Algo rojo.

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Juliette

Llegamos a la casa de la familia de Luz nos trataron como si fuéramos de la familia ¡Todos se movían de un lado a otro!

Y los niños, qué cariñosos eran, cómo trataban a Natassia. Vamos, como si de su hermana se tratase.

—Señorita, señorita ¿Cómo se llama su hija?

—Hola bebé—dije a una pequeña con cachetes colorados haciéndola ver tierna—se llama Natassia.

— ¿Puede jugar con nosotros? —preguntó.

—Claro que sí—respondí y dejé a la pequeña revoltosa en el suelo.

Al cabo de un rato Natassia daba pequeños pasitos junto a la pequeña Maddie, que por cierto tuve que preguntar cómo se llamaba. La casa era muy hermosa, el clima era el que no me agradaba. Sentía que me congelaría en cualquier momento.

—Juliette, daremos un paseo ¿Te animas? —preguntó Luz.

—Listo, me pongo las botas y salgo.

—Se demorará unas dos horas hasta que salga se los aseguro—dijo Aarón. Juro que lo mato, lo mato.

—He dicho que ya salgo. Por cierto, Natassia anda jugando con Maddie, cuidado y no se le ha tirado encima ya.

Me cambié los zapatos en un dos por tres para no dar qué hablar. Ya de por sí tenía con lo lenta que era para todo.

—Creí que ya no salías mujer—dijo Ben.

— ¿Dónde está Nathan? —pregunté, hace mucho que no lo veía.

—Está por allá—dijo un joven de unos 19 años. Giré para donde Nathan estaba y lo vi montado sobre un caballo. Hice un esfuerzo para que mi mandíbula no toque el suelo. Se lo veía apuesto igual que siempre pero joder. Estaba en un caballo. A medida que se iba acercando yo me iba alejando. Tomé a la pequeña Natassia en brazos y fui montaña abajo.

—Eh, espéranos—dijo Ian intentando alcanzarme, vi que Nathan sonreía a mandíbula extendida y había aminorado su paso. Gracias a Dios.

—Mi amor, cada vez estoy más convencida de que a tu padre no sólo le falta un tornillo—le dije a mi pequeña quien sonrió encantada mientras besé su cabecita. Ian que me alcanzó tomó a la pequeña Natassia en brazos y la subió a sus hombros.

Seguí caminando observando todo lo que estaba a mi alrededor, hasta que de un momento a otro me encontré con un...

—JODER ES UN TORO. ¡UN TORO! —grité desesperada. Odiaba todos esos animales.

—Juliette estate quieta, no te mue...—no lo dejé continuar y empecé a correr.

— ¡Juliette! ¡Llevas un buzo rojo no corras que el toro te va a seguir!

— ¡AH! ¡ME COME, ME COME! ¡QUE ME COMEEEEE!—comencé a correr lo más rápido que pude y el toro empezó a seguirme—.Eres un animal muy hermoso, no me comas, no me comas ¡NATHAAAAAAAAAAAAAAAAAAN!

—Ay Dios, ay Dios. Juro que me portaré bien. Ya no seré muy mandona. Quítalo, que se canse, que se canse.

Mis pies se enredaron y empecé a rodar como una pelota toda la montaña. Dios voy a vomitar, que pare, que pare, que...

No recuerdo nada más, me levanté en una habitación con muchas cabezas a mí alrededor y la cabeza doliéndome, como si alguien me la estuviera martillando.

—Joder Juliette, te dije que no te movieras—dijo Ian.

—Te juro que si hubieras estado en un maratón, ganabas—dijo Aarón.

Levanté un dedo para que guardaran silencio y dije—: Recuérdenme no usar algo rojo nunca, más. Nunca.


Esperaré por tiHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora