Capítulo 34

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El que hace el bien de los demás hace el suyo


No desafiar al universo, pensó Alex. No sabía si todo era producto de la casualidad, pero siempre que creía que nada podría salir peor, algo demostraba que estaba equivocado. Después de sus últimas experiencias, debería haberse acostumbrado a esos giros inesperados que solo añadían más adversidades en su lucha por una vida normal.

El chico no estaba seguro de si era debido al miedo, pero la atmósfera había cambiado drásticamente. Sintió que le costaba respirar y que el aire que inspiraba se volvía pesado en sus pulmones.

Cuando la criatura abrió ligeramente la boca, Alex estuvo a punto de desmayarse. La linterna iluminó la boca de aquel monstruo. Dos grandes colmillos brillaron en la oscuridad, reflejando la luz blanca. Aquellos terroríficos incisivos podían equivaler a un brazo de Alex sin problema.

Paralizado por el miedo, fue Li quien tiró de él para que se alejara del agua y de la bestia, que aún no se había dado cuenta de la presencia de las cuatro personas a su lado.

—No tiene sentido —seguía murmurando Li mientras arrastraba a Alex hacia el sentido contrario—. ¿Por qué está despierto?

—¿Lo hemos despertado de su siesta? —preguntó Alex, su voz temblaba mientras asimilaba la monstruosa criatura frente a él. Era la más grande de todas a las que se había enfrentado en esos días. El joven se preguntaba dónde había estado escondida durante todo ese tiempo. El tamaño era ridículo en comparación al estanque del que salía. Ni siquiera había profundidad suficiente para que algo de aquella magnitud pudiera nadar.

—Quédate aquí —ordenó Li con un tono más firme de lo habitual.

Alex obedeció, clavado en el mismo lugar donde lo había dejado la joven. En gran parte, el miedo lo tenía inmovilizado. Solo su pecho al respirar era lo que se movía, junto con sus ojos que observaban el espectáculo.

La visibilidad había sido reducida después de que el fuego fuera apagado; sin embargo, Alex pudo ver a Li rebuscando algo en la mochila. Al final, la joven empuñó el mismo cuchillo que había usado antes. Sin saber nada sobre lucha y cómo defenderse de monstruos sobrenaturales, Alex era consciente de la clara y obvia diferencia entre la bestia y la chica. Era una batalla desequilibrada e injusta.

La duda se reflejaba en los movimientos de Li, algo nunca antes visto. Alex se permitió entrar en pánico. No poseían ninguna otra defensa más que aquel puñal que parecía insignificante en comparación con los dientes del dragón. Clavarle el arma en la dura piel del animal sería como hacer cosquillas.

Como acto natural, Alex sopesó la opción de huir. Pasar no sabía cuántas semanas más con el brazalete comenzaba a ser una mejor opción que morir devorado por aquel monstruo.

Los gritos de desesperación lo hicieron recordar que esa vez era diferente a todas las anteriores, pues entonces tenían la presencia de dos personas más involucradas. Alex se dio cuenta de lo egocéntrico que había sido al creer que era la única presa en el lugar.

Era difícil de ver en medio del caos, con poca luz y la bestia bloqueando su campo de visión. Alex no lograba encontrar a la pareja. Después de unos segundos y forzando la mirada, por fin se percató de por qué le había resultado difíciles de encontrar: no estaban en el mismo lugar que la última vez. Sin saber cuándo habían abandonado el lugar bajo el árbol, la pareja estaba en el agua. ¿Cómo habían terminado en el peor y más cercano sitio a la bestia en lugar de huir?

—¡Tenemos que ayudarlos! —gritó Alex.

La pareja seguía en el agua, ambos agachados y abrazándose sin moverse mientras el horror se dibujaba en sus rostros.

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