Juego de Ases

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Dos horas después la mayoría de invitados se había retirado, a excepción de los amigos de Nathan que nos habían defendido la otra noche.

—Es hora de arreglar todo este desorden—propuse.

—Pero si eso es tarea de las mujeres—respondió Ian frunciendo el ceño.

—Por eso, a trabajar ¿Dónde están las escobas?—le pregunté a Nathan, mientras Ian abre las manos de manera interrogante.

Me retiré al lugar donde se encontraban las escobas y al cabo de un rato estaba de regreso en el salón, a Ian y a Ben les di una escoba, a Aarón le di una cubeta y un trapeador, a Sean le pedí que recogiera los trastes.

—Joder Nathan ¿De dónde la sacaste? Tus demás novias no movían ni un dedo—protestó Sean.

Solté una carcajada

—Apuesto a que eran princesitas sin gracia, pijas, aburridas y con un pésimo sentido del humor que sólo pasaban haciendo morritos por aquí, morritos por allá creyendo ser una fiera mimada esperando a que la consientan y como estamos en una época en donde la sumisión es la orden del día, me sorprendería lo que harían para tenerlas a sus pies.

No me di cuenta en qué momento había empezado a agitar mis manos, levanté la cabeza y encontré a todos mirándome detenidamente ¿Me habré pasado? Pero si todo lo que dije es cierto.

— ¡Las describió perfecto!—soltó Aarón mientras Ben soltaba una carcajada— ¿Acostumbras a hacer esos movimientos con la manos—dijo tratando de imitarme.

—Eso amigo mío, no es nada comparado para lo que yo he tenido que soportar—sonríe Nathan.

—No te rías mucho porque tú y yo nos encargaremos de la cocina—le dije a Nathan con aire victorioso, pero todo eso se acabó cuando al entrar al cocina me encontré con todos esos cerros de platos.

Creí que nunca íbamos a terminar, pero al final Nathan lo terminó haciendo todo por mí

—Eh chicos ¿Jugamos? Dijo Ian con una cajetilla de naipes en la mano, sonreí, me encantaba jugar naipes con mi padre, aunque últimamente no lo hacíamos seguido.

—Pongan sus apuestas señores, porque estoy dentro—dije levantándome del sofá.

—La tendrás difícil, porque el que mejor juega aquí es Nathan ¿Te atreves?

Sus últimas palabras resonaron en mi cabeza, sonreí por dentro. Había sido bien preparada por mi padre. Vaya, tendía que agradecerle en algo porque me hizo ganar la partida.

—Tranquila cariño, la próxima será—dijo Nathan sonriendo con picardía mientras aflojaba cuatro reyes sobre la mesa.

—No está nada mal—respondo mientras arrojo mi juego de Ases, le sonrío y le guiño un ojo.

— ¡Cuatro Ases! Joder, ella es buena, la quiero—soltó Aarón.

—Consíguete una Aarón, es mía.

—Eh, que estoy aquí—dije levantando las manos—. Parecen perros peleándose por su presa, díganme ¿Cómo es que siguen aquí a estas horas?—pregunté dirigiéndome a la refrigeradora para abrir una lata de cerveza, al girarme me encontré con la mirada de todos menos con la de Nathan.

—No le has dicho nada ¿Verdad?—preguntó Ben mirando a Nathan.

— ¿Decirme qué?—pregunté confundida.

—Que nosotros vivimos aquí—me respondió Sean, sonreí con amargura y lo vi a Nathan.

—No, no sabía nada. Aparte no estaré mucho tiempo aquí, no tiene porqué contarme sobre su vida, hasta mañana chicos—dije levantando mi lata de cerveza y dando media vuelta me dirigí a la habitación donde me he estado quedando a dormir. Antes de entrar en la habitación recordé que no tenía ropa para dormir, así que retrocedí hasta la habitación del amargado y tomé un camisón, volví a la otra habitación y me encerré en el baño. ¿Cómo puedo ser así de imbécil? Bebí haberme ido ese mismo día luego de que el bailarín me haya dejado aquí esta mañana, pero es que claro yo soy yo y no pude negarme a la petición de Nathan, me encariñé con su familia y hasta me piden nietecitos, abrí la ducha pero antes de empezar a quitarme la ropa le puse pestillo a la puerta, no quería que venga ningún grandote ojos azules a seducirme. Ay Dios, ya me he vuelto paranoica. Arrimé la cabeza en la pared de cerámica, mientras sentía como el agua corría por mi espalda, pensé en todo lo que ha sucedido desde que conocí a Nathan, todos deben seguir buscándome, he roto todas las reglas, sonreí al pensar en ello. Las reglas se han hecho para romperlas.

Esperaré por tiHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora