Reencuentro maternal

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— ¡¿QUÉ HICISTE QUÉ?!—preguntó Sean colérico—Eres un maldito bastardo, espetó tomándolo de la camisa para estrellarlo contra la pared, Nathan a su vez sonrió con ironía y amargura, se desplomó en el suelo pero Sean una vez más lo levantó y estrelló contra su cara un puño, provocando así que su labio sangre.

—Soy un...hip...idiota ¿Qué esperabas de mí? ¡¿QUÉ ESPERABAN TODOS DE MI?! –gritó tambaleándose, se desplomó en el suelo llorando como un niño hasta conseguir estar en posición fetal

—Para ya, Sean. Fue suficiente. — Lo detuvo Aarón antes de que cometiera alguna estupidez considerando que Nathan estaba ebrio.

— ¡¿Cómo coño quieres que me tranquilice, eh, Aarón?! ¡Cómo! ¿Es que no lo ven? ¡Ha pasado así por cinco meses seguidos! Yo ya no pienso soportar ni un minuto más sus borracheras ¿Es que acaso no te das cuenta de lo que hizo? ¿Saben ustedes por lo que está pasando Juliette en estos momentos por culpa de éste sujeto?

—Él estuvo apoyándote a ti durante el largo tiempo que estuviste metido en líos con esa banda ¿O es que ya lo olvidaste? —lo defendió Ben—. Te cuidó, te protegió, te ayudó aun cuando ya ninguno de nosotros quiso hacerlo. Lo mínimo que puedes hacer ahora es quedarte callado y ayudarlo a sobrellevar esto ¿Crees tú que él está feliz y por eso se ahoga en alcohol? ¡¿Lo crees?!—se acercó amenazador y lo arrinconó a la pared.

Ian que lo observaba todo, tomó a Nathan del brazo y se dispuso llevarlo a la habitación —Ven colega, levanta ese culo prieto, te daremos un baño. Y ustedes—inquirió señalando a sus tres amigos—. Dejen de comportarse como chiquillos y ayuden, que Nathan hizo mucho por nosotros también, y es el momento menos indicado para sacarnos en cara lo que hemos hecho o no el uno por el otro.

Sean maldijo para sí. Había estado trabajando cuando le llegó una llamada para informarle que Nathan estaba en problemas en un bar y estaban por darle una golpiza. Al llegar a aquel lugar lo vio, se encontraba discutiendo con un hombre musculoso, aún más que el mismo Nathan.

—Eh, amigos. Estoy seguro que esto ha sido un mal entendido...—interrumpió la pelea.

— ¿Tú lo conoces?—preguntó el grandulón—. Es mejor que saques a tu amigo de aquí o lo van a degollar mis navajas.

—No me digas ¿Cuántas tienes? Ja ja—sonrió Nathan bebiéndose un vaso de ron de golpe, justo en el momento en el que el hombre se acercaba, Sean lo tomó del cuello y lo empujó hacia atrás, ganándose un puño no correspondido, se limpió la sangre de la barbilla y contratacó, justo antes de que se armara una pelea entre ambos, los guardias de seguridad entraron y los separaron. Pasado varios minutos, ambos amigos se dirigían a casa, Sean aguantando unas inmensas ganas de detener el auto y golpear a un adormitado Nathan.

—La... La he cagado—rompió de pronto el silencio.

—Sí Nathan, la has liado como en estos últimos cinco meses y ya no quieren dejarte entrar a ningún bar gracias a las innumerables peleas que has iniciado.

—Es sobre... Yo no quería... No quise... Pero luego... hip... y esto... y me consumió la rabia por ese maldito cabrón y no tuve otra opción—gimoteó.

—No te entiendo Nathan, intenta hablarme claro—dijo deteniéndose frente a un semáforo.

—Es Juliette... Ella...Nunca pensé enamorarme así de ella... Y hoy la he cagado y la embarré toda... Le...Le pedí el divorcio y ella firmó—soltó de pronto—. Ella está embarazada y... y yo creí que aquel bebé era de ese infeliz... Pero ella se puso histérica, hizo ese movimiento—empezó a imitarla sin parar de gimotear—. Y me gritó que no era uno, sino dos... Está esperando... dos hijos de éste individuo—se señaló a sí mismo.

Esperaré por tiHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora