Mis reglas

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A las tres de la tarde ya cuando estuve más calmada me llevó a conocer bien la casa. Una pasada de casa que tiene, tras eso me comentó que sus padres están divorciados, la casa en la que estábamos ahora había pertenecido a sus padres antes de divorciarse, después de eso la casa quedó sola y él se pasó a vivir con su madre, pero ella no duró mucho tiempo aquí, me comentó que tenía hermanos los cuales añoraba ya que tuvo que salir un mes del país por su trabajo. Me sorprendió cuando me dijo que recién había concluido su carrera de abogado y que dentro de poco tendría su propia casa, ya que ésta pertenece a su padre.

—Bien, creo que he terminado con lo mío, es tu turno

Ay, ay madre, ¿qué le digo?

—De momento estoy por terminar mi carrera de fisioterapeuta, tengo veintidós años, un padre trabajador al que le gusta decidir lo que tengo que hacer así que por ahora, no tengo que más decir acerca de mi aburrida  vida. —quisiera decirle todo lo que me ha pasado pero mi temor era que me echara.

— ¿Y por qué huyes de casa?

—Problemas de mi padre, ya no aguantaba una orden más de él. Oh por Dios, mira la hora. — cambio de tema, antes que nos sumerjamos en un tema al que no quiero llegar—. Deberíamos ya estar alistándonos para tu fiestón. Ah, por cierto, pondré condiciones.

—Tú dirás.

—Bien. —Asiento—. Beberé y bailaré todo lo que yo quiera y con quien sea. —de un momento a otro su cara cambia y empieza a fruncir el ceño.

Já para que se dé cuenta que nadie me da órdenes en una fiestecilla.

—Veo que sabes divertirte en una fiesta, está bien, que sea lo que la fierecilla diga.

—Después de todo soy chica ¿no?

Ya eran las siete menos cuarto, aún seguía observándome en el espejo, mis curvas se notaban algo que siempre oculto, aunque no soy de mucho maquillaje, decido untarme varias capas de rímel, delinearme los ojos, y un labial rojo, la verdad tengo que agradecerle a Nathan quiera o no, ya que gracias a él tengo algo de maquillaje y de ropa.

De repente pego un salto al darme cuenta que me ha estado espiando, con un brazo en el marco de la puerta, está guapísimo con su traje oscuro, no sé por qué su mirada me hace temblar y aquella sonrisa.

—Pero bueno, ¿es que acaso no te han enseñado a llamar a la puerta antes de entrar?

No responde se limita a observarme, demonios, ¿es que le gusta verme así?

—Deja de mirarme así y dime ¿Cómo me veo?

—Estupenda. — siento que el calor recorre todo mi cuerpo, ¿qué me está pasando con este tipo? Si así no más me pongo solo porque me dice una palabra no imagino cuando me hable al oído.
¡Ya basta!— Me reprendo a mí misma

—Tú también luces muy apuesto, de seguro y dejarás babeando a todas.

Pero ¿por qué he dicho semejante gilipollez? ¿Es que cada día voy más sonsa? Bastaba solo con decirle que estaba estupendo. Al final terminaré dándole la razón a mi padre, tengo que tragarme las palabras.

Veo que sonríe, ay pero qué estúpida he sido.

— ¿Eso lo tomo como un cumplido?

—No te creas la gran monada sólo por que llevas un trajecito lindo. —Me mofo dirigiéndome a la puerta—puedes tomarlo como quieras.

En el camino no nos dirigimos la palabra, hasta que se me ocurre romper el silencio.

— ¿Tienes algo de música?—pregunto mirando en el lugar donde es obvio todo el mundo guarda discos y sí ahí están debajo del reproductor de música, me decido por poner algo de Río Roma—. Por lo menos tienes buena música.

—Oh no, esos discos son de la romanticona de mi hermana, un obsequio para molestarme los oídos.

—Hombres—digo poniendo los ojos en blanco—. Escuchando músicos gritones, que apenas y saben qué dicen.

—Haber cielito, no digas gilipolleces que aquí las que no saben de música son ustedes. Y antes de que sigas cotorreando te advierto que he traído la cinta por si te pasas de palabras.

—Pues déjame decirte que no me inte…—pero sin dejarme seguir me estampa un pedazo de cinta en la boca. Me la quito de inmediato para mirarlo con el ceño fruncido, pero parece que al muy gruñón le hace gracia.

—Mira cabezón, mejor es que dejes tus guasadas porque te aseguro que te van a salir muy caras.

Esperaré por tiHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora