Tal para cual, Pascuala con Pascual
Al otro lado de la nueva pared de piedras, Li yacía reducida y atada con la misma cuerda que momentos antes había aprisionado a la criatura. Después de los golpes recibidos bajo la lluvia de rocas, la bestia no había tardado en ser derrotada.
El polvo flotaba en el aire, cubriendo la silueta inmóvil del animal. Apenas quedaba rastro de su amenaza. El cuerpo físico comenzaba a desvanecerse.
—Te aconsejo cooperar, Li —dijo Jun con frialdad—. No quiero hacerte daño. No me obligues a dejarte inconsciente.
Ella resopló, pero finalmente dejó de forcejear y se quedó sentada en el suelo. Jun apenas le dedicó una mirada antes de girarse hacia la pared de rocas que bloqueaba la entrada.
—¿Podemos abrirnos paso sin empeorar la situación? —preguntó una de las chicas mientras sacudía el polvo del flequillo.
—Tendrá que ser despacio —respondió la otra joven alta y robusta. Estiró los brazos, haciendo crujir los hombros, y giró el cuello en ambas direcciones—. Si movemos las piedras sin pensar, podríamos provocar otro derrumbe.
Jun asintió.
—Podemos intentarlo por ese lateral —señaló.
Las tres personas se pusieron manos a la obra. A pesar de la fuerza de la chica más alta, el progreso era lento. Cada piedra removida exigía cautela y paciencia.
—Necesitáis ayuda —irrumpió Li, con la voz serena. Jun resopló, sin molestarse en mirarla.
—Agradezco tu generosidad, Li, pero creo que podemos apañarnos sin ti. Te sugiero que guardes silencio. Ya has hecho bastante.
Li rodó los ojos. Sabía que no la desatarían, conocía demasiado a Jun para saberlo; pero aun así, intentarlo no costaba nada.
—¿Estás enfadado, Jun? —preguntó con fingida inocencia.
Jun se volvió hacia ella, sin ocultar su molestia.
—¿Enfadado? —repitió, con una sonrisa amarga—. Eso sería quedarme corto.
Li sostuvo su mirada, pero Jun no le dio tregua.
—¿Sabes qué habría estado bien? Que Nian y tú nos hubierais pedido ayuda. Pero no, decidisteis largaros sin decir nada. Como si nuestra lealtad no significara nada para vosotros.
—Sabes por qué no avisamos a ninguno de los seis —replicó Li, sin apartar la vista.
Jun se acercó un paso, su tono cada vez más tenso.
—Y tú sabes que, de haberlo hecho, os habríamos ayudado. Porque eso es lo que hacen los amigos, Li. Pelean juntos. Somos un equipo. Pero vosotros siempre elegís el camino en solitario.
Ella abrió la boca para hablar, pero Jun no le dio oportunidad.
—Siempre ha sido así. Parece que nos utilizáis cuando os conviene y después os alejáis. ¿Crees que no lo vemos? Nian y tú actuáis como si el resto de nosotros no importara. Lo peor de todo es que sabéis que siempre hemos estado y estaremos de vuestro lado. ¿Por qué fingís lo contrario?
—Hay razones... —empezó ella.
—¿Razones? —Jun soltó una risa carente de alegría—. Lo único que veo son excusas. Vuestra huida no solo os puso en peligro a vosotros, sino que también a todos los que quedamos atrás. Y lo peor es que con cada paso que dais, les dais más razones a los mayores para justificar sus malditas creencias. ¿Alguna vez pensáis en el resto cuando tomáis vuestras estúpidas decisiones? No, simplemente os dedicáis a arrasar todo y a todos a vuestro paso. Vuestro amor es destructivo.
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VINCULADOS
FantasyAlex, un joven universitario, descubre un misterioso huevo que altera su vida por completo, vinculándolo a fuerzas sobrenaturales que no comprende. A medida que extraños sucesos se desarrollan, Alex se encuentra en el centro de una batalla entre pod...
