Decisiones inesperadas

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                                                                                  Para Alisson, que cuando mis ideas comienzan a agotarse de alguna extraña manera me ayuda a sentirme inspirada, a continuar y a no matar a los personajes. ¡Espero que te guste! Con cariño, Kath.



  Juliette no podrá olvidar nunca aquellos ojos cansados y brillosos de llanto. Nunca lo había visto así. Había pasado mucho tiempo desde la última vez que habían hablado y compartido de esa manera. Se habían perdido esa etapa de ver nacer y crecer a su nieta, lo que probablemente sería un regalo para cualquier abuelo e hija.
Aquellas arrugas, resultados de experiencias y cansancio, aquellos párpados que denotaban una mirada triste y cansada ¿Qué había sido de aquella pelirroja interesada por el mundo exterior en todo ese tiempo?
Aquella revoltosa que hizo muchas veces citar a sus padres en el colegio por sus travesuras y peleas.
Aquella niña de trenzas y pecas casi notorias que amaba correr cada fin de semana por todo el jardín para sentirse libre y olvidar por un momento la rutina.
Aquella niña que no estaba de acuerdo con las normas que le imponían y que regían su hogar.
Aquella niña que siempre creyó en el amor, en las cartas, en las rosas, en los chocolates y en todos aquellos amores a la antigua ¿Cómo había sido posible que aquel sentimiento de querer ser amada se desarrollara en ella aun cuando nadie de su familia se lo haya inculcado?
Esa pequeña pelirroja sonriente, con un toque de dulzura desprendía felicidad a donde quiera que fuera. Su sonrisa color carmín despertaba el interés de cualquier persona, fuera ésta hombre o mujer. Su ímpetu y deseo por cambiar aquello que no es correcto nunca desapareció en ella. Y si al menos no podía cambiarlo, ella misma se encargaría de que en su vida las cosas no se dieran del mismo modo.
Aquella niña que trepaba árboles, se raspaba las rodillas y tragaba su dolor con un grito ahogado para sí, que incluso, cuando le preguntaban si estaba bien, con gesto serio respondía ''Estoy bien, pudo haber sido peor''.
Aquella niña pelirroja que adoraba saltar, cantar, reír y jugar, no era como cualquier niña de su edad. Se comportaba de una manera distinta, de una manera no muy peculiar. Aquella niña fue creciendo.
Sí, así es. Esa pequeña pelirroja había crecido, pero para él sigue y seguirá siendo su pequeña. Recordó aquella primera vez, cuando en una mañana de Mayo, escuchó su primer llanto en aquella sala de hospital. Cuando la tuvo entre sus brazos, perdió la noción del tiempo y olvidó del mundo entero. Su esposa había sido fuerte y valiente. Sí, no podría tener más hijos, lo sabían, pero en ese momento sólo importaba aquella pequeña que tenía entre sus brazos.
No pudo gesticular palabra alguna al ver a aquellos dos seres que tenía en frente, un nudo en su garganta se lo impidió, aquel nudo interminable de emociones no se lo permitió. De pronto se vio rodeado por aquellos brazos delgados que hace mucho se habían negado a abrazarlo ¿Por qué la había alejado? ¿Por qué no la escuchó? No fue necesario hablar para saber que aquel abrazo significaba mucho más de lo que cualquier persona podría imaginar. Aquellos parpados cansados se cerraron permitiendo dar acceso a lágrimas silenciosas, lágrimas que no había sido capaz de demostrar ante nadie más que él mismo. La abrazó como si no existiría un mañana, como si no hubiera pasado el tiempo. Se aferró a aquel abrazo como un niño, y esta vez no se permitiría perderla. Esta vez lucharía para permanecer a su lado, hasta lo que le quedara de vida.  



Varias semanas después

—Jul, te llamaba porque me gustaría invitarte a cenar esta noche, hace mucho que no sé de ti desde que te regresaste a vivir con tus padres—sonrió mordiendo una manzana.

Esperaré por tiHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora