Capitulo 58 Parte 2:Dónde esta Elliot

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Avery

Estaba enojada. No con los muertos que ya no volverían. Estaba enojada con esa pelirroja estúpida por haberme golpeado, por haberse atrevido a tocarme como si supiera lo que estaba haciendo. Pero el enojo no duró mucho. Fue reemplazado por esa sensación amarga que se instala en el pecho cuando sabes que algo va mal, muy mal, pero no puedes comprobarlo todavía.

Cuando vi a Thomas y Mattheo marcharse con los Salvadores hacia Alexandria, supe que no lo hacían por lealtad ni por obedecer órdenes. Lo hacían porque en ese lugar estaba Elliot... y Lucien. Porque Thomas, aunque fingiera que nada le dolía, llevaba la preocupación metida hasta los huesos por su hermano. Aunque Lucien pareciera odiarlo, Thomas solo podía mirarlo como al niño que alguna vez protegió, al que alguna vez sostuvo en brazos. Y Mattheo... Mattheo había perdido todo. Era obvio que se aferraba a lo poco que quedaba de Elliot como si eso pudiera detener el derrumbe de su mundo.

Y Elliot... bueno, por más que nunca nos llevamos bien del todo, era uno de los nuestros. Lo entendí demasiado tarde, tal vez. Pero lo era. En este mundo, uno no escoge a su gente. La vida te los impone, y al final, si te hacen reír o te cubren en una pelea, se ganan su lugar. Él lo hizo. Lo odiaba a veces, me sacaba de quicio, pero era parte del último pedazo de familia que tenía.

Cuando regresaron los Salvadores, sin Thomas, sin Mattheo, sin Lucien, sin Elliot... el silencio fue como un presagio. Me miraron sin decir nada. Como si lo supiera ya. Como si todos supiéramos. Y lo peor no fue el silencio. Fue ver cómo esos niños-los que Lucien protegía-preguntaban por él. Cómo buscaban su rostro en cada sombra. Y no podía decirles nada. No sabía si estaban vivos o muertos. Solo sabía que no estaban. Y que Negan... Negan no parecía importarle. Ni un gesto, ni una palabra sobre ellos. Como si no fueran nada.

¿Y qué esperaba? Que al menos fingiera. Que al menos dijera que los buscaría.

Pero solo se encogió de hombros y siguió hablando de estrategias, de movimientos, de muertes necesarias. A veces lo odio. Y otras veces, peor aún, me convence.

Talvez porque en el fondo creía que no era tan malo era un horrible papá ahora pero hubo un momento donde no era así no hace mucho el mundo lo que es ahora lo hizo cambiar

Porque este mundo funciona así. Ganas o mueres. Obedeces o te aplastan.

Esto comenzó por venganza. Por los nuestros. Porque los de Alexandria mataron a gente que también tenía una historia. Personas que también eran amadas. Siempre se olvidan de eso. Siempre. Creen que solo ellos sufren, solo ellos pierden, solo ellos entierran a sus muertos. Pero nosotros también lo hicimos. Y cada vez que uno de ellos muere, duele... pero también da rabia. Porque esto se convirtió en una guerra sin fin, una competencia absurda de quién pierde menos.

Ya no sé si estamos vivos por un propósito o simplemente porque hemos sido los suficientemente afortunados-o desgraciados-para sobrevivir a otro día. Porque la muerte nos sigue, como una sombra. Nos respira en la nuca y se burla de nosotros cada vez que alguien más cae.

Y a veces... pienso que lo único que hacemos es esperar. Esperar el siguiente golpe, la siguiente pérdida, el siguiente grito.
Esperar a ser los próximos.

Todo comienzo tiene un final y muy pronto nos tocaría el final a los Salvadores o a los de Alexandria nada es eterno ni siquiera la vida

Todo comienzo tiene un final y muy pronto nos tocaría el final a los Salvadores o a los de Alexandria nada es eterno ni siquiera la vida

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Love in the ApocalypseHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora