La primavera es la temporada clave del año
—La violencia no es siempre la respuesta —suspiró Jun—. Sois iguales.
Li adoptó una pose que Alex reconocía, aunque solo por las películas de artes marciales. Junto a él, Daniel dio un paso atrás, tirando discretamente de su brazo. Ambos chicos se mantuvieron a la distancia, observando el campo de batalla improvisado.
La tensión se espesó como niebla. Nadie se movió durante los primeros segundos, como si cada mirada midiera al contrario. Ojos fijos, respiraciones acompasadas, la calma previa a la tormenta.
—Li, él está herido —advirtió Jun, señalando a Alex, quien inconscientemente se llevaba la mano al brazo herido. Trataba de ocultarlo, pero el dolor no hacía más que crecer—. Necesita ayuda. No luches.
Pero Li ya había decidido. Su ceño fruncido fue la única advertencia antes de lanzarse. Como un destello, sus movimientos encadenaron patadas y golpes con una precisión que Alex solo había visto en escenas coreografiadas. A pesar de la desventaja, Li luchaba como una tormenta desatada.
Jun la recibió con un giro fluido, desviando el ataque con un movimiento casi elegante. Las otras dos chicas se incorporaron, cerrando el círculo. Alex sintió un nudo en el estómago. Aunque la joven peleaba con destreza, cada movimiento era contrarrestado. Eran tres contra una, y eso pesaba.
La lucha era como una danza brutal. Golpes bloqueados, barridos esquivados, giros acompasados con el crujir de ramas bajo los pies. Jun, delgado pero ágil, ejecutaba patadas altas sin perder estabilidad. Su precisión era impecable. Aún así sin entender de artes marciales, Alex pudo ver que cada gesto tenía una intención calculada. Podía afirmar con seguridad que ninguna de esas personas luchaba con todo su potencial. Li había demostrado más brutalidad en anteriores ocasiones y el trío ni siquiera había sacado las armas que poseían y que les darían una clara victoria instantánea.
El sudor cubría el rostro de Li. Su respiración se aceleraba, pero no retrocedía. Sus mechones se pegaban a la piel, y aun así, continuaba.
Jun lanzó una mirada cómplice a la chica del flequillo y ambos se lanzaron. Li intentó esquivar con una voltereta, pero Jun la alcanzó de nuevo. Su pierna se elevó en una patada lateral. Li giró sobre sí misma, clavando una rodilla en el suelo y bloqueando el golpe con sus antebrazos. El impacto resonó como un tambor.
La velocidad era sobrehumana. Alex apenas podía seguir el ritmo. Pero entonces, la cuerda. Finamente trenzada, como un látigo, se deslizó por el aire y atrapó el tobillo de Li. La más baja de las dos chicas la había lanzado con destreza. Un tirón seco bastó para arrebatarle el equilibrio. La joven golpeó el suelo con fuerza y Alex contuvo el aliento, preocupado.
Li estaba a punto de ser derrotada. El final de la batalla se acercaba y la joven se había convertido en la perdedora de esta. Alex estaba atónito, pues era la primera vez que veía a la chica no salir victoriosa.
Jun y la otra chica la rodeaban, sus sombras alargadas por la luz de la luna. Pero a menos de un metro, ambos se detuvieron. Algo los había paralizado. Un destello fugaz cruzó las miradas de los combatientes. Alex no entendía qué había cambiado, pero la rigidez en sus cuerpos y la atenta vigilancia lo mantenía en vilo. Le consoló saber que Daniel estaba igual de confuso. Fuera lo que fuera, había conseguido romper la brutal cadencia del enfrentamiento.
Entonces, una ligera sonrisa se dibujó en el rostro de Li. Un gesto de desafío. De certeza.
Un silbido cortante del aire fue la única advertencia. Jun dio un paso hacia atrás, esquivando por un pelo el destello de acero que surcó la oscuridad. El puñal se incrustó en un árbol cercano con un seco impacto. Su empuñadura aún vibraba.
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VINCULADOS
FantasiAlex, un joven universitario, descubre un misterioso huevo que altera su vida por completo, vinculándolo a fuerzas sobrenaturales que no comprende. A medida que extraños sucesos se desarrollan, Alex se encuentra en el centro de una batalla entre pod...
