Luego de aquel incidente, se negaba a quedarse tranquilo, no tenía permitido dejarle pasar aquella jugarreta. Esa había sido la gota que derramó el vaso. Le había dado dinero a un camarero para que le otorgara un traje; y le consiguió uno, claro que sí, pero uno demasiado pequeño para su talla. Así que tuvo que salir de aquel lugar en toalla y dirigirse a casa así.
Era una situación embarazosa, se había dedicado la mitad de su vida al modelaje y estaba acostumbrado. Pero joder, esa era una boda, considerando también, que la mayor parte de los invitados estaban casados. Se disculpó y salió de aquel lugar.
Una vez en casa, se bajó del coche y el estruendo de la puerta al cerrarse resonó por todo el lugar. —Eh ¿Pero qué ha sucedió? —preguntó Luz.
—No me digas—se mofó Aarón— la peda se salió de control y al final te contrataron como stripper.
—De haberlo sabido, nos hubiéramos apuntado—sonrió Ben.
Los miró a cada uno con gesto serio—Juliette está de vuelta—dijo, y sin más se retiró a su habitación.
—Eso lo explica todo—soltó de pronto Ian—. Esto se va a poner bueno.
—A ver, muchachos, a recoger todo su desorden, muevan el esqueleto—ordenó Luz dando palmadas.
—Ya no sé quién es peor, si...—rechistó Sean, pero guardó silencio al chocar con la mirada de Luz.
***
A la mañana siguiente, Juliette estaba como nueva. Se levantó y se aseguró de que sus pequeñas aún dormían. Bajó al salón y al notar que nadie estaba despierto aún, se propuso a hacer el desayuno. Le había costado aprender, pero al final lo había conseguido.
—Vaya, vaya. Pero qué rico huele—dijo su mamá de pronto, sentándose alrededor de la mesa, y luego se le sumó su padre.
—Buenos días, pequeña.
—Buenos días papá.
— ¿Y este milagro? ¿Está todo en orden? ¿Hay algo que nos quieras decir? —preguntó extrañado.
—No papá—sonrió—. Todo está en orden.
Sus padres asintieron, pero sonrieron entre sí. Sabían que a su hija le sucedía algo. No la habían visto sonreír de manera tan amplia.
Se había sujetado el cabello en una coleta y llevaba consigo un vestido de tirantes. Daba el aspecto de una mujer mucho más joven. Su ser irradiaba luz aquella mañana, incluso aquellas pecas en su espalda casi notorias, se hicieron notar aquel día. Estaba feliz.
A los pocos minutos, bajó al comedor Natassia limpiándose la cara y con el cabello enmarañado—Hey ¿Cómo está la pequeña de mami? —preguntó Juliette sonriente y la sostuvo en brazos. —Ay, mi niña, cómo pesas—se quejó y le dio el desayuno.
El teléfono sonó por segunda ocasión y Juliette no dudó en responder. — ¿Hola?
— ¿Juliette?
—La misma, diga...Sí. Ajá... Humm... Está bien, a las 12h00, para el almuerzo. Okey... Hasta entonces.
— ¿Quién era? —preguntó su madre.
—Christine, la esposa de Rob—respondió torciendo el gesto
—Parece que no te agrada...
— ¿Es tan notorio? Pero es mutuo mamá. Yo quiero a Rob y lo sabes. Sin embargo, ella no ha parado de achacarme desde que llegué. Sus miraditas no me gustan nada. Y sabes que conmigo eso no va. A parte, nada me quita de la cabeza, que es ella la que no le permite a Rob hablar conmigo. Por favor, no sé qué le está pasando. Ya de casado deja que lo manipulen.
—Tranquila, cariño ¿Quedarán hoy?
—Así parece, me invitó a almorzar.
—Já, pobre de aquellos que se encuentren almorzando en aquel lugar, les arruinarán la comida—dijo de pronto su padre y todos sonrieron.
Luego de varias horas y de dejar a sus pequeños al cuidado de sus padres, Juliette se dirigió al lugar pactado. Iba tarde, eso de por sí le disgustaría porque antes de colgar la llamada le pidió que sea puntual.
—Hola—saludó.
—Llegas tarde—respondió bajando sus gafas.
—Sí, con 10 minutos. No es nada.
—Para mí es mucho.
—Bueno pues ¿Te gustaría si pedimos algo o prefieres hablar primero? —preguntó Juliette sentándose frente a ella.
—Al grano. He venido hasta aquí para hablar de Rob. Quiero pedirte que te alejes de él, comprende que está casado. Que no estará siempre para ti y que si estás desesperada por encontrar a alguien, el mundo está frente a ti para que buques a cualquier persona menos a él, he tratado todo este tiempo de tratar de conquistarlo, como para que tu llegada lo arruine todo. No me ha sido fácil llegar hasta donde estoy para que una tipa fácil como tú se interponga entre ambos. Es más, por petición de él tuve que acceder a invitarte a nuestra boda, porque de mi parte, no recibías ni la hora.
Juliette, sonrió de lado y levantó una ceja— ¿Terminaste? —preguntó y se acercó a ella—. Mira cariño te voy a aclarar algo. Gracias a Dios, a mí, hombres no me faltan. Así que por ello te puedes ir despreocupando. He sido amiga de Rob desde que tengo memoria, yo no soy responsable de lo que él pueda sentir por mí desde aquel entonces. No me creas una amenaza en tu relación, porque no lo soy, al menos no de mi parte. Es más, no me interesa. Que te quede claro—dijo amenazante y señalándola—es la última vez que me citas a un lugar para pedirme que no me acerque a tu marido o dime tú ¿Esto lo debo tomar como una amenaza? ¿Crees que puedes citarme a un lugar lujoso para pedirme que me aleje de mi mejor amigo para cumplir tus deseos de niña caprichosa? ¿Eh? ¿Lo crees? Ay, por favor, deja de ser tan borde y poco cuerda. He tenido la posibilidad de quedarme con él, aún antes de que tú aparecieras ¿O es que él no te lo ha contado? ¿Qué te hace pensar a ti que aquel aire de superioridad tuyo va a hacerme sentir inferior? No mi amor, ahórrate tus palabras que con quien debes hablar es con él, no conmigo.
—Yo...
—Chist, no quiero escuchar ni una sola palabra más que salga de tu boca, eres como una serpiente y es recomendable que conmigo no te metas. Aparte, tengo hambre y el simple hecho de verte me la quita. Así que si no es molestia, te pido que te retires y me dejes comer tranquila.
Dicho esto y con su dignidad en el suelo, Christine, tomó su bolso y abandonó aquel lugar. Juliette por su lado respiró aliviada y puso los ojos en blanco. Atrajo la mirada de varias personas del lugar, por lo que decidió salir de ahí e ir a almorzar a otro restaurant.
Al terminar de comer y cuando se disponía a pagar su cuenta, el camarero se acerca hasta su mesa y le ofrece una cocacola —Cortesía de la casa—sonrió, y se retiró. Juliette sorprendida, agradeció, salió de aquel lugar y la abrió. Sin embargo se llevó una sorpresa. La cola estaba batida, explotó al instante de destaparla y manchó su ropa. Tomó aire y evitó ir detrás de aquel que se la había ofrecido. Ya había sido suficiente por ese día, se dirigió en busca de su coche, pero al llegar dio un grito ahogado.
—Maldita, sea—susurró y pateó uno de los neumáticos desinflados.
Justo en el momento en el que rodeaba el auto, otro de color negro aumentó la velocidad y pasó por su lado. A ella no le pasó desapercibido, así que se giró para observar de quien se trataba.
—Esto tiene que ser una puta broma—dijo frunciendo el ceño—. Esto es guerra, Gallagher. Te lo aseguro.
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Esperaré por ti
Humor-¿Confías tu nombre a un desconocido y no a mí? -¿Por qué tendría que confiar en ti? - Porque fui yo quien te salvó la vida, niña. Juliette está a punto de cometer un error, pero en el momento menos esperado se encuentra con Nathan, un apuesto model...
