Ímpetu descontrolado

366 16 0
                                        

Lo único que me faltaba… Que llueva. Tiene que pasarme todo esto a mí, supongo que ha de ser mi castigo por querer hacer tremenda brutalidad en aquel puente, haciendo seña a un carro rojo que se acerca, veo a dos hombres de color en la parte de atrás y uno en la de adelante, quedaba un asiento libre, pero al quedarse a mi lado uno de ellos dice.

—Mmmm… Mira no más lo que nos trajo la lluvia Alex—dice uno de ellos mientras se baja del coche, Ay por favor, ahora esto, que me acosen, mierda ¿Ha dicho Alex? Vuelvo a observar el vehículo y lo veo, ahí está él, es el mismo al que Nathan  ha golpeado, veo que también se baja del coche.

—Vaya, vaya, mira a quién tenemos aquí ¿Te ha dejado tu novio, preciosa?—me empieza rodear y a mirarme de arriba abajo.

Me da repugnancia, tengo ganas de estamparle cara con una bofetada, pero me contengo, no quiero tener problemas y mucho menos si ando sola en momentos como estos siempre tengo a Rob, pero ahora no está él.

—Déjame en paz.

—Oh nena, que alzadita eres, veo que nadie le pone control a tu ímpetu—dice acariciando mi cabello, oliéndolo ¡Maldito canalla!

En ese momento veo que paran tres autos negros rodeándonos y veo que de uno de ellos sale Nathan, del segundo salen tres hombres y del tercero, tres más. Todos visten vaqueros negros de cuero con cazadoras así mismo de cuero, por dentro asumo que llevan un Bvd de polo blanca al cuerpo.

—Sube al auto —dice Nathan, pero mi necedad no me permite hacerlo, me quedo observando cómo los acompañantes de Nathan toman a los de Alex y los arrinconan a la pared, ¡Dios, ahora si se me armó!

Escucho que les dan golpes y luego escucho que uno de ellos, Nathan, dice:

—Que no me entere que le has tocado un pelo a la chica, porque no solo te las verás conmigo esto es lo pequeño que te podemos hacer ¿Me has escuchado?—Éste al ver que no responde lo toma por la nuca y lo estrella contra su propio auto rojo—. No te he escuchado ¿Qué has dicho? —insiste, pero se da cuenta que Alex gime del dolor y lo suelta haciéndole escupir sangre—.Lo tomaré como un sí. Imbécil.

Ya dirigiéndonos a los autos, obviamente, yo en el de Nathan, no tengo opción, ya que no conozco a nadie, Alex ya en el piso, intenta levantarse y dice:

—Esto no se queda así —dice, limpiándose la sangre de la cara—. Me las vas a pagar, tú y tu linda novia.

Uno de los compañeros intenta salir a seguir golpeándolo pero Nathan lo detiene con un brazo, haciéndole señas que se marchen.

—Los veo mañana. —Su tono de voz es frío. Los demás asienten, mientras éste me mira, me mira y cuando intento decirle que deje de mirarme de esa manera tan rabiosa dice:

—O subes o te quedas así a que otros intenten propasarse. —Veo que alarga en su mano mi prenda ¡Qué alivio! Creí que me quedaría en top toda la noche—. Póntela.

Se la quito de las manos y me la pongo sin ni si quiera decir gracias, que pesado es éste. Ni más ni menos, me subo al coche y no hablo, me recuesto dándole la espalda, para no ver lo gruñón que está, pero si será cabezón, yo no he tenido la culpa, a penas y hablé con ese tipo y ya piensa que me he ligado con él, y además no sé ni por qué le interesa, me mata la curiosidad, es obvio que ese parcito se odian a morir.

— ¿Dónde queda tu casa? Indícame para llevarte y así me encargo de saber que has llegado bien.

No respondo, intento hacerme la dormida, pero es inútil, que mala actriz soy.

— ¿Es que no lo has entendido?

—Déjame en esa esquina. —Lo interrumpo antes que siga y mi genio explote—. Me quedo ahí.

— ¿Es ahí tu casa?

— ¡Y a ti que te importa! Te he dicho que me dejes ahí, no tiene por qué importarte si es mi casa o no.

Pero en ese instante veo no para dónde le digo y me quedo como una tonta mirando la casa de Rob ¿Es que esta noche no acaba? Me incorporo de golpe en el auto.

—Pero qué demonios…

—Me hubieras respondido cuando te lo he preguntado preciosa, ahora ya es tarde y cuánto apostamos a que esa no es tu casa.

—Veo que no eres tan tonto como aparentas, mejor es que te des la vuelta y me dejes donde te lo he pedido si no quieres tener problemas.

—Mira, estoy tratando de no perder la paciencia contigo, pero veo que se me es imposible, así que cierra tu boca por un minuto y nos entenderemos mejor.

Bien esto se pone caliente, si piensa que puede darme órdenes se equivoca, conmigo eso no va primero tendrá que saber quién soy o sino me dejo de llamar Juliette Campbell.

—Si piensas que te tengo miedo te equivocas, puedo hablar cuando se me pegue la gana y ahorita mismo detén el auto porque me bajo.

Nada. No hace nada, solo se calla, pero que desesperación, me falta poco para enviarlo a freír tortillas pero me contengo, mis ojos están rojos, hechos furias, es más toda yo estoy hecha una furia.

Detiene el auto y me doy cuenta que estamos en una casa enorme, su jardín es brillante, con un portal inmenso, noto que se empieza abrir y entonces entra el coche.

Esperaré por tiDonde viven las historias. Descúbrelo ahora