Al despertar

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Veinte minutos después, Nathan sigue luchando con la puerta para que me baje del coche, pero no lo consigue.

- ¡De aquí no me bajo hasta que no me dejes donde te lo he pedido! Así que mejor es que regreses y pongas en marcha tu cosa o lo hago yo sola. Observo que pasa las manos por su cabellera, bien es buena señal, le hago perder la paciencia y no a tardar en regresar.

Me equivoco, el muy mandón se va y me deja ahí. Entonces en un suspiro digo:

-Prometo que nunca más volveré a cometer la burrada que quise hacer. Quitarme la vida.

Debí haberle dado las gracias pero no estoy de humor, en estos momentos necesito un buen baño y algo de ropa, pero me niego a bajarme del puñetero coche.

Noto que dan golpecitos en el vidrio. Me he quedado dormida. Veo la hora en mi móvil, tres de la madrugada. ¡Mi móvil! Por qué no lo pensé antes, pero al mirarlo, vaya sorpresa, sin cobertura, entonces veo que quien golpeó la puerta fue Nathan, me quedo esperando a ver qué quiere, pero que ni crea que le abriré la puerta, que entre él aunque muera de sed, de hambre y de frío, de ahí no me muevo ni a patadas.

A los dos minutos veo que se abre la puerta del piloto, es él, así que dándole la espalda me giro hacia el otro lado.

- ¿Así es como le pagas al que te salvó la vida?

-Anda sabiendo que no me has hecho ningún favor.

-Que refunfuñona eres. Entra, ahí te espera agua tibia, mañana prometo dejarte donde quieras, pero por ahora sube.

¿Dónde ha quedado su lado duro? Aunque esté siendo simpático, no me volteo y me quedo ahí, no diré nada.

De repente se me pasan los recuerdos de la discusión en casa, no lo soporto, tengo que hablar con alguien sobre ello, pero no hay nadie, no he puesto un pie en casa y de seguro lo que me espera allí no es nada bueno, pero me niego a ponerme llorosa por eso, así que cierro los ojos despejando todo lo que tengo ahí.

A la mañana siguiente me veo en una cama, sin zapatos y con un camisón de hombre. La madre que me parió. ¿Dónde estoy? Mala costumbre mía la de quedarme dormida en un cerrar de ojos, maldigo para mis adentros y me tapo con las almohadas de quién sabe quién. Pero escucho que alguien hace un gesto de tos, como interrumpiendo algo, al levantar la almohada de un lado, me doy cuenta que ahí está él ¿En qué momento me bajó del auto? ¿Cómo se atreve a traerme acá? Y todavía me encuentro en una cama. Vuelvo a taparme con la almohada y no le pregunto nada, dejo que mis pensamientos se aclaren.

¡Camisón de hombre! Ay Dios, me levanto de golpe y me empiezo a tocar cuando alguien me interrumpe.

-Descuida, no he hecho nada y en cuanto al camisón tendrás que devolverlo. Limpio.

-Quiero mi ropa, en este instante me largo de aquí. -sin más que decir intento salir, pero me bloquea sin darme paso a salir, su estatura le facilita a bloquearme el paso, así que luchar es imposible.

-Deja de hacer escándalos a esta hora de la mañana, aquí todos están durmiendo. Es Domingo y tu ropa está lavada, le he pedido a Luz que me eche una mano, así que vete tranquilizando ¿Ves esa cinta que está en el buró?-asiento y dejo que continúe-. No me obligues a usarla en tu linda boquita, lo único que me has traído son problemas.

- ¡Serás capullo! Escucha guapuras la que va a usar esa cinta voy a ser yo, embalándote a ti si sigues amenazándome. -Lo histérica de mí está a punto de salir-. Hazme el favor de devolverme mi ropa, y de llevarme donde te lo he pedido y antes de que sigas, es cierto no es casa de mis padres y... Gracias por salvarme la vida. -Pero al detenerme doy cuenta de que he bajado la voz-. Lo siento si me he pasado. -Me disculpo, mientras me dejo caer en la cama, la verdad es que no me va bien hablar de lo ocurrido en casa, de seguro me he de poner a chillar, en cuanto diga algo.

-Vale iré a por tu ropa, ve a darte una ducha, el baño está por ahí. En cuanto acabes te dejo a donde me lo has pedido -dice saliendo de la habitación.

Esperaré por tiHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora