¿Para qué esperar?

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Al llegar a la iglesia, todos estaban ahí, prensa, colegas y familiares. Miré a todos los que estaban ahí y sentí que yo no era parte de ellos, que nada de eso era para mí, que yo no debería estar ahí. En el altar logré distinguir a Leonardo, mi padre se colocó a mi lado y caminó conmigo hasta llagar junto a él.

Me quedé quieta y miré hacia atrás, todos me observaban detenidamente. Estaba decidida.

Me quité el velo y le pasé a mi madre el ramo de rosa.

Subí un escalón en el altar y me disculpé primeramente con Leonardo y luego con el sacerdote, por último me dirigí hacia todos.

—Disculparán todos, pero yo no puedo casarme. Estoy comprometida con la persona que amo. Ésta no es la vida que quiero para mí. Estoy segura de que todos los que tienen hijas y desean lo mejor para ellas, me entenderán. Casarse  no es un juego, es la decisión más importante que se puede tomar, pero esta no es mi decisión. Yo no decidí estar parada aquí con alguien a quien no amo—sin darme cuenta las lágrimas empezaron a salir de mis ojos, pero seguí hablando—. Dejen que tomen sus propias decisiones y no pierdan nunca el cariño de sus hijos, porque cuando los pierdan se darán cuenta de la falta que les harán tenerlos a su lado.

Dicho esto, agarré mi vestido y salí corriendo de la iglesia, estaba dispuesta a ir por la persona a la que le pertenecía mi corazón. Tomé un taxi y le dije al chófer que se dirija a la dirección de Nathan. Me había aprendido el nombre de la ciudadela en la que vivía y con eso pude llegar.  

Cuando llegué encontré a todos allí, recordé que era sábado, pero no importaba.

El portal estaba abierto y me encontré con Máximus, le acaricié la cabeza y él movió la cola, me dirigí a la casa y entré sin hacer ruido. Me encontré con Luz y la abracé fuerte.

—No quiere hablar con nadie y últimamente se amarga con facilidad.

Asentí y me dirigí al patio. Ahí estaba él, con un vaso de whisky en la mano y arrimado a un pilar. Todos me miraron y dejaron de hacer lo que estaban haciendo. Aarón tocó su hombro y se giró.

— ¿Para qué esperar? Estoy aquí, es aquí donde quiero estar, eres tú con quien soy feliz y eres tú con quien quiero compartir el resto de mis días—dije observándolo con lágrimas en los ojos.

Corrí a abrazarlo, él me levantó del suelo y me giró, sonreí y cuando me dejó en el suelo las tripas se me volvieron a contraer y corrí hacia un tacho de basura.

— ¡Está embarazada! —gritó Aarón.

Le di una mirada asesina y se calló de inmediato, todos soltaron una carcajada y  vi cómo Nathan se acercaba a mí.

— ¿Es cierto? —preguntó emocionado.

—Ya has escuchado al bocazas—dije tocando mi vientre—. Llevo un Gallagher en mi vientre.

Me tomó de la cintura delicadamente y me besó.

Esperaré por tiHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora