ESTÁ HISTORIA ESTÁ MARCADA COMO COMPLETA, PERO, SE SIGUEN AÑADIENDO CAPÍTULOS.
Serie de One Shots de las parejas de Descendientes
PAREJAS:
+Devie
+Beal
+Jarlos
+Jonnie
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El castillo de Auradon estaba en completo silencio, salvo por el sonido lejano de los pasos de los guardias recorriendo los pasillos. La luna iluminaba la habitación de Mal con un resplandor tenue, proyectando sombras suaves sobre las paredes de piedra.
Pero ella no podía dormir.
Acostada en la cama, con los ojos fijos en el techo, Mal sentía un nudo en el estómago que no la dejaba tranquila.
Había algo que no podía decirle a Ben. Algo que llevaba semanas guardando en secreto.
Y el peso de ese secreto se hacía más insoportable con cada día que pasaba.
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Desde que se convirtió en reina, Mal había aprendido que llevar la corona significaba más que solo amor y compromiso. Significaba deber, sacrificio y la constante necesidad de demostrar que era digna de estar allí.
A pesar de todo lo que había logrado, de haber sido aceptada por el pueblo y de haber cambiado el destino de los hijos de villanos, aún había personas que dudaban de ella. Nobles que la observaban con desconfianza. Consejeros que murmuraban a sus espaldas.
Y ahora, con la noticia que había recibido, temía que esas dudas se hicieran más fuertes.
Temía que Ben la viera diferente.
Temía perderlo.
Se giró en la cama y cerró los ojos con fuerza, como si eso pudiera alejar sus pensamientos. Pero no funcionó.
Sabía que debía decirle la verdad.
Sabía que no podía ocultárselo más.
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A la mañana siguiente, Mal caminó por los jardines del castillo con las manos entrelazadas detrás de la espalda. La brisa fresca revolvía sus cabellos morados, y el aroma de las flores le recordaba que la primavera estaba cerca.
No había planeado encontrarse con Ben tan temprano, pero ahí estaba él, de pie junto a una fuente, con la mirada perdida en el agua.
—Sabía que estabas aquí —dijo Mal en voz baja.
Ben se giró y sonrió al verla. —Siempre vienes aquí cuando estás preocupada.
Ella suspiró. No podía ocultarle nada.
—Ben... hay algo que necesito decirte.
Él frunció el ceño y tomó sus manos con suavidad. —Mal, ¿qué sucede?
La reina tragó saliva. Sentía su corazón latiendo con fuerza en su pecho.
—No sé cómo decirlo... —Sus dedos se apretaron alrededor de los de él—. No quiero que pienses que he estado ocultándotelo a propósito. Solo... no sabía cómo afrontar esto.
Ben acarició su mejilla con ternura. —Dímelo. Sea lo que sea, lo enfrentaremos juntos.
Mal tomó aire profundamente y, finalmente, dejó escapar las palabras que la habían atormentado durante semanas.
—El consejo real no quiere que siga siendo reina.
La expresión de Ben se endureció al instante.
—¿Qué?
—Recibí una carta de los consejeros más antiguos. Creen que, por mi origen, sigo siendo una amenaza para Auradon. No importa cuánto haya cambiado, siguen sin confiar en mí —explicó Mal, con la voz cargada de emoción—. Dicen que si realmente me importa el reino, debería considerar abdicar.
Ben dio un paso atrás, como si la información tardara en asentarse en su mente.
—¿Y tú... estás considerando hacerlo?
Mal apretó los labios y desvió la mirada.
—No lo sé.
Ben sintió un pinchazo en el pecho.
—Mal, ¿de verdad crees que esos viejos pueden decidir por nosotros? Tú eres mi reina. No hay Auradon sin ti.
Ella dejó escapar una risa amarga.
—Tal vez no haya un Auradon sin ti, pero conmigo... parece que siempre hay una duda, siempre hay un obstáculo.
Ben negó con la cabeza con firmeza.
—No. No voy a permitir que te hagan esto.
Mal lo miró con tristeza.
—Ben, ¿qué pasará si seguimos ignorando sus opiniones? ¿Qué pasa si la gente empieza a dudar de tu liderazgo por mi culpa?
Ben tomó su rostro entre sus manos, obligándola a mirarlo.
—Escúchame bien. No eres mi reina solo porque te amo. Eres mi reina porque eres fuerte, porque has luchado por este reino tanto como yo. Y si creen que pueden separarnos, están equivocados.
Mal sintió sus ojos llenarse de lágrimas.
—¿Y si nunca dejan de dudar de mí?
Ben sonrió con dulzura y le besó la frente.
—Entonces se lo demostraremos todos los días.
Mal dejó escapar un sollozo, pero esta vez no era de tristeza, sino de alivio.
No estaba sola en esto.
Nunca lo estaría.
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Esa misma tarde, Mal y Ben se presentaron ante el consejo real.
Los nobles los miraron con expresiones serias mientras Ben hablaba con seguridad, dejando en claro que no permitiría que nadie cuestionara la legitimidad de Mal como reina.
—Auradon no es un reino que juzga por el pasado, sino por las acciones del presente —declaró Ben, mirando a cada consejero directamente—. Y si hay alguien en este castillo que ha demostrado su valía una y otra vez, es Mal.
Hubo silencio.
El consejero más anciano suspiró y se inclinó levemente en señal de respeto.
—No podemos negar lo que has hecho por el reino, alteza —dijo, mirando a Mal—. Tal vez ha llegado el momento de que nosotros también aprendamos a dejar el pasado atrás.
Mal sintió una oleada de emoción.
Por primera vez, sintió que no tenía que demostrar nada.
Que, al final, su lugar no dependía de su apellido.
Ben le tomó la mano con orgullo.
Juntos, habían ganado mucho más que una batalla política.
Habían asegurado su futuro.
Y mientras salían del consejo, con la brisa primaveral acariciando sus rostros, Mal supo que, sin importar los desafíos que enfrentaran, mientras tuvieran el uno al otro, siempre encontrarían la manera de seguir adelante.