El que de joven no es acucioso, llegado viejo en vano se lamentará
Alex necesitaba que alguien le pellizcara para comprobar que lo que veían sus ojos era real. Definitivamente, tras ver un monstruo de nueve cabezas, unas estatuas de bronce cobrar vida y un dragón —entre otras muchas cosas—, ver a su compañero de piso en aquel escenario era lo que más le había impactado en esa última semana. ¿Cómo había acabado él allí?
—¿Qué estás haciendo aquí? —exclamó Alex, permitiéndose olvidar todo lo que seguía sucediendo a su alrededor.
—Eso podría preguntarte yo a ti —respondió Daniel—. Creo que tú tienes mucho más que explicar que yo. ¿No crees? —añadió, señalando el brazalete en su muñeca y su alrededor.
Alex tenía miles de preguntas, muchas a la vez, lo que ocasionó que todas ellas se atascaran en su garganta. Pensó que tampoco era el momento para mantener aquella conversación. La acción no se había detenido en esos segundos, todo lo contrario, las dos chicas comenzaban a tener dificultades para mantener el dragón a raya.
Mientras el cerebro del joven luchaba porque sus engranajes continuaran funcionando, Jun ordenó a Daniel hacerse cargo de la pareja y de Alex, quien apenas estaba consciente. El joven hizo una mueca, pero terminó obedeciendo.
Li seguía conservando su postura defensiva. Quitó el brazo bueno de Fran de encima de sus hombros, accediendo a lo que había dicho Jun. Alex volvió a coger el relevo. Parecía ser que la tensión era tal, que las distancias se mantenían. Li no se movió del sitio, sin acercarse demasiado al chico de las gafas, quien tampoco dio más pasos en su dirección.
Viendo aquella escena en la que las dos personas estaban más preocupadas por su batalla silenciosa de superioridad en lugar de la salud de una persona al borde de la muerte, Alex fue el primero en reaccionar. Se aclaró la garganta, en un intento por llamar la atención. No consiguió su objetivo, por lo que optó por moverse por su cuenta. Sin embargo, mientras cargaba a Fran, un dolor punzante cruzó su brazo derecho. Se trató de algo fugaz, pero soportable, como si de un calambre se tratara.
Las personas a su alrededor se quedaron observándolo. El joven no comprendió por qué tanta atención cuando solo él había podido percibir esa molestia. Pero los ojos de los de a su alrededor no estaban puestos en él concretamente, sino en el amuleto. Alex elevó el brazo sin comprender, pero pronto descubrió dos leves puntos que relucían, los cuales habían captado la atención. Dos lucecitas verdes emitían un ligero brillo ahí justo donde los ojos de la serpiente deberían estar.
Antes de que Alex pudiera tan siquiera preguntar en voz alta qué era aquello que estaba sucediendo, Daniel ahogó un grito a su lado. Eso lo siguieron gritos, gritos de las dos otras dos chicas, quienes hasta hacía unos segundos, estaban encargándose de la criatura. Sin embargo, algo había hecho perder el interés del animal en las dos jóvenes, ignorándolas por completo y dirigiéndose a donde ellos estaban.
El pánico cundió. Faltaba coordinación, por supuesto. Eran un grupo compuesto por personas que, en el mejor de los casos, ni se conocían.
Conforme el dragón se acercaba a ellos, Alex descubrió cómo la bestia se había estado moviendo todo ese tiempo. Esta no había nadado, no al menos todo el tiempo; sino que poseía cuatro patas.
«Genial, también es terrestre», pensó Alex.
A diferencia de las otras ocasiones en las que había atacado, esa vez, la criatura era más impulsiva y dejaba claro quién era su presa: Alex. También había otra característica distinta y era la velocidad. Sus patas se apoyaban con firmeza en el suelo, impulsando con fuerza al animal y haciendo que avanzara con rapidez. Aunque el tamaño podría ser el principal factor para su velocidad. Un paso del dragón suponía veinte de una persona.
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VINCULADOS
FantasíaAlex, un joven universitario, descubre un misterioso huevo que altera su vida por completo, vinculándolo a fuerzas sobrenaturales que no comprende. A medida que extraños sucesos se desarrollan, Alex se encuentra en el centro de una batalla entre pod...
