Gato escaldado, del agua fría huye
—Estaba sufriendo. No se podía salvar —dijo Li, justificando su acción. Su mirada fija en Alex lo hizo sentirse incómodo. No sabía qué decir ni cómo reaccionar ante la situación.
—Yo...
Alex intentó responder, pero las palabras se atascaron en su garganta. La rapidez con la que Li había actuado lo había dejado sin aliento. Luego recordó los cuatro cadáveres humanos. Por supuesto, si podía hacerlo con personas, podía hacerlo con los animales.
Li interrumpió sus pensamientos.
—Esa mirada —murmuró ella.
—¿Qué mirada?
—Igual que la última vez.
—Yo no...
Alex trató de explicarse, excusarse, pero las palabras parecían enredarse en su lengua. Se sentía torpe, atrapado en sus propios pensamientos. Al fin y al cabo, siempre le sucedía lo mismo cuando mentía.
Li no esperó a que él hablara. Se puso en pue y comenzó a alejarse. Alex fue detrás de ella, no porque quisiera continuar discutiendo, sino porque no quería quedarse solo en un lugar desconocido cuando estaba a punto de anochecer. Aunque solo le llevó unos segundos ponerse de pie, cuando se giró para seguirla, Li ya había desaparecido. ¿Cómo era capaz de moverse tan rápido? Su sigilosa agilidad la hacía asemejarse más a un felino que a una persona.
Como si lo hubiera invocado mentalmente, un gato atigrado apareció cerca de él, haciéndolo sobresaltarse. Pero el animal ni siquiera lo miró, caminando en dirección contraria, de vuelta al lugar donde había quedado el cadáver del conejo. Ales apartó la mirada. Sabía lo que iba a suceder y no quería verlo. Se apresuró a seguir avanzando.
Cuando los árboles dejaron de tapar su vista, vio a Li nuevamente. Cruzaba el camino de rocas con facilidad, como si flotara sobre él. Alex la siguió, aunque con torpeza, tardando el doble de tiempo en llegar. Para cuando alcanzó el otro lado, Li ya había sacado sus cosas y preparado el sitio donde dormirían.
El silencio entre ellos era denso, pesado. Fue ese mutismo lo que hizo percatarse del sonido. Pasos. Alguien se acercaba.
Li y Alex giraron la cabeza al unísono, pero no vieron a nadie. El sonido de pisadas sobre la hojarasca era la única advertencia de que no estaban solos. Li se había asegurado de que no hubiera nadie más en la zona esa noche. O, al menos, de que no hubiera grupos organizados.
El ruido se hizo más cercano. E un rápido movimiento, Li se posicionó delante de Alex, protegiéndolo. El filo de acero del alarma que había usado minutos atrás volvió a brillar en su mano. Fue entonces cuando Alex identificó el puñal: el mismo que había robado en su última y más peligrosa misión. A pesar de que había sido usado, no tenía rastro de sangre; estaba limpio.
Gracias a su oído entonces agudizado, Alex pudo deducir que se trataba de más de una persona. Dos, tal vez. Sus pasos los delataban. Se tensó. No tenía armas ni habilidades de combate. Solo contaba con Li. Su confiaba en ella era absoluta. Tal vez cualquiera lo habría considerado un cobarde por quedarse inmóvil detrás de su espalda, pero él sabía que no tenía más opciones.
Entonces, dos figuras emergieron de entre la oscuridad. El corazón de Alex casi se le salió del pecho. Contuvo la respiración. Y luego, al identificarlas, sintió una extraña mezcla de alivio y confusión.
—¿Qué estáis haciendo aquí? —exclamó Alex.
Ana y Fran parecían igual de sorprendidos. Li guardó el puñal con discreción cuando la pareja se acercó.
—Hemos venido a por vosotros —dijo Ana—. Nos dimos cuenta de que no estabais con el grupo. Obviamente volvimos a por vosotros. Es peligroso estar aquí de noche. Ya habéis escuchado a la guía.
—¿Cómo os habéis perdido? —preguntó Fran—. Íbamos todos por el mismo camino.
Alex miró a Li, buscando una excusa. Sabía que era un pésimo mentiroso. En ese tipo de situaciones, prefería dejarle la palabra a ella.
—Acampada —se limitó a decir Li.
—¿Acampar? ¿Aquí?
La excusa improvisada no convenció a nadie. Ana y Fran dirigieron la vista a los sacos de dormir y el equipo bajo el árbol.
—Sí —apoyó Alex—. Queríamos disfrutar de la naturaleza.
—Este no es el mejor sitio para acampar.
Alex supo de inmediato que no se lo estaban creyendo.
—Estamos preparados —insistió—. Deberíais volver antes de que sea más tarde.
Alex notó en sus rostros que no estaban dispuestos a dejarlos solos en aquel lugar. La preocupación en sus expresiones, aunque bienintencionada, se interponía en su misión de esa noche. Desafortunadamente, ni Li ni él sabían cómo deshacerse de la pareja sin levantar sospechas.
—Si vosotros no volvéis, nosotros tampoco —sentenció Ana—. No pensaréis en serio en quedaros aquí solos, ¿verdad? Esta ni siquiera es zona segura para acampar. Nunca he oído que alguien pase la noche aquí. ¿Y si os pasa algo?
Alex miró a Li. Nada de eso estaba en sus planes, ni siquiera en ninguno de los diez hipotéticos escenarios que habían considerado antes de emprender el camino. Estaban preparados para enfrentarse a monstruos, al clima adverso e incluso a una batalla contra esas personas misteriosas que los seguían, pero en ningún momento contemplaron la posibilidad de que una pareja bienintencionada insistiera en hacerles compañía durante la noche. ¿Qué se suponía que debían hacer?
Li fue la primera en aceptar la derrota. Resignada, se encogió de hombros y regresó al lugar donde estaban su mochila y el resto de sus cosas.
—¿Y ahora qué? —susurró Alex.
—Esperar a que se duerman —murmuró ella—. Y sino tengo esto —añadió, sacando un extraño botecito de la mochila.
—¿Piensas matarlos? —exclamó horrorizado.
Li lo mandó a callar.
—No.
Alex suspiró aliviado.
—Es para dormir...muy profundo —dijo ella.
Li intentó improvisar algo para que Ana y Fran no tuvieran que dormir directamente sobre las rocas, aunque no era tarea fácil. Siendo tan calculadora y precisa, solo había llevado lo estrictamente necesario. Miró los sacos de dormir: imposible que cupieran dos personas en uno.
—Vaya, sí que tenías planeado quedaros a acampar —comentó Fran, asombrado al ver el contenido de la mochila.
Li también sacó la comida que, en teoría, Alex y ella iban a comer más tarde. Se la entregó a la pareja, que, al haber regresado por ellos, no habían tenido oportunidad de cenar.
Mientras Ana y Fran comían, Alex y Li intercambiaron miradas furtivas en un silencioso diálogo. La noche apenas había comenzado y ya se les complicada con imprevistos.
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VINCULADOS
FantasyAlex, un joven universitario, descubre un misterioso huevo que altera su vida por completo, vinculándolo a fuerzas sobrenaturales que no comprende. A medida que extraños sucesos se desarrollan, Alex se encuentra en el centro de una batalla entre pod...
