CAPÍTULO 70: UNA FAMILIA FELIZ

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_UNA FAMILIA FELIZ_

La luz del sol se filtraba suavemente por las ventanas de la casa de Alexandra y Andrea, iluminando los detalles que hacían del lugar un hogar. Fotos de momentos felices decoraban las paredes: la boda de ambas parejas, la luna de miel en Grecia, la llegada de su hija... cada imagen era un recordatorio de todo lo que habían superado juntas.

—¡Mamá Alex, mamá Andy, despiértense! —La pequeña Samantha, de apenas cinco años, saltaba en la cama matrimonial con una energía que parecía infinita a esa hora de la mañana.

Alexandra abrió un ojo y lanzó un leve quejido, mientras Andrea intentaba contener una risa.

—Samy, amor, ¿no sabes que tus mamás necesitan dormir un poquito más? —dijo Andrea, tratando de atrapar a la niña entre las sábanas, pero esta se escabulló como pez en el agua.

—¡Pero tengo hambre! ¡Y quiero panqueques! —protestó Samantha, riendo a carcajadas mientras Alexandra finalmente se sentaba en la cama, despeinada pero sonriente.

—Está bien, campeona. Vamos a hacer los mejores panqueques del mundo —dijo Alexandra, levantándose lentamente— Pero tú ayudas a batir ¿trato hecho?

—¡Hecho! —gritó Samantha, levantando su pequeña mano para hacer un "high five" con Alexandra.

Andrea las observó desde la cama, su corazón rebosante de amor al verlas interactuar. Cada día con Alexandra y Samantha era un recordatorio de lo lejos que habían llegado como pareja y como familia.

Momentos Cotidianos pero Inolvidables

La cocina se convirtió en un caos adorable mientras Alexandra y trabajaban juntas. Harina en el suelo, masa en las manos de la pequeña y una Alexandra que intentaba mantener las cosas bajo control sin mucho éxito.

—Alex, cariño, creo que estás usando más harina en Samy que en los panqueques —comentó Andrea mientras las observaba desde la mesa, sosteniendo una taza de café.

—Oye, esto es arte culinario en su máxima expresión —respondió Alexandra con fingida indignación.

—¡Soy una chef! —gritó Samantha, levantando las manos llenas de masa pegajosa.

Andrea río, mientras Alexandra sacudía la cabeza con una sonrisa.

Más tarde, el día continuó con momentos igualmente tiernos. En el parque, Samantha insistió en subirse al tobogán más grande, con Alexandra siguiéndola de cerca, siempre lista para atraparla. Andrea, sentada en una banca, las veía con orgullo, tomando fotos para capturar cada instante.

Por la tarde, Allison y Bárbara llegaron con su hija adoptiva, Abril (que con cariño la llamaban Ari), de seis años. Las dos niñas corrieron a jugar juntas, mientras las cuatro mujeres compartían risas y anécdotas.

—¿Recuerdan cuando Samantha apenas estaba aprendiendo a caminar? —preguntó Allison, sonriendo.

—¿Y cómo olvidarlo? —respondió Alexandra— Casi se nos escapa en el parque porque quería perseguir a un perro.

—Bueno, ahora no solo camina ¡corre como un rayo! —añadió Bárbara, mirando a las niñas con ternura.

El Paso de los Años

Los días se convirtieron en semanas, las semanas en meses y los meses en años. Sofía creció rodeada de amor y apoyo de sus mamás quienes estuvieron a su lado en cada paso importante.

El primer día de escuela fue una mezcla de emociones. Alexandra intentó parecer fuerte, pero terminó soltando unas lágrimas al despedirse de su pequeña en la puerta del aula. Andrea la consoló, aunque tampoco pudo evitar llorar un poco al ver a Samantha entrar con su mochila demasiado grande para su tamaño.

—¿Quién diría que criar a una niña sería tan emocionalmente agotador? —bromeó Alexandra mientras caminaban de regreso al auto.

—Y eso que apenas está empezando —respondió Andrea, tomándole la mano.

Con el tiempo, Samantha comenzó a desarrollar sus propios intereses. Le encantaba la música y deportes extremos, como Alexandra y el arte, como Andrea. Cada recital y cada competencia se convirtieron en un evento familiar, con abuelos, tías y amigas asistiendo para apoyarla.

Una Familia Completa

Un día, mientras cenaban en familia, Samantha, ya de siete años, miró a sus mamás con curiosidad.

—¿Creen que algún día pueda tener un hermano o una hermana? —preguntó, ladeando la cabeza.

Andrea y Alexandra intercambiaron una mirada divertida y luego sonrieron.

—¿Por qué lo preguntas, amor? —quiso saber Andrea.

—Porque creo que sería divertido tener a alguien más con quien jugar. Además, siempre dicen que las familias grandes son las más felices.

Alexandra río, acercándose a Samantha para revolverle el cabello.

—Nuestra familia ya es increíble, Samy. Pero nunca se sabe lo que el futuro puede traer.

Andrea asintió, sonriendo con complicidad.

Esa noche, mientras las tres se abrazaban en el sofá viendo una película, Alexandra y Andrea sintieron que, sin importar lo que sucediera, siempre tendrían una familia feliz, llena de amor, risas y momentos inolvidables.

El camino no había sido fácil, pero juntas habían creado algo hermoso y eterno. Una vida llena de felicidad, y un amor que siempre las guiaría.

La Parada de Autobús Incorrecta  | Un Encuentro InesperadoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora