Todos esconden un pasado que en algún momento trataremos de olvidar.

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Al recibir la llamada de Luz, la sangre de se congeló, pasó las manos varias veces por su cabellera, golpeó la pared varias veces, no sintió el dolor, Ian al verlo de esa manera con paso rápido lo apartó fuertemente dándome un empujón.

— ¡¿Tú eres idiota o qué?! Dinos qué ha pasado.

—Se las llevó, maldita sea. ¡Se las llevó!—gritó indignado.

— ¿Qué pasó?—preguntó Ben, pero sólo lo miró, en ese momento no soportaba que nadie le dirigiera la palabra—. Deja de mirarme así, ni si quiera sé qué ha pasado.

— ¿Ah no? Estas pendiente de todas ésas mujeres que pasan pidiéndote autógrafos—se abalanzó sobre él y lo acorraló contra la pared.

—Recuerda que antes de que llegara Juliette a tu vida, eras igual o peor que nosotros, no me hagas recordarte algunas cositas que no le has dicho aún—vociferó cerca de su rostro logró zafarse de su agarre dándole un empujón y acomodó su saco.

—Se dejan de pelear, secuestraron a Juliette y a Natassia, en lugar de comportarse como dos niñatos, muevan esos pies antes de que sea demasiado tarde—dijo Sean apareciendo con Aaron, se dirigieron rápidamente hacia sus coches y sin importarles nada se dirigieron a su casa. Luz al verlos llegar volvió a entrar en llanto.

—Yo salí a pasear a Maximus como todos los días, pero al volver...—susurró—. Al volver ya no estaban—Nathan pasó nuevamente las manos por su cabeza y se dirigió a coger la nota que estaba sobre el mesón al ver la inicial de la firma, supo rápidamente de quién se trataba.

—Alessandro—susurró, al poco rato llegó una llamada a su móvil de un número desconocido. Era él.

— ¿Qué más pues?—habló a través de la línea, comía una manzana y sonreía mientras observaba a Juliette.

—Mira imbécil, si les llega a pasar algo, juro por Dios que te mato, dime en este momento dónde las tienes—amenazó Nathan.

— ¡Nathan!—escuchó gritar a Juliette, luego escuchó un golpe y se escuchaban sólo quejidos como si le estuvieran tapando la boca.

—Eh, eh, tranquila mamita, aquí está su adorado esposo.

—Juliette escúchame, prometo que iré por ti y por Natassia, tranquila mi amor.

—Ya, ya, basta que me enferma tanto amor—dijo con amargura Alessandro—. ¿Recuerdas cuando le dedicabas ésa misma dulzura a Celine? Apuesto a que no le has contado a tu pelirroja sobre ella ¿Verdad?

—Cuida lo que dices—dijo Nathan cerrando los ojos.

—Pero si tu mujer tiene muchas ganas de escuchar la historia ¿Verdad pequeña?—se escuchó a través de la línea y luego finalizó la llamada.

—Luz, llama a la policía, ustedes me acompañan—señaló al resto de chicos, hace tiempo que no se unían para cosas como ésas, hace tiempo que ya no concursaban en carreras y no se metían en peleas, todo aquello quedó congelado desde el momento en el que Juliette apareció en su vida, no se lo quería mencionar, al menos no por ahora, ya llegaría el momento apropiado para contarle todo, y cuando Alessandro le mencionó a Celine recordó todo aquello por lo que había pasado—. Tenemos que ir por las armas.

Luego de tranquilizar a Luz y de comunicar a toda la familia de lo que estaba ocurriendo se dirigieron a la biblioteca, allí Nathan se dirigió a la sección que quedaba a un costado del escritorio, sacó un libro empolvado, al palpar la tabla de la estantería la deslizó y ante sus ojos quedó aquel botón rojo que hace mucho no presionada, lo hizo y la estantería se movió lentamente hacia adelante y se deslizó hacia un lado. Nathan encendió la lámpara y se dirigieron al salón de juegos en donde tenían todas sus armas. Había una mesa de villar y sobre ella estaban colocadas las bolas de billar en orden, Sean tomó su taco de billar—tenía su grabada su inicial, cada uno tenía su propio taco— chocó la bola que usaban como código y al poco rato se desplegó la parte superior y dejó al descubierto las armas que más usaban ''Desert Eagle'' Cada uno contaba con una de las mismas, tomaron balas, las recargaron y la guardaron en su espalda bajo su chaqueta. Todo ése salón estaba repleto de armas, a simple vista era sólo una sala para divertirse con juegos de mesa y contaban también con un mini bar. Nathan se acercó al mini bar y se sirvió un trago, salieron rápidamente, se treparon en sus coches y se dirigieron con paso seguro. Podían comunicarse a través de sus autos.

— ¿A dónde vamos?—preguntó Ian.

—A la cabaña del lago—dijo Nathan.

— ¿Cómo sabes que están ahí?—preguntó Aaron.

—Porque ahí pasé mi última noche con Celine—respondió.

¡¡¡Hola!!! Espero les guste he tenido tiempo esta semana para dedicarlo a la escritura, espero que les guste, aún sigo ordenando ideas. Gracias por sus comentarios, no saben cuánto me alegra mucho saber que les ha gustado y que les gustaría continuar leyendo mi historia♥

Abrazos. 

Esperaré por tiHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora