_REGRESO DE TERESA_
El aire en la oficina estaba cargado de tensión. A pesar de que Alexandra y Andrea habían estado disfrutando de su tiempo juntas, de la calma que había seguido a la tormenta de los celos y las disputas pasadas, algo oscuro se cernía en el horizonte. Y ese algo tenía un nombre: Teresa Torrealba.
Desde su desaparición, Alexandra había intentado seguir adelante, convencida de que su vida ya no se vería afectada por los ecos de su pasado. Sin embargo, ese día algo en el aire cambió cuando recibió un mensaje en su teléfono. No necesitaba leerlo para saber quién lo había enviado. Solo una persona tenía el poder de alterar su paz de esa manera.
—Es Teresa —murmuró Alexandra, su voz temblorosa. Andrea, que estaba junto a ella, notó el cambio inmediato en el comportamiento de Alexandra.
El nombre de Teresa siempre había sido sinónimo de conflicto, de mentiras y traiciones, aunque Alexandra pensaba que el asusnto con ella ya había quedado atrás, el simple hecho de que regresara a la escena agitaba algo dentro de ella. Algo que aún no lograba entender completamente.
—¿Por qué ahora? —preguntó Alexandra, mirando el teléfono con desconfianza.
Andrea, aunque preocupada, trató de calmar a Alexandra. Sabía que Teresa tenía un poder extraño sobre ella, uno que siempre la hacía dudar, incluso después de todo lo que había pasado.
—No la dejes afectar lo que hemos construido —dijo Andrea, tocando suavemente la mano de Alexandra. La miró con firmeza, queriendo darle la seguridad de que no importaba lo que Teresa hiciera, ellas ya estaban más fuertes que nunca.
Pero Alexandra no estaba tan segura. Algo en su interior le decía que esta vez las cosas serían diferentes. Teresa había estado en silencio demasiado tiempo y su regreso solo podía significar que tenía algo planeado.
Esa misma tarde, mientras Alexandra y Andrea cenaban tranquilamente en su nuevo hogar, un sonido proveniente del timbre la sacó de su ensueño. Cuando Alexandra fue a abrir la puerta, el corazón se le aceleró al ver la figura de Teresa parada frente a ella. No era un sueño ni una alucinación; era ella, real, tangible, con una mirada fría que no había cambiado desde la última vez que la vieron.
—Pensé que te habías ido para siempre —dijo Alexandra, intentando mantener la calma, aunque sus ojos reflejaban el tormento que sentía al ver de nuevo a Teresa.
Teresa, con una sonrisa sarcástica, la observó con desdén.
—Nunca me fui, Alex. Solo estaba esperando el momento adecuado para regresar —respondió con una voz baja y venenosa. Había algo en su tono que hizo que Andrea se pusiera alerta.
Andrea se acercó con cautela, su instinto le decía que algo no estaba bien.
—¿Qué quieres? —preguntó Andrea, mirando a Teresa con desconfianza. Sabía que no podía permitir que Teresa se acercara demasiado a Alexandra, no después de todo lo que había sucedido.
Teresa giró hacia Andrea con una sonrisa malévola, su mirada fría se posó sobre ella y por un momento pareció analizarla.
Luego, sin previo aviso, se acercó a Alexandra, tomando su rostro con una mano. Un gesto de dominio, de posesión, que hizo que la respiración de Alexandra se detuviera por un segundo.
—Quiero que sepas, Alex, que nunca olvidé lo que me hiciste. Y que este regreso no es solo por ti... es también por lo que te has ganado. Te lo devolveré todo, pero en mis términos —dijo Teresa, su voz grave llenando el aire de una amenaza palpable.
El contacto de Teresa hizo que Alexandra retrocediera instintivamente, apartándose de su toque como si estuviera quemada. La tensión en el ambiente era densa y Andrea sintió cómo la cólera empezaba a hervir dentro de ella.
—No te acerques más a ella —dijo Andrea, su voz baja pero firme. A pesar de su furia, trató de mantener el control.
Teresa observó a Andrea con una expresión burlona.
—¿Y qué vas a hacer si me acerco más? —preguntó Teresa, un desafío claro en sus palabras.
Alexandra, aun temblando por la cercanía de Teresa, finalmente habló con una dureza que rara vez mostraba.
—Ya dejé las cosas claras contigo. Fue tu decisión irte, Teresa. No tienes lugar en mi vida ni en la de Andrea —dijo Alexandra, dando un paso hacia Andrea, reafirmando su lugar junto a ella.
La mirada de Teresa pasó de burlona a furiosa. A lo lejos, parecía contener una rabia que no había mostrado antes. Pero algo en su mirada también dejaba claro que esta vez venía dispuesta a luchar por lo que creía suyo.
Andrea, que había estado esperando este momento, tomó la mano de Alexandra y la apretó con fuerza. Sin apartar la vista de Teresa, le dijo:
—No importa lo que intentes, Teresa. Ya acéptalo, Alex y yo estamos juntas. Y nada ni nadie nos separará. No vuelvas.
—Lo que he perdido no es tuyo para decidir, Andrea. Y mucho menos es algo que Alex pueda entender —respondió Teresa con un tono de voz que, aunque controlado, escondía una amenaza palpable.
Teresa sonrió, un brillo calculador en sus ojos, como si acabara de sembrar una semilla que daría frutos más tarde. Antes de irse, miró a ambas con una expresión que reflejaba todo lo que estaba por venir.
—Ya veremos, Andrea. Ya veremos —dijo con voz fría, antes de dar la vuelta y desaparecer en la oscuridad de la noche.
Alexandra se quedó quieta, respirando profundamente para calmarse. Andrea la abrazó, sintiendo cómo el miedo se apoderaba de ella por la amenaza que Teresa había dejado flotando en el aire.
—Lo lograremos. No te preocupes —susurró Andrea al oído de Alexandra, sabiendo que este regreso de Teresa solo había sido el comienzo de algo aún más peligroso.
ESTÁS LEYENDO
La Parada de Autobús Incorrecta | Un Encuentro Inesperado
Teen FictionA veces, conocer a alguien en el lugar menos esperado puede cambiar tu vida de manera inesperada. Ese día, en la parada de bus equivocada, conocí a la chica más linda y tierna que jamás podría imaginar. Lo que empezó como un simple encuentro se conv...
