CAPÍTULO 52: 🔞 NOS PERTENECEN

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_🔞 NOS PERTENECEN_

El día siguiente a la tormenta de celos había llegado, y lo único que quedaba por hacer era liberar toda la tensión acumulada. Andrea y Alexandra, después de las risas y bromas de la noche anterior, sabían que la química entre ellas seguía intacta, pero había algo más que debía resolverse. La inseguridad que había surgido de los celos no podía quedar en el aire; Andrea necesitaba sentir que Alexandra era solo suya, y nada mejor que hacerle saber cómo se sentía de una manera muy especial.

Era un día común en la oficina, un lunes como cualquier otro. Las ventanas de la oficina de Alexandra se abrieron dejando entrar el aire fresco, mientras la secretaria de turno entregaba algunos documentos. Pero lo que no sabía la secretaria era que había algo mucho más importante en la agenda de ese día.

—Tengo que hablar contigo —dijo Andrea, con voz firme mientras cerraba la puerta del despacho de Alexandra. Aunque su rostro intentaba mantenerse calmado, sus ojos ardían con una chispa de celos contenida.

Alexandra levantó una ceja, sorprendida por la entrada repentina de Andrea.

—¿Sobre qué, cariño? —preguntó Alexandra, aunque algo en su tono denotaba que sabía que los celos de Andrea aún no se habían disipado por completo.

—Sobre la secretaria —respondió Andrea con una sonrisa traviesa— Creo que necesito demostrarle algo a esa chica. Y para eso, tengo que mostrarle lo que solo yo puedo tener.

Alexandra no dijo nada. Solo dejó que Andrea se acercara con pasos firmes. La atmósfera en la oficina se volvió más densa, más cargada de electricidad. Andrea sabía que necesitaba reivindicar su lugar, y no había mejor forma que hacerlo de la manera más apasionada posible. Con una mirada fija, tomó a Alexandra de la cintura, la atrajo hacia ella y sin esperar más, la besó con toda la intensidad que había estado acumulando durante el día anterior. El beso fue caliente, exigente, como si cada una de ellas intentara reclamar algo que ya les pertenecía.

Alexandra, sorprendida al principio por la reacción de Andrea, pronto cedió a la pasión. Cerró los ojos, dejando que la sensación del momento la envolviera. Andrea era suya y esa realidad la sentía con cada beso, con cada roce.

No pasó mucho tiempo antes de que Alexandra cerrara con fuerza la puerta del despacho. La oficina, que había sido testigo de muchas reuniones formales, ahora era el escenario de una intimidad que no conocía límites. Las manos de Andrea recorrieron el cuerpo de Alexandra, impacientes, mientras la atracción las consumía.

Con la misma determinación con la que Alexandra había cerrado la puerta, Andrea la empujó suavemente hacia el escritorio. El roce de sus cuerpos se sentía eléctrico, como si las llamas de la pasión por fin se encendieran de manera absoluta.

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Mientras tanto, en el despacho de Allison, las cosas no eran diferentes. Bárbara había llegado temprano, con la intención de aclarar algo que sentía como urgente. La secretaria de Allison, con sus coqueteos y sonrisas, había comenzado a meterse en su cabeza y aunque intentó ignorarlo, no pudo. Así que decidió resolver el asunto de una forma muy similar a la de Andrea.

—He estado pensando —dijo Bárbara al entrar en la oficina de Allison, cerrando con cuidado la puerta— Y creo que tienes algo que me pertenece.

Allison la miró de manera intrigada, levantando una ceja. No entendía a qué se refería, pero la mirada decidida de Bárbara le dijo que había algo más.

—¿De qué hablas, Bárbara? —preguntó Allison, con una sonrisa inocente, aunque también sabía que estaba a punto de ser sorprendida.

—Te pertenezco, Allison. Y voy a demostrarlo —respondió Bárbara con voz baja, mientras se acercaba a su novia.

Bárbara no necesitó decir más. En un movimiento rápido, la atrajo hacia ella, tomando su rostro entre sus manos y besándola con una pasión arrebatadora. La tensión que Bárbara había guardado durante los últimos días se deshizo de inmediato y todo lo que quedaba era la necesidad de demostrarle a Allison lo que significaba para ella. Sin preocuparse por las formas, Bárbara la empujó suavemente contra la pared. Era una forma de reclamar lo que sentía que le pertenecía, de mostrarle a Allison que el lugar de su corazón estaba asegurado.

Mientras las dos parejas vivían esa intensidad de sentimientos encontrados, cada una, a su manera, tenía algo que reclamar, algo que demostrar. Las secretarias, las dudas y los celos habían quedado atrás, sustituidos por una pasión que solo ellas podían entender. El resto del mundo podía esperar; en ese momento, solo ellas importaban.

La Parada de Autobús Incorrecta  | Un Encuentro InesperadoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora