CAPÍTULO 57: LA VENGANZA DE TERESA

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_LA VENGANZA DE TERESA_

La noche había caído y la calma que reinaba en la casa de Alexandra y Andrea era engañosa. Después del incidente de la tarde, ambas se habían abrazado con fuerza, agradecidas por estar juntas y vivas. Sin embargo, el peligro no había desaparecido y Teresa, como una sombra, acechaba en las cercanías, esperando el momento perfecto para atacar.

Alexandra, a pesar de sus esfuerzos por mantener la calma, no podía evitar sentirse inquieta. Teresa había demostrado ser impredecible y peligrosa, no podía confiar en que se detendría después de lo sucedido. Esa noche, Alexandra decidió quedarse en casa, sin dejar a Andrea sola, pero el destino tenía otros planes.

Mientras Andrea se encontraba en el vestíbulo, recibiendo una llamada de su madre, Teresa aprovechó la oportunidad para infiltrarse en la casa. Con sigilo, se deslizó por las sombras, aprovechando su conocimiento del lugar. El odio y la frustración la impulsaban y no iba a detenerse hasta vengarse de lo que sentía era una traición.

Se acercó a la sala donde Andrea estaba, sabiendo que la oportunidad de su venganza estaba a punto de llegar. Con un cuchillo en mano, la tensión aumentó mientras se preparaba para atacar.

Pero lo que Teresa no anticipó fue la reacción de Alexandra. Cuando escuchó un ruido detrás de ella, Alexandra se giró rápidamente, corriendo hacia Andrea para protegerla.

—¡No! ¡Alex, aléjate! —gritó Andrea, pero era demasiado tarde.

—Alex!! ¡¡Si no eres mía no serás de nadie, entiendes!!—gritó Teresa.

En un rápido movimiento, Teresa, cegada por la rabia, levantó el cuchillo. Alexandra, al darse cuenta de lo que estaba a punto de suceder, se lanzó hacia Andrea, empujándola hacia un costado para salvarla. Pero al hacerlo, no pudo evitar que el cuchillo de Teresa la alcanzara. La hoja se hundió profundamente en su costado, causando que Alexandra cayera al suelo con un grito ahogado de dolor.

—¡Alex! —gritó Andrea, desesperada, al ver a su amada desplomarse. Su mente no podía procesar lo que acababa de suceder.

Teresa, sorprendida por el giro de los acontecimientos, se quedó paralizada por un momento, observando la herida de Alexandra. Sin embargo, en lugar de arrepentirse, un sentimiento de satisfacción surgió en su interior. Había logrado herir a la persona que amaba más que nada en el mundo. Pero lo que no había previsto era la reacción de Andrea.

—¡Maldita seas, Teresa! —gritó Andrea, mientras corría a socorrer a Alexandra, cubriéndola con su propio cuerpo.

Con lágrimas en los ojos, Andrea presionó la herida de Alexandra con desesperación, tratando de detener la hemorragia. Teresa observó la escena, pero la determinación de Andrea hizo que sus planes se tambalearan. La rabia en su pecho comenzaba a transformarse en algo más sombrío, algo que Teresa no había anticipado: un vacío de satisfacción y frustración. No había ganado, no había destruido lo que quería destruir.

En ese momento, un sonido se escuchó en la entrada de la casa, las luces se encendieron repentinamente. Era la policía, alertada por la llamada de emergencia que Andrea había hecho poco antes.

Teresa, al darse cuenta de que ya no podía hacer más, se dio la vuelta y huyó, desapareciendo en la oscuridad de la noche, dejando a Alexandra gravemente herida y a Andrea destrozada.

El caos había llegado a sus vidas, pero esta vez, la venganza de Teresa no iba a ser suficiente. Alexandra y Andrea habían sobrevivido a todo y aunque esta herida sería un golpe fuerte, su amor seguía siendo su fuerza.

La Parada de Autobús Incorrecta  | Un Encuentro InesperadoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora