más jóvenes.

—¿De verdad? —respondió Alexandra, con una sonrisa tensa mientras miraba a Andrea. Sus ojos decían todo: ¿Qué está pasando aquí?

Andrea, tratando de suavizar la situación, tomó la mano de Alexandra y la entrelazó con la suya.

—Alex, Daniel solo está de paso en la ciudad y quiso saludar. No hay nada de qué preocuparse.

Pero Alexandra no podía evitar notar cómo Daniel dirigía miradas a Andrea, demasiado largas y cargadas de intenciones

—Bueno, Daniel, creo que ya te saludó, ¿no? —dijo Alexandra, dando un paso hacia él—. Andrea y yo estábamos ocupadas, así que será mejor que...

—Alex —interrumpió Andrea suavemente, tirando de su brazo para calmarla—. No seas tan ruda.

—No te preocupes, Andrea —intervino Daniel, con una sonrisa confiada—. Entiendo. No quiero causar problemas.

Alexandra no pudo evitar soltar una pequeña risa sarcástica.

—Oh, claro que no quieres. Pero gracias por entender. —Dio un paso hacia la puerta del jardín, abriéndola como una clara invitación a que Daniel se fuera.

Daniel se despidió, aunque no sin dirigirle una última mirada a Andrea.

Cuando finalmente cerraron la puerta, Alexandra cruzó los brazos y la miró fijamente.

—¿Y desde cuándo tienes amigos que no mencionaste?

Andrea no pudo evitar reír, acercándose a Alexandra y rodeándola con sus brazos.

—Eres tan celosa, Alex. Pero me encanta. Es lindo saber que todavía me amas tanto como para preocuparte por cosas como esta.

Alexandra suspiró, dejando caer los hombros mientras la abrazaba de vuelta.

—Por supuesto que te amo. Solo... no me gusta cómo te miraba ese tipo. No tenía buenas intenciones.

Andrea acarició suavemente el rostro de Alexandra, besándola en la mejilla.

—No tienes nada de qué preocuparte. Tú eres todo lo que quiero.

Alexandra sonrió, aunque todavía con una leve desconfianza en su mirada.

—Está bien. Pero si vuelve, no voy a ser tan amable.

Ambas rieron, y la tensión del momento se disipó, dejando claro que, aunque los celos de Alexandra eran intensos, su amor por Andrea era aún más fuerte.

La Parada de Autobús Incorrecta  | Un Encuentro InesperadoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora