Una vida normal

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Alessandro cerró la llamada y se dirigió hacia donde estaba Juliette. — ¿Quieres escuchar una linda historia, princesa? —preguntó acercándose a ella llevando a rastras una silla, la giró y el respaldar de ésta quedó en su pecho, estiró la mano y le quitó la cinta de la boca.

—Púdrete, imbécil — vociferó Juliette y luego escupió, éste estalló la palma de su mano contra la mejilla de Juliette haciendo que gire su cabeza, sus ojos empezaron a llenarse de lágrimas ¿Qué había hecho ella para merecer todo eso? Vio a uno de los secuaces juguetear con su pequeña y se le encogió el corazón. Se suponía que todo iba de maravilla, ya se había acabado su peor tormento, su familia ¿Por qué de pronto estaba todo tan jodido?

—Cállate perra, mejor es que cooperes, porque le va ir muy mal a tu pequeña ¿Sabías que Nathan iba a tener un hijo de mi hermana? —Preguntó, ella no levantó la mirada, éste se acercó a paso rápido, la tomó de la cabellera y le levantó la cabeza—. Apuesto mi vida a que no lo sabías. Pero yo te lo voy a contar, hace varios años tu querido esposo conoció a mi hermana, le juró amor eterno y ella se fue con él, nuestra familia ya había escuchado sobre la familia de él, no era un mal partido, era un tipo con dinero y a mis padres eso les bastaba, viejos chapados a la antigua, con un historial no muy bueno, nos iban a visitar de vez en cuando. Para ese entonces yo me llevaba de maravilla con ese desgraciado, competíamos juntos en carreras, siempre me ganaba pero le pedía revancha. Aún recuerdo cómo se conocieron, un día decidí llevar a Celine a las carreras y ella terminó encantada, desde ahí iba muy seguido hasta que le tocó competir con él, yo veía cierto interés por parte de él en ella, pero nunca me imaginé que llegarían a tanto. Abandonaron la carrera y huyeron, claro que después de varios días aparecieron, ella pasó a recoger su ropa y él habló con nuestros padres, sin embargo, yo nunca me comí el cuento de su gran amor, luego de varios meses nos llegaron noticias de que estaba embarazada, pasé a buscarla en este lugar — abrió sus manos señalando la cabaña donde se encontraban—. Aquí vivían ambos, su morada de amor, cuando me dieron la noticia de que estaba embarazada, vine a buscar a mi hermanita para felicitarla, pero me encontré la casa vacía, sin nada, no volví a tener noticias suyas — se levantó y sacó de su bolsillo un cuchillo mediano, se acercó a ella y acarició su cuello con el filo del mismo hasta llegar a sus pechos—. Hasta que nos llegó una carta de ella, se despedía de nosotros porque su embarazo era riesgoso y no sabía cuáles serían los resultados — de pronto se le tornó la vista y quedó mirando a la nada, luego volvió en sí recordando a quién tenía en frente—. Sí, ella murió y el bebé también, no pudimos verla, no pude despedirme de ella como se debía y ahora mira, tú estás ocupando su lugar, estoy seguro de que ése imbécil no le dio el lugar que se merecía, sin embargo, se casó contigo...

Cortó la blusa de Juliette y esta cayó al piso, ella después de haber escuchado todo aquello quiso morir, todo este tiempo había estado tan ciega, nunca se imaginó si quiera Qué era lo que ocultaba su esposo, lágrimas empezaron a salir de sus ojos en cuanto sintió a Alessandro besar su cuello, la levantó de la silla y la llevó a la fuerza sobre la mesa mientras se removía inquieta.

—Eres un bastado ¡Suéltame! —gritó llorando—. Suéltame porque lo vas a lamentar..

—Llévate a la mocosa — ordenó a su secuaz—. Su mami y yo tenemos asuntos pendientes.

La giró a Juliette de espaldas mientras pataleaba y empezó a oler su cabello luego repasó una vez más el filo del cuchillo por su espalda y volvió a girarla quedando frente a frente, Juliette aprovechó para darle un cabezazo y correr, Alessandro se quejó de dolor mientras la perseguía y fue más rápido que ella, la atrapó antes de que llegara a la puerta y volvió a darle una cachetada, la arrimó a la pared, le hizo un pequeño corte sobre uno de sus pechos, pero cuando estuvo a punto de proceder se escucharon varios disparos, maldijo para sus adentros, la tomó del cuello y colocó el cuchillo en el mismo para salir y enfrentar lo que era imaginable, al salir se encontró con quien tan bien conocía y tanto desprecio se había ganado por su parte, dos de sus secuaces yacían muertos en la entrada, eran quienes vigilaban, mientras que el otro tenía una postura amenazante, portaba un arma en su mano y con la otra cargaba a la pequeña Natassia.

Esperaré por tiHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora