CAPÍTULO 50: KATHERINE ES LLEVADA AL MANICOMIO

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_KATHERINE ES LLEVADA AL MANICOMIO_

Alexandra no perdió el tiempo. Al guardar el papel en su bolsillo, su mente se centró únicamente en una cosa: rescatar a Andrea. Corría a toda prisa hacia el lugar indicado por Katherine en el papel, sin siquiera mirar atrás. La determinación la guiaba y no pensaba en nada más. Sabía que, si perdía tiempo, podría ser demasiado tarde.

Cuando llegó a la dirección, vio el pequeño almacén abandonado, donde la policía ya estaba rodeándola. Sin pensarlo, Alexandra avanzó, atravesando a los oficiales que intentaban detenerla, hasta que finalmente, entró en el almacén. El olor a humedad y polvo llenó sus pulmones, pero su objetivo estaba claro: encontrar a Andrea.

En una habitación al fondo, Andrea estaba atada a una silla, con la expresión agotada, con algunos moretones, pero estaba viva. Cuando vio a Alexandra, sus ojos brillaron con una mezcla de alivio y sorpresa. Alexandra corrió hacia ella, cortando las cuerdas que la mantenían cautiva.

—Andy, ahora estás a salvo —susurró Alexandra, abrazándola fuerte, como si no pudiera creer que finalmente había logrado llegar hasta ella.

Pero antes de que pudieran salir, la figura de Katherine apareció en la puerta. Alexandra la miró fijamente, su furia contenida mientras sus ojos se llenaban de determinación. Katherine estaba sonriendo, pero no era una sonrisa de triunfo, sino una sonrisa macabra, como si todo fuera parte de su juego.

—Sabía que vendrías por ella —dijo Katherine, su voz fría, casi calculadora— Pero no creas que esto ha terminado, Alex. No has ganado aún.

Alexandra, sin pensarlo, se lanzó hacia Katherine. El enfrentamiento fue brutal: patadas, empujones, forcejeos, jalones de pelo, todo sucedía en un parpadeo. Katherine era impredecible, pero Alexandra no la iba a dejar escapar. El odio y la rabia la empujaban a luchar con toda su fuerza. Sabía que la única forma de poner fin a todo esto era detener a Katherine de una vez por todas.

Cuando la policía finalmente irrumpió en el almacén, Katherine intentó escapar, pero no tuvo tiempo. Los oficiales la rodearon, sujetándola con firmeza mientras ella luchaba para liberarse.

—¡No puedes hacer esto! —gritaba Katherine, pero la policía ya la tenía controlada.

— ¿Qué va a pasar con ella? —preguntó Andrea, mirando de reojo a Katherine.

—Lo que merezca —respondió Alexandra con firmeza, pero con una pizca de tristeza.

Alexandra respiró con dificultad, mirando a Katherine, sabiendo que ya no representaba ninguna amenaza. Los oficiales la arrestaron, llevándola hacia el coche patrullero, mientras Alexandra permanecía junto a Andrea, quien aún temblaba por el miedo vivido.

Katherine fue llevada al manicomio. El diagnóstico de los expertos indicaba que su comportamiento había sido consecuencia de trastornos mentales graves, lo que había justificado su internamiento en una institución psiquiátrica en lugar de enfrentar una sentencia en prisión. Aun así, Alexandra no sintió alivio al pensar en lo que Katherine había hecho. La venganza había sido cruel con el riesgo de a ver si peor y aunque finalmente la había enfrentado, las cicatrices emocionales seguían allí. Finalmente, la pesadilla de Katherine había llegado a su fin.

La calma volvió, aunque el peso de todo lo vivido permanecía en sus corazones. Alexandra abrazó a Andrea de nuevo, apretándola contra su pecho, como si no quisiera soltarla nunca más.

La policía les permitió regresar a su hogar, y aunque la tensión del momento había bajado, aún quedaba mucho por sanar. En su casa, finalmente a solas, Alexandra y Andrea se quedaron en silencio, mientras los recuerdos del pasado reciente seguían pesando sobre ellas.

Andrea, con una sonrisa débil, miró a Alexandra.

—Lo logramos, ¿verdad? —preguntó, sus ojos brillando con una mezcla de alivio y vulnerabilidad.

Alexandra ascendió, acariciando suavemente su rostro.

—Lo logramos. Todo está bien ahora.

Pero, en el fondo, ambos sabían que, aunque el peligro había pasado, sus corazones seguirían cargando con las cicatrices de todo lo vivido. Lo que ahora importaba era lo que construirían juntas, lo que sanarían con el tiempo.

Andrea se recostó contra Alexandra, abrazándola con fuerza.

—¿Sabes? A veces siento que no merezco tu amor... todo lo que hiciste por mí... —susurró Andrea, con una voz temblorosa.

Sentadas en el sofá de su pequeño hogar con las manos entrelazadas, Alexandra susurró suavemente:

—Prometí protegerte, Andy... y lo haré siempre. Nada ni nadie podrá separarnos.

Andrea la miró a los ojos, sonriendo, con lágrimas aun brillando en su rostro, pero con un brillo renovado de esperanza.

—Yo también te protegeré, Alex. Lo hemos superado y ahora es nuestro momento de sanar.

Alexandra la miró fijamente, acariciando su cabello con ternura.

—Tú eres todo lo que quiero, Andrea. No lo olvides. Y siempre te protegeré, cueste lo que cueste.

El amor, a pesar de todo lo sucedido, florecía entre ellas con más fuerza que nunca. El capítulo de Katherine había cerrado, pero el futuro que compartían juntas estaba solo comenzando.

La Parada de Autobús Incorrecta  | Un Encuentro InesperadoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora