_ÚLTIMA OPORTUNIDAD, ALEX_
El sol apenas comenzaba a despejar el horizonte cuando Alexandra llegó a su oficina, sintiendo el peso del día a punto de empezar. A pesar de las recientes amenazas y del regreso inesperado de Teresa, tenía que seguir con sus responsabilidades. El trabajo siempre había sido su refugio y aunque no podía evitar la preocupación que le causaba el regreso de Teresa, se concentró en lo que debía hacer.
Sin embargo, al entrar a su oficina, algo no estaba bien. La sensación de inquietud se apoderó de ella cuando vio a Teresa sentada tranquilamente en su escritorio, como si hubiera estado esperando su llegada. Alexandra se detuvo en seco, el rostro impasible, pero con los nervios a flor de piel.
—Te dije que no te acercaras más a mí —dijo Alexandra, tratando de mantener la calma, aunque su voz reflejaba el cansancio y la incomodidad que sentía al ver a Teresa otra vez en su vida.
Teresa, con una sonrisa que no llegaba a sus ojos, la observó como si estuviera evaluándola, como si intentara comprender hasta qué punto podría manipularla.
—No tienes por qué hablarme así, Alex. Después de todo, solo quiero hablar y creo que te debo una explicación —respondió Teresa, con un tono que ocultaba la furia que se acumulaba en su interior. Sabía que Alexandra no le iba a dar lo que quería tan fácilmente, pero lo intentaría de todos modos.
Alexandra, sin embargo, no estaba dispuesta a caer en su juego. Durante demasiado tiempo había permitido que Teresa tuviera control sobre su vida, pero ya no más. Miró fijamente a Teresa, su determinación más fuerte que nunca.
—No necesito tus explicaciones, Teresa. Vi lo que hiciste y ya no quiero que seas parte de mi vida —dijo Alexandra, dejando en claro que no iba a ceder a sus manipulaciones.
Teresa no tardó en perder la calma. Su rostro se tornó severo y el odio en sus ojos era palpable. No podía creer que después de todo lo que había hecho, Alexandra se negara a darle una última oportunidad. Su voz se alzó con rabia, pero aún mantenía un control frío.
—¿Así que todo lo que compartimos no significó nada para ti? ¿Ni siquiera un mínimo de respeto por lo que fuimos, Alex? —Teresa apretó los puños, su enojo evidente, pero lo peor fue el tono venenoso en sus palabras.
Alexandra no dio un paso atrás. Se plantó frente a Teresa, su presencia imponente.
—Lo que compartimos ya no existe, Teresa. Lo que paso, paso. Y eso ya es parte del pasado —dijo Alexandra con firmeza, sin titubear. Las palabras resonaron en la oficina, como un cierre definitivo a lo que una vez fue una relación tormentosa.
El rostro de Teresa se deformó por un momento, como si fuera incapaz de procesar lo que acababa de escuchar. El enojo y la frustración se apoderaron de ella y antes de que pudiera decir algo más, Alexandra continuó.
—Te di demasiadas oportunidades, Teresa. Y ya no hay más. Andrea es lo único que importa ahora. La amo y tú no vas a cambiar eso.
El nombre de Andrea cayó de sus labios con una intensidad que solo las palabras más sinceras pueden transmitir.
Alexandra no solo estaba reafirmando su amor por Andrea, sino también su compromiso con ella. Ya no era la misma persona que había caído en las manipulaciones de Teresa; ahora era alguien más fuerte, más madura, que había aprendido a priorizar lo que realmente importaba.
—Esta es la última oportunidad Alex, ven conmigo y te haré más feliz —dijo Teresa tratando de mantener la calma —Elije por las buenas o por las malas Alex
—Ya sabes mi respuesta Teresa... —respondió Teresa con tono serio.
Teresa, furiosa, se levantó de la silla y dio un paso hacia Alexandra, sus ojos fulgurantes de rabia.
—¿Crees que porque la amas todo estará bien? —gritó Teresa. Su voz temblaba de furia, pero también de una amenaza implícita. —No te engañes, Alex. Esto no ha terminado. No lo voy a dejar así. Ni tú ni ella.
Alexandra no se movió, ni un músculo. Estaba firme, inquebrantable. No importaba lo que Teresa dijera o hiciera; su decisión estaba tomada. Lo que no esperaba era lo que dijo después Teresa, palabras cargadas de veneno y furia.
—Estoy cansada de este lleva y trae, aquí sí hay amor, pero amor para ti ya no hay Teresa —añadió Alexandra con calma —No te creas tan importante, las cosas ya no son como antes, hace mucho que yo ya te olvidé —levantó la mano señaló la puerta— Ya vete Teresa.
—Ya veremos quién tiene la última palabra, Alex. No te voy a perdonar lo que me hiciste y esta vez tengo a alguien más para ayudarte a entenderlo. Camila Velasco está de mi lado y entre las dos, haremos que pagues —Teresa dijo con una sonrisa malévola, antes de girarse y abandonar la oficina sin mirar atrás.
Alexandra permaneció en silencio por un momento, digiriendo las palabras de Teresa. La amenaza de Camila Velasco no la tomó por sorpresa, pero aun así sentía que una parte de ella se tensaba. Había enfrentado a Teresa, pero el regreso de su aliada solo hacía que la situación fuera más peligrosa.
Andrea entró en la oficina poco después de que Teresa se fuera, percibiendo inmediatamente la atmósfera tensa.
—¿Todo bien? —preguntó Andrea, acercándose a Alexandra con cautela.
Alexandra, al ver a Andrea, no pudo evitar relajar su cuerpo. Su rostro se suavizó, pero el miedo por lo que Teresa y Camila pudieran hacer seguía latente en su pecho.
—Todo está bien —respondió Alexandra con una sonrisa pequeña, pero sincera. Sabía que, aunque Teresa y Camila fueran una amenaza, no iba a dejar que eso afectara lo que tenía con Andrea.
Ambas se quedaron un momento en silencio, conscientes de que, aunque el peligro se cernía sobre ellas, el amor que compartían las haría más fuertes.
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La Parada de Autobús Incorrecta | Un Encuentro Inesperado
Novela JuvenilA veces, conocer a alguien en el lugar menos esperado puede cambiar tu vida de manera inesperada. Ese día, en la parada de bus equivocada, conocí a la chica más linda y tierna que jamás podría imaginar. Lo que empezó como un simple encuentro se conv...
