_¿TE CASARÍAS CONMIGO, ALEX?_
El sol ya se había puesto, tiñendo el cielo de un suave tono naranja, y la noche comenzaba a envolver la ciudad. En la casa que ahora compartían, un aire de tranquilidad llenaba la habitación de Alexandra y Andrea. Después de todo lo vivido, de las amenazas y los peligros, algo más suave y cálido se había instalado entre ellas: la certeza de que, pase lo que pase, siempre se tendrían la una a la otra.
Andrea estaba en la cocina, preparando algo ligero para la cena. Su mirada se desvió hacia el reloj de la pared. Era el momento. Hoy era el día. Había planeado esto por semanas, queriendo que fuera especial para Alexandra. Después de tanto sufrimiento, merecían algo que celebrara todo lo bueno que compartían.
Mientras se acercaba a la mesa, Andrea se encontró con una Alexandra pensativa en el sofá, mirando por la ventana. Sabía que la reciente amenaza de Teresa aún rondaba por su mente, a pesar de que Alexandra había tratado de mantener la calma. Sin embargo, Andrea también lo sabía: ella nunca dejaría a Alexandra sola.
Con una sonrisa, Andrea se acercó y se agachó frente a ella, tomándola de las manos con ternura.
—Alex, sé que todo esto ha sido una montaña rusa emocional. Sé que aún estamos lidiando con los vestigios del pasado, pero quiero que sepas algo muy importante —Andrea miró a Alexandra con una profundidad que reflejaba todo el amor y la devoción que sentía por ella— No importa lo que pase, no importa cuántos obstáculos tengamos por delante, yo siempre estaré aquí para ti. Y nunca, jamás, te dejaré sola.
Alexandra la observó, sintiendo cómo las palabras de Andrea le llegaban al corazón. Había sido un año difícil, pero en momentos como este, se daba cuenta de que lo que tenía con Andrea era real, inquebrantable. La paz que sentía cuando Andrea la miraba con esos ojos llenos de promesas la tranquilizaba y las palabras de Andrea le devolvían la seguridad que había perdido por un momento.
—Te lo prometo, Alex. No voy a ir a ningún lado. Estaré a tu lado, siempre —dijo Andrea con una mirada firme y amorosa.
Un suspiro salió de los labios de Alexandra, como si todo el peso que había llevado se disipara un poco. Sentía que, al tener a Andrea tan cerca, el miedo y la incertidumbre podían ser manejables. Sin embargo, Andrea no se detuvo ahí. Había algo más que quería hacer, algo que llevaría su compromiso a un nivel aún más profundo.
Andrea se levantó, dejando a Alexandra intrigada y fue hacia el pequeño rincón de la habitación donde había preparado algo especial. En el centro de la mesa había una caja pequeña, cuidadosamente envuelta con una cinta dorada. Alexandra observaba en silencio, sin comprender del todo, hasta que Andrea regresó, arrodillándose frente a ella.
—Alexandra, desde que entraste en mi vida, todo cambió. Me has enseñado lo que es el amor verdadero y he aprendido que no quiero estar sin ti. No quiero que nada ni nadie nos separe. Te amo más de lo que las palabras pueden expresar, y quiero pasar el resto de mi vida contigo —Andrea dijo con voz suave, pero llena de emoción.
Con manos temblorosas, Andrea abrió la caja, revelando un anillo de compromiso delicadamente diseñado. La piedra, pequeña pero brillante, reflejaba la luz suave de las velas que iluminaban la habitación. Andrea, mirando a Alexandra con ojos llenos de amor y vulnerabilidad, tomó un profundo respiro.
—Alexandra Montoya, ¿te casarías conmigo?
Las palabras quedaron flotando en el aire por un instante, y todo el tiempo pareció detenerse. Alexandra, sorprendida, pero con una sonrisa que crecía en su rostro, observaba a Andrea, sintiendo cómo una ola de emociones la envolvía. No había duda en su mente, ni miedo en su corazón. Solo el deseo de pasar su vida al lado de Andrea.
Finalmente, con los ojos brillando y la voz un poco entrecortada por la emoción, Alexandra respondió:
—Sí, Andrea, sí. ¡Me casaré contigo! No puedo imaginar un futuro sin ti.
Andrea, al escuchar la respuesta, sonrió con alivio y felicidad, y sin pensarlo más, la besó con ternura, un beso que sellaba no solo su promesa de amor eterno, sino también la certeza de que, a pesar de los desafíos, siempre estarían juntas.
El anillo de compromiso se deslizó suavemente en el dedo de Alexandra, y mientras Andrea la abrazaba con fuerza, ambas supieron que el camino por delante sería mucho más fácil y hermoso, siempre que estuvieran unidas.
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La Parada de Autobús Incorrecta | Un Encuentro Inesperado
Teen FictionA veces, conocer a alguien en el lugar menos esperado puede cambiar tu vida de manera inesperada. Ese día, en la parada de bus equivocada, conocí a la chica más linda y tierna que jamás podría imaginar. Lo que empezó como un simple encuentro se conv...
